
Acapulco, Guerrero, 6 de agosto de 2026. De manera amena y sencilla, incluso con un poco de poesía, la tarde de ayer miércoles los cronistas Rubén Robles Lara e Israel Jesús Núñez Vázquez ofrecieron un conversatorio en el que compartieron unas cuantas pistas sobre la historia de algunos de los barrios históricos que conforman a Acapulco; ello, con la idea de invitar a la reflexión y sembrar el sentido de pertenencia entre la gente.
Ante el público reunido en el antiguo Ayuntamiento, y como parte del programa municipal Epicentro Literario, fue el investigador Israel Jesús Núñez Vázquez quien comenzó la charla recordando que el primer barrio fue el de aquellos pobladores que se asentaron en la zona de Palma Sola, en la parte alta de Acapulco, y ocurrió durante la época pre colonial; prueba de ello, los restos dejados, como los petroglifos, que aún se pueden visitar.
Así, quien colaboró en el extinto Centro de Investigación e Información Histórica de Acapulco dirigido por el investigador y antropólogo Benjamín Galicia Hurtado, fallecido en 2020, afirmó que Acapulco es prehispánico, y después continuó su desarrollo durante diversas etapas de tiempo hasta llegar al boom turístico del puerto y nuestros días.
En el transcurso de esas etapas, dijo, es que nacieron los barrios, primeramente por las características del área ambiental, “por ejemplo, el Capire, porque había muchos capires; el barrio de las Marañonas, porque había muchos marañonas, o el de la Guinea, porque había gente de color que vino de Guinea, en África, durante el Virreinato”.
Pero también, añadió, los barrios surgieron por los acontecimientos, como el Pozo de la Nación, llamado así por Juan Álvarez, quien lo mandó a hacer en el siglo XIX.
En todos los casos, espacios fundados hace mucho tiempo, con una arquitectura propia- en su mayoría casas de adobe y tejas-, con valor cultural incluso y donde la gente se conoce y mantiene costumbres de antes.
Así, el fotógrafo y maestro retirado Rubén Robles Lara habló un poco sobre el barrio de la Guinea, en el que vivió más de 60 años.
Acapulco, gracias a muchos migrantes, fue creciendo con la cuestión turística y también cultural y económica, recordó, y en el caso de ese barrio fue desde el Virreinato que se gestó su origen cuando los negros provenientes de África fueron enviados, los que se quedaban, lejos de la población criolla, aunque cerca del zócalo actual que siempre fue la parte neurálgica del puerto y hasta la fecha, quedando en medio del desorden en que se convirtió la ciudad a la hora de expandirse.
De hecho, Robles Lara se dio tiempo para dedicarle algo de poesía al puerto, unos versos en los que primero nombra a la ciudad Acapultexas y después la transforma en Acaconcreto para señalar el paso del tiempo.
Sí, eran casas de tejas y adobes reforzadas con varas y zacates / frescas en tiempos de calores, con hamacas, catres y petates / casas con patios arbolados y al frente con sus amplios corredores / así era el Acapulco del pasado / con sus barrios, playas, canoas y pescadores, dicen algunos de esos versos.
Mientras tanto, Núñez Vázquez habló un poco de la historia del barrio de La Mira, asentado en los cerros cercanos al centro y surgido luego de una serie de invasiones de tierra a la fuerza en los años sesenta que incluso destruyeron algunos polvorines antiguos para levantar muros de casas.
Famoso por su llamativo Edificio de Piedra de los años 50 o el fortín Álvarez que servía de mira y vigía parta el Fuerte de San Diego, ahora es un barrio de gente trabajadora, destacó, un lugar alejado de su idea inicial: ser una réplica del cerro de Las Brisas y a coger a la gente pudiente.
En cualquier caso, ambos cronistas coincidieron en la necesidad de construir una filosofía de la dignidad de los barrios históricos para las nuevas generaciones para que no sólo conozcan sus orígenes sino que cultiven un sentido de pertenencia y de orgullo por ser de acapulqueños.
Óscar Ricardo Muñoz Cano


