
Diego Fernández de Cevallos, panista que fue legislador y candidato a la Presidencia, ha decidido abrirse de capa ante el mundo político en una entrevista con este semanario, con el cual tuvo muchas diferencias –esas que, sostiene, ya quedaron atrás. Como nunca, hoy habla de su vida personalísima, de sus encontronazos con la artillería del poder; permite ser cuestionado respecto de su riqueza y, aun, de su secuestro, y él mismo pasa revista a la clase política de las últimas tres décadas: Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto, López Obrador y Anaya, ninguno de los cuales se libra de sus implacables juicios
Álvaro Delgado / Agencia Proceso
Foto: Archivo-Agencia Reforma
Ciudad de México. “Yo estoy ya de salida, no tengo por qué andar cuidando moditos ni formas con nadie”, advierte Diego Fernández de Cevallos en un momento de la amplia entrevista concedida a Proceso, medio que ha registrado críticamente su biografía como candidato, legislador y litigante.
Vehemente, El Jefe Diego disecciona la política de México, la actual y la que él mismo ha protagonizado desde 1988. No esquiva temas: airea su amistad con Salinas, evalúa a Enrique Peña Nieto, enjuicia a Vicente Fox y a Felipe Calderón, respalda y critica a Ricardo Anaya, alerta sobre Andrés Manuel López Obrador y habla de su fortuna y de su intensa vida política.
De Peña Nieto pondera positivas sus reformas, pero añade que su saldo es oprobioso en corrupción, violencia y pobreza… un gobierno de contrastes. Calderón, su correligionario, es desleal al PAN, afirma: su comportamiento es “absolutamente deleznable”. De Fox, en quien nunca creyó, dice: “Es un hombre que está mal de la cabeza”.
A Ricardo Anaya, el candidato presidencial de su partido en alianza con el PRD, le critica no hacer política para ser incluyente, pero lo ve dotado de inteligencia, capacidad de trabajo, formación y cultura.
Y despotrica contra López Obrador: “Es un enfermo mental, un corrupto y un bribón de tiempo completo. Jamás voy a aceptarlo como el presidente que merece México”.
Reconoce que le dio dinero al empresario Carlos Ahumada a cambio de los videos de René Bejarano, y niega que se haya echado “para atrás” en las elecciones de 1994; lo que ocurrió, afirma, es que Salinas activó el aparato a favor de Ernesto Zedillo.
Asegura que corrió de su despacho a Emilio Chuayffet, secretario de Gobernación de Zedillo, por propalar la “infamia” de que Salinas le había regalado los terrenos de Punta Diamante; y cuenta que le mentó la madre a Emilio Azcárraga Milmo, el fallecido dueño de Televisa, por sabotear su campaña presidencial.
También narra que en 2006 desactivó una “felonía” de Fox contra López Obrador y que Luisa María Calderón, al tiempo que lo acusaba de traficar influencias en el Senado, le pedía favores.
Militante del PAN desde los 17 años, cuando Luis H. Álvarez era candidato panista a la Presidencia, Fernández de Cevallos se ufana de haber nacido prácticamente al mismo tiempo que su partido. Él, en 1941 y el partido, en septiembre de 1939.
Coordinador de la diputación panista en el segundo trienio de Salinas, a quien Acción Nacional acusó de haber ganado la Presidencia mediante un fraude, Fernández de Cevallos convenció al presidente del PAN, Luis H. Álvarez, de quemar las boletas electorales que hubieran probado dicho fraude. Y sigue pensando que fue lo correcto.
“Tengo muchas cosas de qué arrepentirme, porque he cometido muchos errores, pero no tengo nada de qué avergonzarme. No he sido instrumento de nadie para dañar a nadie. He dado la cara toda mi vida, de acuerdo a mis convicciones. ¿Errores? Sí, por supuesto. Las diferencias que haya tenido con Proceso, ¿fueron culpa de Proceso, culpa mía o culpa de ambos? Habría que analizarlo. Por mi parte, rectifico.”
Dueño de “muchos ranchos”, el panista ha sido un hombre rico que se ufana de su fortuna, aun después de pagar el rescate de su secuestro, hace ocho años: “Nunca he hecho declaración de bienes. Nunca. Yo he hecho ostentación de bienes, porque nada me he robado”.
–¿Le duele que lo asocien al tráfico de influencias y a la corrupción?
–No. Es el precio que se tiene que pagar en un país donde el que acusa no tiene obligación de presentar pruebas.
Calderón, la deslealtad
Litigante que inició su carrera en el despacho de Manuel Gómez Morín, el fundador del PAN, Fernández de Cevallos afirma que nunca ha vivido de la política y esa, dice, es su ventaja ante quienes sí viven de ella e incurren en conflictos de interés… como la familia Calderón.
“¿Qué dijo la señora Margarita Zavala hace dos años? Yo voy a ir en la boleta electoral, dentro de Acción Nacional o fuera del partido. ¡Lo dijo y era militante de un partido! ¿No hay ahí conflicto de interés? Cuando el ex presidente Calderón está apoyando a su señora, ¿hay o no un conflicto de interés?”
Y platica que su entonces compañera senadora, Luisa María Calderón, hermana de Felipe, promovió en 2003 una iniciativa para combatir el conflicto de intereses y la llamó “Ley Diego”, pues él era litigante al mismo tiempo que legislador. “Curiosamente cuando senadores del PRD, del PRI y del PAN criticaban mi trabajo como abogado, los mismos promotores de esa ley anti-Diego me estaban pidiendo defensa jurídica de asuntos personales y familiares”.
Sobre Felipe Calderón y sus críticas a Anaya y al actual presidente del PAN, Damián Zepeda, opina: “Este comportamiento me parece absolutamente deleznable por varias razones: por esa ingratitud que tiene para el partido que le dio todo y porque el cuento de que (el PAN) ya no es el mismo, no es suficiente. Que él se saliera de Acción Nacional (estaría) perfectamente justificado, pero que ahora apedree el tejado de la casa que lo albergó toda su vida, no me parece honorable.
Sobre Fox, quien llegó a la presidencia gracias al PAN, del que renegó para apoyar ahora al PRI, es más crítico aún: “(Es) de dar pena. Un tipo que despertó tanto entusiasmo, que logró un cambio tan importante para dejar atrás todo un sistema hegemónico, que abrió las puertas de la alternancia, que después desbarró en muchos aspectos. Es verdaderamente penoso.
AMLO, “el mismo de siempre”
Fernández de Cevallos se ufana de que el PAN “está salvando cara e imagen dentro de un contexto muy complicado y muy turbio de la política en general”, sin ignorar que también se ha ensuciado de corrupción.
Y, dice, en todos hay conflictos, como en el PRI que son soterrados; y en Morena domina López Obrador. “Todos entregados a la divinidad”.
–¿Ya evolucionó?
–¡Por supuesto que no! Es el mismo de siempre. Está agazapado. Es un falsario de tiempo completo y, por supuesto, es un tipo sin honor, sinvergüenza en toda la extensión de la palabra. Corrupto. Lo que pasa, mañoso, es que le juega al pobrecito.
–¿Por qué corrupto?
–Porque todo su comportamiento es de estafa. Con un solo elemento lo digo: si todos los que están con la mafia son bienvenidos con tal de que se le entreguen a él, es un acto de corrupción política. No tenemos precedentes así. Este señor igual condena con la ira de Dios que perdona con la bondad de Dios. ¡Eso no puede ser! Es un enfermo mental, un corrupto y es un bribón de tiempo completo.
Peña Nieto, saldo oprobioso
Fernández de Cevallos defiende su amistad con Peña Nieto, una que viene desde que era gobernador del Estado de México –amistad criticada por los panistas–, pero eso no implica que avale su gobierno.
Y aunque aplaude las reformas peñistas que para él son clave para el destino del país, contrasta: “Su paso por la política, como gobernador y como presidente, deja un saldo impresentable, oprobioso, en el ámbito de la corrupción, de la impunidad, de la violencia y por supuesto de la pobreza”.
–¿Él, siendo jefe de Estado, es corrupto?
–¡No! ¡Momento! Yo no voy a decir quién es bueno y quién es malo, porque no soy López Obrador. Hay unos aspectos de altísimo valor, en otros aspectos es oprobioso, impresentable, indigno de cualquier gobierno dejar estos saldos. Mas no puedo decir que la corrupción, que la pobreza, la violencia estén a cargo o a favor de una sola persona.
–¿Peña, para usted, es un hombre honesto?
–Yo digo el saldo que tiene positivo y el saldo que tiene impresentable. Saca la conclusión que quieras.
Y compara: “Es lo mismo que Salinas. Exactamente el mismo modelo de Salinas como presidente, con todas sus diferencias personales y de tiempo. Salinas fue un gran presidente de México en muchos aspectos y en otros… está su comportamiento en la elección de 1994”.
Y es que Fernández de Cevallos ha sido visto con desconfianza desde esa elección, cuando, tras resultar victorioso en el debate ante Zedillo y Cárdenas, se dijo que “desapareció” y eso se atribuyó a su relación con Salinas. Hasta Fox, en su libro A Los Pinos, escribió: “A la mera hora, se echó para atrás”.
Trae consigo y exhibe un ejemplar de la edición 1250 de Proceso, del 14 de octubre de 2000, con una entrevista de Rafael Rodríguez Castañeda con Carlos Salinas.
“Aquí está, en voz del ex presidente, para que no haya la menor duda”, dice al citar que Salinas de Gortari admitió ser el orquestador de la campaña del PRI, tras el asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio.
–Si Salinas le hizo fraude, ¿por qué es su amigo?
–Yo soy un hombre muy apasionado en el trato con todos los seres humanos y no guardo rencores para con nadie. Si no dialogo con López es porque él no quiere. ¿Por qué puedo tratar a Cárdenas con gran afecto y reconocimiento? Porque yo no soy el juez de la conducta. Yo puedo decir lo que hizo Salinas con mi campaña y eso no quita que sea un tipo brillante y que haya hecho muchas cosas positivas para México. Yo privilegio el trato humano, pero eso no significa ser tapadera o entrar en componendas.
Chuayffet, “bribón y cobarde”
Fernández de Cevallos fue acusado por Santiago Oñate y Roberto Campa Cifrián, presidentes del PRI nacional y del capitalino, respectivamente, de haber recibido como regalo de Salinas unos terrenos en Punta Diamante, Guerrero. Ya era presidente Zedillo.
Como sabía que ambos priistas no se mandaban solos, buscó al secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, quien se ofreció a ir a su despacho de Lomas Virreyes.
“–No le demos muchas vueltas: yo no le voy a cobrar la cuenta a este par de imbéciles. Esta cuenta me la paga el presidente Zedillo. O los calla, porque me están difamando a la mala, o se atiene a las consecuencias.”
Chuayffet prometió que vería el asunto, pero una semana después volvió al despacho de Fernández de Cevallos para reiterarle que el gobierno nada tenía que ver. Y en una tercera conversación, el panista le ratificó: “Dile a ese hijo de puta de Zedillo que la cuenta se la voy a cobrar a él”.
Y sí: exhibió en televisión a Zedillo como dueño de un departamento en Acapulco con una deuda de predial de tres años. Pero Chuayffet, también por televisión, lo acusó de mentir y aseguró que el presidente no era el propietario.
“Como a los 15 días del escándalo fue Emilio a mi despacho a ofrecerme una disculpa y a decirme que en realidad lo que él había dicho en la televisión fue porque había sido obligado por el presidente.
“Le dije: ‘Además de todo, bribón y cobarde’. Y saqué de mi despacho al secretario de Gobernación, amenazándolo con sacarlo a golpes. Esa es la historia de Punta Diamante.”
En defensa de AMLO
En 2003 Fernández de Cevallos fue clave para la difusión de los videos de Carlos Ahumada que exhibían al diputado local René Bejarano, ex secretario particular de López Obrador, recibiendo dinero. Pero lo hizo, dice, porque era un asunto de interés público, no por órdenes de Salinas.
Y habla de un episodio desconocido hasta ahora: desde Los Pinos se tramó, unos días antes de la elección de 2006, una maniobra para afectar a López Obrador con declaraciones de su ex secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, encarcelado por fraude, peculado y enriquecimiento ilícito.
Entonces intervino: “Me crucé para que no se hiciera ese trámite contra López Obrador. Era una sinvergüenzada, era un abuso de poder. Lo detuve y eso les consta a Ebrard y a varios de sus amigos. ¿En favor de qué? Sí, de López Obrador, pero fundamentalmente de la justicia. Porque hay cosas que en la política no se deben permitir”.
–¿Quién tramó eso?
–El gobierno federal de ese tiempo.
Anaya, la ambición
No oculta su simpatía por Anaya, pero aclara que su comportamiento “tiene aristas que no comparto”.
–¿Cuáles?
–La primera, que abarca todas: la falta de trabajo político para conciliar. Más bien ha sido una actitud, no sólo de él sino de su grupo, demasiado cerrada para decir “voy y voy para adelante.”
Lo describe: “Un hombre de verdad excepcional en determinadas características. Su inteligencia, su capacidad de trabajo, su formación personal, su cultura y su capacidad para comunicar me parecen espléndidas, un tipo verdaderamente brillante, inteligente, competente, echado para adelante y que no se detiene ante ninguna agresión y ninguna amenaza. Para mí, todas ellas cualidades fundamentales para que pueda llegar y para que pueda ser un buen presidente de México”.
Avala, también, la estrategia de Anaya de aliarse con el PRD.
–¿Usted se podría aliar con López Obrador?
–Depende para qué. Obviamente jamás voy a aceptarlo como el presidente que merece México. ¡Jamás! Pero si yo veo que hay una injusticia contra él, no necesito pedirle permiso.
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