7 enero,2021 5:09 am

Acapulco en una canción

Anituy Rebolledo Ayerdi

(Quinta de 10 partes)

 

Minerva Anderson Espino

José Agustín Ramírez Altamirano conoció a Minerva Anderson Espino en la escuela Normal de Chilpancingo. El, docente muy querido, ella, alumna aventajada. Mucho más tarde, ella, ya casada, inspirará al maestro la hermosa canción Acapulqueña. Un himno a los dones de Acapulco y el más emotivo homenaje de admiración a la belleza de nuestras mujeres.

Minerva Anderson era hija del matrimonio formado por el general Anderson y doña Onésima Espino, casada en segundas nupcias con don Francisco López, un empresario hotelero y popular político originario de La Unión, municipio del que había sido alcalde y por el que será diputado local, además de recaudador de rentas. Don Pancho López, como era conocido el personaje, simpático y muy popular, será un amoroso padre para Mine quien estudia la primaria en el célebre Colegio Acapulco, dirigido por el profesor Felipe Valle. Aquí, según recordaba un condiscípulo, Jorge Joseph Piedra formará un alegre grupo infantil con Esperanza Tellechea, Elisa Batani y Tibe Campos, entre otras. El ex alcalde de Acapulco la recordaba así:

“Morena clara, alta, esbelta, voz cálida y andar displicente con cadencia de palmeras. Sus ojos negrísimos, grandes y almendrados , custodiados por largas pestañas rizadas. Su mirada tierna y amorosa y su boca semejaba a un estuche de coral y de perlas. La cabellera negra ensortijada”.

La señorita Anderson Espino contrae matrimonio muy joven con Policarpo Sosa Meléndez, perteneciente a una familia de raigambre acapulqueña, cuyo hogar será frecuentado por el compositor José Agustín Ramírez. Lo era particularmente en fastos familiares donde eran imprescindibles su voz, su guitarra y sus canciones. Fue en una de tales celebraciones, precisamente, el cumpleaños de Mine, festejado en el Hotel Villa del Mar, donde el creador encabezará Las Mañanitas cantadas por toda la concurrencia.

Será a la hora de los regalos cuando Pepe, como le llaman todos, anuncie una ofrenda musical dedicada a la señora de Sosa:

Acapulqueña

Acapulqueña, linda acapulqueña

playera esbelta, pálida y sensual,

en tu mirada ardiente y soñadora

hay un reflejo del inmenso mar.

 

Cuando en la playa luces tu silueta

en el milagro de un atardecer

quisiera ser el mar ola coqueta

y tu cuerpo en mis brazos envolver.

 

Quisiera ser la brisa acariciante

que llegara tus sienes a besar

y en tus rizadas crenchas de azabache

un rayo de luna contemplar.

 

Vuelan en La Quebrada las gaviotas

pañuelos blancos que dicen adiós

y en el sutil encaje de la costa

te dejé para siempre el corazón.

 

Yo que he nacido en esta costa bella

conociendo tu noble corazón

dedico este homenaje a la costeña

que ha sabido inspirar esta canción.

Acuarela acapulqueña

El jalisciense Pepe Guízar (1906-1980 llamado con justicia El pintor musical de México, por haberle cantado a entidades y ciudades de la República, incluidos Guerrero y Acapulco. El autor de Guadalajara, Sin ti, Acuarela potosina, El mariachi y Como México no hay, entre muchas, creó durante una estancia en este puerto (1964) su Acuarela acapulqueña. La interpreta él mismo acompañado por Los Caporales. Es esta:

 

El paisaje perfila la Bocana

y al mar le abrieron paso las montañas

y de ese verde azul de lejanía

hizo del mar la más linda fantasía.

 

Como lumbre del sol ardió mi sangre

con la brisa en la tarde

y volcaron así mis emociones

para tomar la forma de canciones.

 

Como olan de organdí, vaporoso y sutil

va la espuma fugaz dibujando en zigzag

las olas que llegan y regresan

y en lo alto donde el mar es sin fin

es donde Dios probó su grandeza.

 

Panorama de luz, paraíso del Sur,

Acapulco te llaman,

La Quebrada, Caleta, Pie de

la Cuesta y Hornos te afaman.

 

El rumor de tu mar

que inspiró mi cantar.

En tu sol, en tu luna y en tu paz

quiero siempre soñar

Acapulco, cielo y mar.

Acapulco, Manzanero

Armando Manzanero, el más grande compositor mexicano de los últimos tiempos, también la cantó a Acapulco. Lo hizo por encargo del Fideicomiso Acapulco, a cargo entonces del arquitecto Guillermo Carrillo Arena. La pieza del compositor yucateco, cuya pérdida llora hoy todo México, puso marco romántico a la inauguración de obras ejecutadas aquí por el organismo. Decimos romántico por la pareja de enamorados que las entregaban: el presidente de la República, José López Portillo, y la secretaria de Turismo, Rosa Luz Alegría.

Ambos escucharon la canción grabada por el autor difundida por altavoces, durante la apertura de una singular fuente marina en El Morro. Un poderoso chorro de agua lanzado desde la cima del mismo para alcanzar gran altura y luego bañar alegremente el promontorio. Aquel poderoso chisguete se proyectaba como nuevo y moderno símbolo del puerto, inspirado, se dijo, en la afamada potencia sexual del mandatario de la Nación.

Aquel día, decíamos, don José y Rosa Luz, despojados de sus altas dignidades, escucharon el Acapulco de Manzanero tomados de la mano como dos adolescentes enamorados. La delicada manecita de ella era apretada con fuerza por la más poderosa de México, semejante a un guante beisbolero. Ella, entrecerrados los ojos, él acuosos los suyos.

Y no fuera que este reportero, entonces del diario Trópico, sudara “calenturas chapoyeras” (por Paty Chapoy, del programa de televisión Ventaneando) sino que en aquel momento le tocó estar detrás de la pareja imperial, solo guardias de por medio. Solazado, eso sí, con el soberbio y suculento derriere de doña Rosa Luz, acariciado de cuando en cuando por El señor presidente.

El Acapulco de Manzanero se repitió en el sonido local, una y otra vez, mientras el chorro de El Morro subía “hasta arribota”, según la concurrencia, para luego desparramarse sobre aquel monumento natural. Será la primera y única ocasión en que aquí se escuchen las amorosas notas manzanerianas. Se conjeturará entonces que don Pepe y doña Rosa Luz habrían adoptado la pieza como “nuestra canción”, es decir, solo para sus oídos.

¿El Chorro? Al poco tiempo, ante los clamores de que el agua de mar dañaba la escasas vegetación de El Morro, afectando incluso su supervivencia, será cancelado para siempre.

Se recordará, a propósito, que el propio Manzanero habría creado una canción dedicada para doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz, entonces primera dama de México. No se supo si se trató de una ofrenda del compositor yucateco o un encargo presidencial. Lo cierto fue que la obra nunca se hizo pública.

Acapulco de mi alma

Armando Carmona, compositor nacido en Chilpancingo con grandes querencias acapulqueñas, es un compositor prolífico que le ha cantado a Guerrero en todos los ritmos. Sus boleros, particularmente, han viajado muy lejos en las voces de solistas y grupos de reconocida fama. Acapulco de mi alma, tituló una de sus primeras ofrendas musicales para el puerto. Es esta:

 

Acapulco de mi alma

pongo a Dios como testigo

de que estás siempre conmigo

donde quiera que yo voy.

 

Nada más cierro los ojos

y me llueven a manojos

los recuerdos más hermosos

de mi vida junto al mar.

 

Amar en las noches de luna

jugar con el agua y la espuma

dar el alma entera

y hacer primavera

a la orilla del mar.

 

Ver como las olas se acarician solas

por las ansias de amar

ver como las estrellas

se despenden del cielo y forman

un velo de plata en el mar.

La Reina de los Mares

El chihuahuense Armando Quezada Medrano, autor en los años 50 de la escultura de la Virgen de los Mares de Acapulco, fue tío de Armando Carmona Quezada. Es por ello que el compositor estará bien informado sobre el proceso de la creación artística y la historia del icono religioso del puerto. Con los años habrá de dedicarle una emotiva plegaria musical.

La escultura religiosa, cuyo costo ascendió a de 250 mil pesos, sufragados por 50 aportantes anónimos, sale de los talles metropolitanos del escultor en diciembre de 1958. Su primera escala será la Basílica de Guadalupe donde será bendecida por el representante del Papa en México, monseñor Luigi Raimondi. Luego, emprende el camino hacia este puerto acompañada por una caravana de autos, recibiendo lo largo de la ruta las manifestaciones propias del arraigado fervor guadalupano de nuestro país.

La llega a Acapulco se produce el 10 de diciembre del mismo año y se le alberga en la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad. Ésta permanecerá abierta día y noche para dar oportunidad a la población católica de conocerla y adorarla. El día 12 de la Guadalupana, luego de una misa solemne saldrá hacia Caleta, acompañada por el Club de los Hombres Rana, Los vivas de la multitud se sumarán a la ensordecedora cohetería, las bandas de guerra escolares y las notas de todos los músicos del puerto. Una vez en la bahía, la escultura será acompañada por toda las embarcaciones de Acapulco hasta su destino final, la piedra de La Yerbabuena

La feliz iniciativa había partido de la señora Amelia Sodi de Pallares. Experimentada buzo recordaba cuando un día, practicando su deporte a la altura de La Yerbabuena, tuvo problemas con el tanque de oxígeno al grado de empezar a quedarse sin aire. Cuando está a punto de perder el conocimiento invoca la intervención de la Guadalupana, apareciendo en aquel momento una lancha que la rescata sana y salva. La embarcación se llamaba La Virgen.

Esta es la ofrenda poético musical de Armando Carmona

A la Reina de los Mares

Virgen de Guadalupe

reina de los mares

hoy tus altares

son las olas del mar.

 

Las aguas cristalinas

acarician tu frente

y la vida marina

embellece tu altar.

 

Una cauda de luceros

entretejen tu pelo

con pedazo de cielo

de luna y de mar.

 

Los amaneceres

se tiñen de colores

y hacen un manto de flores

de tu figura en el mar.

 

Acapulco… Acapulco

en tus aguas ocurrió el milagro

por eso tienes un santuario

en el fondo del mar.

 

Virgencita de Guadalupe

Reina de los mexicanos

da tus bendiciones

a tus hijos en el mar.