26 febrero,2025 9:21 am

Acapulco, con la historia y sitios suficientes para integrarlo a programas de la UNESCO: ICOMOS

Ofrecen Manuel Ignacio Ruz Vargas y Luis Enrique Ramos Duarte un seminario para lograr que la ciudad sea reconocida como Bien Cultural de Valor Universal. Afirman que podría ser integrada a la ruta del Itinerario Cultural de Galeón de Manila-Acapulco o a un “sistema de fortificaciones de la Nueva España”, en la que estén considerados el Fuerte de San Diego y otras fortalezas similares ubicadas en Perú, Panamá, Chile y en Estados Unidos, proyectos que la UNESCO tendría que financiar. Proponen la adquisición de las casas antiguas de los barrios que están abandonadas y convertirlas en centros culturales

Acapulco, Guerrero, 26 de febrero de 2025. Los proyectos culturales venideros deben ser pensados para que el acapulqueño genere un “sentido de identidad y pertenencia” en vez de enfocarse en el turista, planteó Manuel Ignacio Ruz Vargas, vicepresidente de Ia región cinco del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), organización no gubernamental asociada con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El también académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y su colega Luis Enrique Ramos Duarte comenzaron este año el Seminario sobre la Puesta en Valor del Patrimonio Cultural y Natural en Acapulco, una iniciativa clave para lograr que nuestra ciudad sea reconocida como Bien Cultural de Valor Universal por la UNESCO.

Son sesiones mensuales en el Fuerte de San Diego, la primera fue el 31 de enero en la que se reflexionó sobre la importancia del patrimonio, la siguiente es este viernes con el tema Toponimia de los sitios emblemáticos de Acapulco a través de la cartografía del siglo XVI al XIX.

La planeación de Acapulco y el inventario arquitectónico

Para explicar la importancia del patrimonio cultural de Acapulco y su rescate, el arquitecto Ruz Vargas, doctor en Desarrollo Regional, se remontó a principios del siglo XX, cuando comenzó la reconstrucción del país tras la Revolución Mexicana y Acapulco fue “una de las ciudades más planeadas a nivel nacional, de hecho Acapulco surge como el primer destino de playa estratégicamente planificado”.

Durante su existencia en las décadas de 1930 y 1940, la Junta Federal de Mejoras Materiales cobraba impuestos a los barcos que llegaban a Acapulco, dinero destinado al desarrollo de la ciudad, en ese “entonces hay mucha infraestructura, se hacen escuelas, la Camacho, la Altamirano, José María Morelos, se hacen hospitales”.

El primer proyecto como destino turístico lo hacen bajo la asesoría o con el apoyo de Jacques Lambert, como parte de la Asociación Nacional para la Planificación de la República Mexicana (ANPRM) de Carlos Contreras.

Ruz Vargas mencionó otros trabajos, como el de Mario Pani, y el Plan Acapulco de Enrique Cervantes, “donde se hablaba de un Acapulco realmente urbanizado, pero el problema es que no se han acatado los lineamientos”.

Durante el auge de Acapulco como destino turístico, empresarios y artistas llegaron a vivir al municipio “con un alto poder adquisitivo, que contrataban a arquitectos también de gran capacidad, no cualquiera hizo una casa en Acapulco en los 40 y los 50”.

Los mismos muebles de icónicos hoteles como el Flamingos o Las Brisas, por ejemplo, caben dentro de la categoría de bien cultural, incluso los jardines del Pierre Marqués diseñados por Luis Barragán, conocido por su “arquitectura emocional”.

Son 75 edificaciones construidas de 1930 a 1970 que están inventariadas como “patrimonio moderno”, entre ellas el edificio Oviedo, el colindante edificio Álvarez, los hoteles Casablanca y Presidente, la capilla de la Paz y la iglesia San Cristóbal de la colonia Progreso.

Los íconos arquitectónicos de la ciudad se encuentran olvidados o destruidos

Los edificios Manper y Oviedo, y la Casona de Juárez, son algunos de los íconos arquitectónicos del centro de Acapulco que se encuentran en deterioro por la falta de mantenimiento y la invasión de establecimientos comerciales.

A propósito del Seminario sobre la Puesta en Valor del Patrimonio Cultural y Natural en Acapulco que se lleva a cabo en el Fuerte de San Diego, El Sur realizó un recorrido en algunas calles aledañas al Zócalo registrando los daños acumulados a lo largo de los años en algunos edificios históricos de Acapulco y que se potenciaron tras el paso del huracán Otis.

Los murales del edificio Manper están descuidados y sus mosaicos perdidos, parte de la fachada del Oviedo está escondida detrás de los anuncios de los establecimientos que ocupan la planta baja, y la casona de Juárez quedó destruida tras el paso del huracán Otis.

El edificio Manper construido en los años 50 en la avenida Costera, en donde sus murales de mosaico realizados por el artista Jese Reyes Meza se encuentran deteriorados al igual que el edificio. Foto: Carlos Carbajal

Ubicado en la avenida Costera a un costado del Palacio Federal, se encuentra el edificio Manper, donde el tamaulipeco José Reyes Meza realizó en la década de 1950 unos murales de distintas figuras con pequeños mosaicos, de los cuales resaltan unos coloridos sol y luna en el techo, pero que están opacados por la suciedad.

Abajo, encima de las puertas de un establecimiento vacío, se encuentra entre cables un mural de mosaicos de palmeras y lagartos que está deteriorado, algunas de sus pequeñas piezas se cayeron, por lo que está incompleto.

El techo del pasillo de la entrada está descarapelado, muestra manchas de humedad y parece un lugar abandonado con una recepción sin personal que atienda, abajo continúan las figuras del muralista que pasan desapercibidas debido a la falta de luz.

Al fondo y con un estilo Art Deco, se encuentran las escaleras, al subir se puede ver un segundo piso con un techo más descuidado, alguna vez ahí estuvieron las oficinas del PRD municipal.

Del otro lado del cruce de las avenidas Costera y Cuauhtémoc destaca el letrero de la empresa Naho de co-working, colocado en una de las cuatro esquinas del edificio Oviedo, construido en 1948.

A un costado Dormimundo pintó una parte de la fachada del histórico edificio de colores azul y rojo, que contrastan fuertemente con el color café de la piedra convertida en enormes columnas esculturalea que soportan la edificación.

Las letras Hotel Oviedo colgando y a punto de caerse, y unos cuarteados mosaicos pequeños de las escaleras conducentes a la avenida Costera, muestran el abandono de un ícono del centro de Acapulco convertido en centro comercial con múltiples anuncios puestos encima, como la tienda Oxxo o Telcel; unos viejos aires acondicionados de los departamentos de los pisos más arriba suman elementos para concluir que está en deterioro.

Pero nada se compara con el destino de la casona de Juárez, cuyo deterioro de muchos años culminó con su destrucción total tras el paso del huracán John y se convirtió en un punto donde los vecinos tiran basura pese a la presencia de personal de Servicios Públicos del municipio, que nada pueden hacer en la noche cuando tiran costales de escombros.

La Casa de Lito ubicada desde hace más de 100 años en la calle Roberto Posada, en el centro de Acapulco. Foto: Carlos Carbajal

La histórica vivienda de adobe y teja de la calle Benito Juárez fue adquirida en 2023 por el gobierno encabezado por la morenista Abelina López Rodríguez, para revivirla como centro cultural que alguna vez albergó distintas exposiciones.

De las pocas viviendas vernáculas, –“aquella  que no tiene asesoría técnica ni usa material industrializado”, explicó el arquitecto y coordinador del Seminario sobre el patrimonio cultural de Acapulco, Manuel Ruz Vargas– que se mantienen en el centro, frente al Ayuntamiento Viejo, en la calle Roberto Posada, es el restaurante Casa de Lito, cuya foto más antigua data de 1900.

Por su parte, la Academia Nacional de Arquitectura capítulo Acapulco realizó la presentación Arquitectura representativa del siglo XX en Acapulco.

Ruz Vargas lamentó la pérdida de la vivienda vernácula en el municipio, aquella construida de adobe con teja, y con el clásico corredor exterior, “ésas son algunas cosas que han ido desapareciendo que están en el Pozo de la Nación, pegadas a la iglesia del zócalo, la Casona de Juárez fue la última que trascendió”.

Los restos colapsados de la Casona de Juárez ubicada en la esquina de las calles Benito Juárez y Felipe Valle del centro de Acapulco. Foto: Carlos Carbajal

Acapulco debe ser reconocido por la UNESCO

El seminario, subrayó uno de sus coordinadores, “tiene el objetivo de que Acapulco sea visibilizado como un bien cultural a nivel internacional por la UNESCO y como parte del itinerario cultural”.

El sentido de que un bien sea declarado patrimonio por la UNESCO es que, primero, “te lo hace visible y eso es un atractivo para el turismo; la otra, y ése es un caso muy extremo, como un desastre, puede intervenir con recursos”.

El planteamiento es que Acapulco sea integrado a la ruta del Itinerario Cultural de Galeón de Manila-Acapulco, los “itinerarios culturales son esos recorridos que se hacen vía terrestre o marítima, donde hay un encuentro de culturas, y ya sea ese encuentro de manera pacífica o belicosa, pero que hay una permeabilidad de esas culturas y hay una fusión”, explicó el experto.

Señaló la exclusión del municipio guerrerense de la Ruta de la Plata pese a que este metal “bajaba para Acapulco para pagar a Asia el sitiado a los filipinos, todo lo que se compraba aquí era con moneda de plata mexicano a los chinos”.

Otra propuesta es el reconocimiento de un “sistema de fortificaciones de la Nueva España”, en el que estén contemplados el Fuerte de San Diego y otras fortalezas similares ubicadas en el Cayao, Perú; Panamá; Valdivia, Chile; San Francisco, Estados Unidos; y la fortaleza de San Felipe, en Filipinas.

Un centro histórico sin monumentos y la pérdida del patrimonio

En octubre pasado, la UNESCO incluyó al Centro Histórico de Acapulco como parte de la Red de Lugares de Historia y Memoria vinculadas a la Esclavitud y la Trata de Personas Esclavizadas.

Ruz Vargas anunció que en los próximos meses se pondrá una placa en el Fuerte de San Diego y otra en el Centro Histórico por tal razón, pero “si Acapulco todavía no tiene centro histórico declarado, ¿dónde la vamos a poner?”

“Los centros históricos se caracterizan porque son zonas de monumentos, son edificaciones del siglo XVI”, de lo cual carece Acapulco, salvo sus excepciones como el Fortín Álvarez y el Fuerte de San Diego.

No se ha declarado un Centro Histórico porque “según el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) no tenemos monumentos, pero tenemos valores intangibles, valores culturales, valores artísticos que le dan esa relevancia”.

Además hay planos. Ruz Vargas destacó uno de 1889 hecho por Enrique Lallier, a petición del alcalde Antonio Pintos Sierra, en el que se puede ver el centro de la ciudad y los barrios, los cuales sumaban entre 12 y 14 en un libro de Rubén H. Luz en 1940.

“Ya en el 50 surgen muchos barrios más, pero ya son colonias que surgen por la invasión que viene del turismo; de los barrios que se reconocen, por ejemplo, está el barrio de La Playa, el del Pozo de la Nación, que antes era el barrio del Chorrillo, el barrio de la Adobería, la Pocita, la Guinea, la Mira, y el Mesón de la Lima, atrás de la gasolinera Modelo”.

Ruz Vargas elaboró junto con Ambrosio Hernández Velasco la ley 444 de Protección al Patrimonio del Estado de Guerrero que establece que una edificación de más de 30 años ya puede ser un monumento histórico o un edificio relevante, según sus características.

Pero nadie los cuida, ni la autoridad ni la sociedad, por ejemplo, el edificio Manper, a un costado del Palacio Federal, es de la década de 1950 y luce unos murales del tamaulipeco José Reyes Meza, “su interior tenía un diseño de Art Deco, con una escalera muy bonita, con bronce, y todo el rollo, que se ha ido perdiendo, entonces esos atributos eran lo que daba un valor importante”.

Un circuito cultural pensado para el acapulqueño, no para el turista

Entre los múltiples proyectos que contempla el programa federal Acapulco se Transforma Contigo, está la creación de un circuito cultural conformado por seis corredores partiendo del Fuerte de San Diego hasta la Quebrada, conectando con Sinfonía del Mar, avanzará a la playa La Angosta, luego Manzanillo, continuando a Tlacopanocha y de vuelta al corredor muelle Malecón.

“Yo le veo mucho potencial porque realmente los atributos, o sea, los valores que hay en esos sitios son muy relevantes, te digo, los remates visuales que tienes bajando por los barrios son impresionantes, algunas construcciones todavía se mantienen”, dijo Ruz Vargas.

Pero el problema “es que te quieren imponer proyectos que no son consensuados con la comunidad”, además es una intervención exterior, entonces la gente se tiene que encargar del mantenimiento y no parece que exista ese planteamiento.

El experto propuso la adquisición de las casas antiguas de los barrios que están abandonadas y convertirlas en centros culturales, pero con la opinión de los habitantes, “si no comprometemos a la comunidad y si no pensamos que el proyecto va a beneficiar primeramente al acapulqueño, no pensando en el turista”.

El objetivo es generar espacios “para que la gente vuelva a tener ese sentido de identidad y pertenencia”, logrando que la gente vuelva a salir a la calle; un ejemplo exitoso fue el rescate del Fortín de Álvarez hace unos años por parte de un colectivo de artistas, entre ellos el pintor Jorge Alfaro, lo que generó “un sentido de identidad en la colonia; lo mismo podríamos hacer en Petaquillas, en Pozo de la Nación, la Guinea”, finalizó.

Texto: Ramón Gracida Gómez