
Octavio Klimek Alcaraz
Un ejemplo típico de cómo la naturaleza puede ayudarnos a relajarnos y desconectarnos es dar una vuelta por el parque o el área verde cercana después de un día largo con o sin complicaciones. Sin embargo, los entornos naturales tienen el potencial de hacer más: pueden elevar el ánimo y la capacidad cognitiva incluso en individuos que no estaban previamente cansados o estresados. Esta es la conclusión central de un trabajo de revisión que fue publicado en el Journal of Environmental Psychology por científicos del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S027249442600215X).
La manera en la que los espacios físicos afectan el bienestar y la salud psicológicos de las personas es objeto de estudio del campo de la psicología ambiental. La psicología ambiental ha estudiado, por décadas, las consecuencias de la naturaleza que regeneran: el restablecimiento del agotamiento mental, la tensión o las emociones adversas a través de la interacción con espacios naturales. El estudio se ha enfocado sobre todo en la manera en que la naturaleza ayuda a las personas a recuperarse después del estrés o de la tensión mental. No obstante, los autores del nuevo estudio afirman que otro aspecto ha sido poco considerado: puede que se hayan ignorado los efectos restaurativos para las personas, en los que la naturaleza mejora el desempeño desde un punto neutro sin agotamiento o estrés previos. Esto hace referencia a las mejoras en el estado de ánimo, la atención o el bienestar que se originan desde un estado basal neutro y no necesitan agotamiento previo.
Los investigadores, para su análisis, revisaron 54 estudios, los cuales analizaron el impacto de los ambientes urbanos y naturales en la percepción subjetiva de recuperación, las emociones o el rendimiento cognitivo. Los estudios fueron categorizados como estresores explícitos (provocan estrés intencionalmente antes de la exposición), estresores implícitos (evaluaciones previas a la exposición que pueden inducir fatiga) o restauradores (sin evaluaciones/estresores previos).
El estudio muestra una desproporción importante: la mayor parte de las investigaciones analizadas se enfocaron en la recuperación y regeneración después del estrés o la tensión mental. Únicamente ocho de los 54 estudios examinaron si los ambientes naturales pueden ser útiles para la salud mental sin necesidad de un agotamiento previo. En otras palabras, solamente unos pocos estudios han examinado de manera concreta si la naturaleza tiene la capacidad de fomentar el estado de ánimo, la atención y el bienestar sin necesidad de realizar ningún esfuerzo previo. Simultáneamente, estas investigaciones informaron de manera constante efectos benéficos en el rendimiento cognitivo y de impactos mayormente positivos en el bienestar emocional. No obstante, los autores advierten que los resultados deben ser analizados con cuidado, debido a su pequeño tamaño. Aunque son pocos, los estudios informativos indican avances en el estado de ánimo, la atención o el bienestar subjetivo.
«Durante muchos años, la psicología ambiental se ha visto fuertemente influenciada por la cuestión de cómo la naturaleza ayuda a las personas después de un periodo de estrés o agotamiento», señala la autora principal, Johanna Prugger, investigadora asociada de la unidad de investigación en Neurociencia Ambiental del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en un comunicado de prensa. «Nuestro análisis sugiere que podríamos haber pasado por alto un mecanismo de acción más fundamental: que la naturaleza también puede mejorar las funciones humanas incluso cuando no hay estrés previo». Es decir, la naturaleza puede favorecer la atención, el estado de ánimo y el bienestar incluso sin agotamiento previo (https://www.mpib-berlin.mpg.de/2397627/pm-2026-july-cen?c=58887).
Los investigadores creen que se deben llevar a cabo más estudios. Se debería investigar de manera concreta si la naturaleza aumenta la resiliencia de las personas ante el estrés a largo plazo y el bienestar humano puede ser mejorado, así como las condiciones adecuadas para que esto ocurra, sin estrés ni cansancio previos. Para diferenciar con mayor claridad los diversos efectos de los entornos naturales, se requieren también instrumentos de medición nuevos, conceptos teóricos más exactos y diseños de investigación más realistas.
En conclusión, los hallazgos de este trabajo indican que las áreas verdes no solo ayudan a recuperarse del estrés, sino que tienen el potencial de fomentar la concentración, la salud mental y la resiliencia en la vida cotidiana. Además, los resultados podrían tener consecuencias prácticas para la creación de ciudades más habitables. Si la naturaleza no solo es útil para el ocio, sino que además refuerza la concentración, la autogestión y la capacidad de sobreponerse a las adversidades psicológicas, se vuelve más relevante aún tener espacios verdes en ciudades, escuelas y sitios de trabajo. Por lo tanto, los espacios naturales no solo serían sitios de regeneración, sino también un recurso significativo para promover la salud, el bienestar y la resiliencia mental a largo plazo. Este tipo de trabajos contribuyen a comprender cómo la cercanía con la naturaleza influye para bien en nosotros mismos.


