18 mayo,2026 8:59 am

América es campeona del Clausura 2026 Femenil; deja en el camino a las Rayadas

Ante más de 26 mil almas en el Estadio Ciudad de los Deportes, las locales completaron la remontada en la Vuelta (3-1 global), para alcanzar su tercera estrella del balompié mexicano

Ciudad de México, 18 de mayo de 2026. Las Águilas por fin rompieron la maldición.

Las jugadoras del América Femenil salieron ayer decididas a acabar con los fantasmas que las atormentaban y, aunque tardaron en encontrar el gol, lograron completar la tarea al vencer 3-0 a Rayadas (3-1 global) y proclamarse campeonas del Clausura 2026.

Luego de sacudirse el peso de cinco Finales perdidas en el historial de su técnico, las dirigidas por Ángel Villacampa alzaron el vuelo ante su pueblo.

Ante más de 26 mil almas en el Estadio Ciudad de los Deportes, las locales completaron la remontada en la Vuelta para alcanzar su tercera estrella del balompié mexicano.

Al minuto 7, un cabezazo de Montserrat Saldívar provocó el grito de gol, pero fue anulado tras una revisión en el VAR por una falta de Geyse Da Silva.

Del otro lado, el planteamiento de las regiomontanas era claro: aguantar lo más que se pudiera los embates, pero no resultó.

Cuando la primera parte agonizaba, Irene Guerrero, al 43’, puso en ventaja a las capitalinas al aprovechar un error de la arquera Paola Manrique.

Tras el descanso, las Águilas afilaron sus garras y salieron más agresivas, mientras que las visitantes mantuvieron su postura.

Al 50’, América asestó el segundo golpe. Geyse Da Silva sacó partido de un “regalito” de Manrique, quien no pudo asegurar un balón tras un centro raso y lo dejó a modo para que la brasileña pusiera el 2-0.

Con el resultado a su favor, el DT pudo apostar por replegar líneas, pero recordó que tenía a la segunda mejor ofensiva del torneo y dejó que sus Águilas volaran en la cancha.

El tercer y último clavo al ataúd llegó al 81’ cortesía de Scarlett Camberos, de penal.

Tras el silbatazo final, Villacampa por fin respiró, abrazó a sus jugadoras y miró al cielo, como si le dijera adiós a esos demonios que tanto lo presionaban.

Villacampa, salda su deuda

El entrenador Ángel Villacampa vivió con intensidad la gran Final en la que, por fin, saldó su deuda con el americanismo.

El originario de Toledo, España, no se movió de la zona técnica durante el encuentro. La mayor parte estuvo parado dando indicaciones y en una que otra ocasión se puso en cuclillas para “descansar”.

Tanto en el primer tiempo como en el segundo, sus mejores compañeras fueron dos botellas de agua. Tomaba de ellas, las cerraba y aventaba al césped. Era su forma de calmar los nervios.

Desde la banca salía Ana, su auxiliar, para darle retroalimentación de las jugadoras, al igual que Juan y Sergio, miembros de su staff, que respondían a las instrucciones de Ángel previo a hacer los cambios.

Fue muy mesurado en todo momento. Sin reclamar jugadas ni aspavientos. Se aguantó las ganas de festejar a tope hasta el silbatazo final y fue ahí cuando salió corriendo al campo para celebrar un campeonato que añoraba con el alma.

Tienen americanistas un final feliz

Ellos lo presentían; sabían que era la oportunidad de acabar con el maleficio. Por ello entraron al Estadio Ciudad de los Deportes seguros de que las norteñas no serían peligro. Tanto así que más de uno se atrevió a pronosticar un contundente 3-0 en la antesala del encuentro.

Ya en el juego, la tribuna -adornada con globos y banderines amarillos- fue un hervidero de emociones que se sincronizó para reclamar a la silbante Deysire Campos, quien vía VAR anuló el primer festejo local.

Con el sonido de su lado, los de Coapa apagaron los tímidos cantos regios. Sin embargo, a diferencia del futbol varonil, aquí imperó el respeto y hasta hubo abrazos de consuelo para el rival.

Al final, las predicciones de la previa fueron proféticas.

Los miles de fanáticos que pintaron de amarillo el inmueble de la Colonia Nochebuena salieron extasiados, pues por fin su equipo era campeón de la Liga MX, dejando en el camino a unas regias que terminaron por desdibujarse en la cancha.

Diego Martínez / Agencia Reforma