31 diciembre,2024 6:20 am

A tres meses, siguen 11 familias damnificadas por el huracán John refugiadas en una escuela primaria  

 

Los afectados de la colonia Ampliación La Libertad piden al gobierno certeza sobre la reubicación anunciada, y apoyo económico para que puedan rentar un cuarto mientras las nuevas viviendas son construidas

 

 

Acapulco, Guerrero, 31 de diciembre de 2024. A tres meses del paso del huracán John, 11 familias damnificadas de la colonia Ampliación La Libertad siguen viviendo en los salones de una primaria porque no tienen el suficiente dinero para rentar una pequeña vivienda y otras familias regresaron a sus casas pese a que el gobierno ya declaró que no son habitables.

Los afectados pidieron al gobierno certeza sobre la reubicación anunciada y apoyo económico para que puedan rentar un pequeño cuarto mientras las nuevas viviendas son construidas.

Lamentaron que el Ayuntamiento de Acapulco no les da una respuesta certera y ya no apoya para la alimentación de las más de 30 personas, 15 son niños, que duermen en colchonetas dentro de la escuela y que van a pasar el fin de año nuevo en estas condiciones.

Esta colonia está ubicada  en la periferia de Acapulco, hacia un cerro localizado en el área donde concurren las carreteras hacia Chilpancingo y la Ciudad de México y hacia la Costa Chica.

Los damnificados criticaron a los profesores de la primaria Artículo 123 por presionar a las familias que perdieron sus casas a desalojar las instalaciones escolares, pese a que algunos niños refugiados son alumnos de la misma primaria ubicada en la calle Emiliano Zapata.

Son 96 viviendas registradas en el censo de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), pero los damnificados sin hogar no tienen certeza de que estén incluidos en la lista de los damnificados reubicados.

El vecino Alan Godínez comentó que ya consiguieron una vecindad dentro de la zona, la cual costaría mil 200 pesos por vivienda, pero el coordinador de Protección Civil, Efrén Valdez, y el subsecretario Octavio León, ambos contactos con el gobierno municipal, no les autorizan ningún presupuesto y en cambio tienen que pagar quincenalmente una pipa con agua de mil 200 pesos.

El Sur hizo un recorrido por la zona de deslave ayer en la mañana para subir a la escuela que funge como refugio tras uno de los deslaves en la colonia Ampliación La Libertad.

Más de 30 hombres y mujeres viven desde hace tres meses en unos cuantos salones que conforman este plantel educativo, uno es utilizado exclusivamente para la cocina comunitaria de los damnificados del meteoro que dejó caer abundante agua en Acapulco a partir del 23 de septiembre y que se prolongó hasta la madrugada del día 27 del mismo mes.

Fue este último día cuando 250 vecinos de la colonia asentada arriba de la concurrida parada de Las Cruces huyeron de sus viviendas por el temor de que les cayera una de las tantas rocas que rodaron decenas de metros del cerro y mataron a tres personas.

A principios de noviembre, 120 damnificados aún vivían dentro de la primaria pese a la presión de la dirección de la primaria para que desalojaran las instalaciones educativas a las que llegaron de manera provisional después de las viviendas que quedaron destruidas tras el alud de piedras, uno de los tantos registrados en Acapulco después del huracán John.

Son 11 familias que pasarán el fin de año de 2024 entre colchonetas donadas al principio de la catástrofe, cuando aún recibían despensas de organizaciones privadas y de las autoridades; de un día para otro el DIF municipal decidió dejar de brindar asistencia.

El vecino Alan Godínez contó que ya encontraron una vecindad cerca de la zona de desastre que cuesta mil 200 pesos por vivienda, cifra menor a los 2 mil 500 pesos que cuesta en promedio un pequeño cuarto; esta última cifra es alta para los damnificados de bajos recursos que apenas obtienen un empleo provisional.

Esmeralda Lázaro Díaz sobrevive de lo que gana su esposo trabajador del supermercado Chedraui, pero no es suficiente para conseguir un lugar propio para su familia de cuatro personas.

La mujer de 31 años lloró cuando contó que intentó regresar recientemente a su familia a la casa, incluso colocó luces de Navidad para adornar la fachada con la temporada de fin de año.

Sus hijos de 10 y 12 años no quisieron regresar a su antiguo hogar y tampoco su esposo pese a que siguen pagando préstamos por la construcción de casa tras la catástrofe y que no sufrió daños, pero se encuentra dentro de la zona de desastre.

Esmeralda es una de las damnificadas que no recibieron ningún apoyo económico por las afectaciones del huracán John y tampoco está segura de formar parte de la lista de 96 personas damnificadas que serán reubicadas en Acapulco tras el paso del huracán John en septiembre pasado.

La mitad de las familias que siguen viviendo en la Escuela Primaria Artículo 123, a la cual se llega tomando una de las camionetas de pasajeros que sube en la calle Emiliano Zapata, no fue censada a pesar de que las rocas destruyeron totalmente su vivienda.

Una de las damnificadas dijo que recibió 43 mil pesos por el huracán John, pero no le alcanza para comprar un terreno cerca de la zona de desastre, el cual tiene un valor aproximado de 450 mil pesos.

La casa de la damnificada, que prefirió evitar su nombre por motivos de seguridad, no resultó afectada directamente por una de las tantas piedras que rodaron en la madrugada del 27 de septiembre, pero quedó rodeada por las piedras que bajaron del cerro.

A unos 200 metros de las piedras apiladas tras el deslave por el huracán John, se encuentra la casa de Alejandro Crisóstomo Herrera, quien apilaba unos tabiques a orilla de su terreno, el cual no se distingue de los demás por el montón de pequeñas rocas que cayeron alrededor de su vivienda.

El señor de 57 años, 50 viviendo en Ampliación La Libertad, mostró el deslave de piedras ubicado a unos 200 metros de su casa, a la que se llegó escalando entre más rocas apiladas naturalmente tras el desastre del huracán John.

Su vivienda fue deshabitada tras el huracán Otis porque sus fuertes ráfagas de viento volaron todas las láminas que conformaban el techo, la dejó inhabitable y muy cerca del derrumbe que mató, entre otras personas, a Melquiades, compañero albañil de Alejandro.

Alejandro Crisóstomo y su esposa Juana Cortés volvieron a habitar su casa hecha de láminas tras el huracán categoría 5 del 25 de octubre de 2023, el día del deslave ya habían salido de su casa por el temor a deslaves.

El temor de un derrumbe se mantiene, pero la pareja no tiene dinero para rentar una casa cerca de la zona, ella es una trabajadora que labora fuera de la ciudad y él un albañil que ocasionalmente obtiene un empleo, aunque últimamente ha tenido trabajo provisto por sus vecinos.

A unos 50 metros de su vivienda, a la cual se llega escalando varias rocas grandes, se encuentra una casa de fachada color rosa que resalta en medio de los derrumbes que dejaron intacta la vivienda de dos pisos; una persona aún vive en esta vivienda que se encuentra a unos metros de las rocas a punto de rodar, como una de las enormes que no cayó, pero se movió últimamente.

Debajo se encuentran unas casas deshabitadas por sus dueños que encontraron refugio con alguno de sus familiares o tuvieron el dinero para rentar, pero otras familias regresaron a sus casas de la calle Emiliano Zapata, que conduce a la primaria convertida en refugio.

Tristeza, frustración y enojo expresaron las familias que viven en la escuela, ayer iban a comer huevo con chile, pero en el último día del año no sabían aún la comida para despedir el 2024, deseaban pollo, pero ninguna organización civil y tampoco el DIF municipal les surte aún comida.

 

 

 

Texto: Ramón Gracida Gómez/ Foto: Jesús Trigo