
Ciudad de México, 25 de junio de 2026. Los equipos de rescate intensificaron el jueves la búsqueda de sobrevivientes, mientras los venezolanos empezaban a darse cuenta de la magnitud de la devastación causada por los peores terremotos que han azotado el país en casi seis décadas.
El gobierno venezolano dijo que al menos 164 personas habían fallecido y casi mil habían resultado heridas en los dos terremotos del miércoles, que sacudieron los estados más poblados del norte del país, pero cálculos iniciales concluían que aumentará la cantidad de víctimas a medida que los equipos de rescate empezaran a llegar a las zonas más afectadas.
En México la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que hoy saldrá un equipo de la Secretaría de la Defensa y rescatistas rumbo a Venezuela para labores de apoyo.
“Antes de continuar, nuestra solidaridad con el pueblo de Venezuela”, señaló en su conferencia mañanera.
“Y, una vez instalados ahí, con las autoridades determinaremos mañana mismo personal adicional que se requiera para poder ayudar siempre a los pueblos que lo necesiten”, informó.
Los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 se registraron con menos de un minuto de diferencia y con epicentro cerca de Morón, en el estado de Carabobo.
El movimiento derrumbó inmuebles en Caracas y otras ciudades, obligó al cierre del aeropuerto internacional de Maiquetía, suspendió el servicio del Metro y provocó cortes de energía y comunicaciones.
Las autoridades venezolanas declararon el estado de emergencia.
Los videos publicados en las redes sociales muestran torres residenciales derrumbadas en la capital y en la cercana ciudad portuaria de La Guaira, donde más de 100 edificios quedaron destruidos, según la principal agencia humanitaria de las Naciones Unidas.
Aumentaba el temor por el número de víctimas en los barrios marginales cercanos, donde mucha gente habita en viviendas precarias construidas en las laderas.
Venezuela es rica en petróleo y otros recursos, pero sigue intentando salir de una depresión que dura ya una década y que ha arrasado con la mayor parte de su producción y ha llevado a millones de personas a emigrar.
Sus servicios de rescate se han visto mermados, las infraestructuras se han deteriorado y la inflación ha alcanzado máximos históricos, lo que agrava aún más los retos de la recuperación.
La catástrofe llega en un momento decisivo de la historia moderna de Venezuela, menos de seis meses después de la incursión militar estadounidense que derrocó a Nicolás Maduro.
El secuestro de Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses en enero ha transformado al país de adversario de Estados Unidos en otro subordinado a Washington.
Redacción, con información de Europa Press y Agencia Reforma


