
Anituy Rebolledo Ayerdi
La escuela “Real”
La escuela Real Miguel Hidalgo y Costilla, acreditada como todas la instituciones de su tiempo al monarca español, atendió en pleno siglo XX a 150 alumnos en los seis grados de la educación elemental. Se localizó en la calle 5 de Mayo hasta 1909, fecha en la que se procede a su reubicación a las calles del Brinco y Mesón (hoy Galeana y Mina). Movilización que irrita a la población, particularmente a los padres de familia, porque la institución contaba con amplios espacios para todas las prácticas deportivas.
Irritación familiar que se convertirá en belicismo general, al enterarse la población que la escuela había sido vendida por el gobernador del estado, coronel Damián Flores, a la empresa estadunidense gringa Mexican Pacific Company, dueña de otras áreas del puerto. Muy pronto, ante el temor de una reacción popular, los empresarios rematarán la superficie a fraccionadores.
El Teatro Flores
Asociado con su hermano Matías, el gobernador Flores había construido una sala de espectáculos de solo madera. Se llamó Teatro Flores y fue el escenario de la más dolorosa tragedia vivida por Acapulco en toda su historia: la muerte de sus 300 espectadores la noche de su estreno, en 1909. Los Flores lograron huir montando una acémila.
Las escuelitas
Surgirán en el puerto las clases particulares ofrecidas por damas que, profesoras o no, enseñaban las primeras letras a grupos de infantes. A ellas se unirá don Antonio Hernández, el cura párroco del templo local, impartiendo a mayores clases de aritmética, geografía e historia sagrada, por supuesto.
La Revolución Mexicana triunfa en todos los rincones del país menos en Acapulco. El puerto sigue ya muy entrado el siglo XX en poder de los encomenderos españoles. Estos, obrarán libremente al eliminar a Juan R. Escudero, líder obrero que se oponía a sus designios. Lo hacen mediante una coperacha para pagar su asesinato y el de sus dos hermanos.
La primaria Miguel Hidalgo y Costilla mantenía aún el apócope de “Real”, referido al rey de España, y era exclusiva para varones. Mixta, la Ignacio M. Altamirano, fundada en 1906 por la inolvidable maestra Chita Jiménez. Son las dos instituciones escolares en las que se formarán obligadamente los primeros acapulqueños del siglo XX y más.
Entre las escuelitas particulares figuraron la de doña Nicolasita Vizcarra, preferida por los hispanos porque en ella se cantaba la Marcha Real Española en lugar del Himno Nacional Mexicano. También las de doña María Rivas, la de doña Marianita Altamirano y la del maistro Cayetano. Famoso por su vara de guayabo con la que imponía una férrea disciplina a quienes él llamaba “ muchachillos de los mil demonios”. Ora que lo alumnos de la “Real” no estaban exentos de castigos: plantón en el patio a los que llegaban tarde y palmetazos a los mal portados. (Palmeta: instrumento de madera usado para golpear las manos abiertas del alumno).
Para el periodista Jorge Joseph Piedra, ex alcalde de Acapulco, la escuela Miguel Hidalgo y Costilla fue paso obligado de los acapulqueños que dieron honra y gloria a esta tierra, es decir los auténticos forjadores de Acapulco. Solo algunos de ellos :
José Muñúzuri, Teófilo Berdeja, Leopoldo Estrada, Angel Lito Tapia, Rafael Muñúzuri, Benjamín H. Luz, Herlindo Liquidano, Alejandro Gómez Maganda, Francisco Meléndez y Honorio y Liberato Torres. Ignacio Alarcón, Esteban Valdeolívar, Ignacio y Joaquín Altamirano; Salvador Villalvazo, Carlos Solís, Alfredo Hudson, Fidel Gutiérrez, Severiano Astudillo, Isaías y Ulises Acosta, Luis y Gerardo Bello, Romeo Jiménez y los hermanos Ramírez Altamirano: Alfonso, José Agustín, Augusto y Ramón.
Wilfrido Valverde, los hermanos Adame: Carlos, Antonio, Joaquín, Rodolfo y Pepe; Dámaso Vicencio, los hermanos Rico: Ernesto, Alfonso y Jesús; los hermanos Álvarez: Benjamín, Tito y Félix; Romeo Jiménez y los hermanos Bello Almazán: Sergio y Enrique.
También Gaudencio Guerrero, Roberto Ramírez, los Sutter: Carlos Alfonso y Arturo; Fernando Heredia, Esteban Gómez, Abel Galeana, Antonio Pintos Carvallo, Abel Espinosa, Aarón Peláez, Juan Soler, los hermanos Sabah: Manuel, Guillermo y José; Fructuoso Agatón y Joseph Piedra, por supuesto.
Juan R. Escudero
Siendo niños, Alejandro Gómez Maganda, ex gobernador de Guerrero y Jorge Joseph Piedra, ex alcalde de Acapulco, sirvieron a Juan R. Escudero, ya como voceadores de su periódico Regeneración, ya como mensajeros o conductores de la silla de ruedas en la que lo postró un atentado criminal. El primero se cultivará como atildado escritor y fogoso orador, siendo más tarde eficaz diplomático con servicios notables durante la Guerra Civil española. Siendo gobernador de Guerrero, el presidente Ruiz Cortinez se cobra viejos agravios echándolo del palacio de gobierno de Chilpancingo. A partir de entonces será colaborador cercano del ex presidente Miguel Alemán Valdés.
Joseph Piedra, por su parte, fue un destacado periodista cubriendo las fuentes laborables para el diario La Prensa. En ese tránsito se hará amigo del secretario del Trabajo, Adolfo López Mateos, quien al llegar a la Presidencia de la República, le hará realidad su sueño dorado de ser alcalde de Acapulco. Atendió por primera vez las necesidades de los barrios del puerto y los acapulqueños le darán agradecidos el rango mesiánico “del mejor acalde de todos los tiempos”. Yosip, como le llamaba la gente, toma partido en el movimiento que echa de Guerrero al gobernador Raúl Caballero Aburto y el Centro lo echa antes. (1960).
Otros alcaldes
Otros ex alumnos de la Miguel Hidalgo que ocuparon en diversas épocas la alcaldía porteña fueron Rosendo Pintos Lacunza (1915), Enrique Lobato Cárdenas (1929 y 1946), Gumersindo Limones, Carlos E. Adame (1933), Efrén Villalvazo (1936 y 1955), Baltazar Hernández Juárez (1939), Alfonso Villalvazo (1960, sustituye a Joseph), Delfino Moreno, Gerardo Bello y muchos más.
Isaías Acosta
La vocación libertaria de Ulises Acosta, también ex alumno de la Miguel Hidalgo, lo lleva a los frentes de batalla de la Guerra Civil española, en defensa de la República. Regresa al puerto con el grado de coronel de artillería. Revolucionario y marinero, Justino Contreras será electo alcalde de Petatlán, en la Costa Grande. Con el mismo origen los excelentes violinistas Germán Nava y Juan Urbano, harán trío con el malogrado maestro Chino Martínez.
Quienes habían pasado por las aulas de adobe y teja de la institución tuvieron para sus maestros recuerdos permanentes de respeto y gratitud. Figuraron entre ellos: Eduardo Mendoza, quien dio su nombre a la primera escuela “tipo” del puerto. Los maestros Pipino Rosales y Torres Alfaro. Las maestras María de la Luz y Lucila Calvo, Esther Vega Reveriano, Lucila Villamil, Manuel Guillén, Juan Berdeja y el maestro chilpancingueño Alberto Saavedra Torija.
Calificaciones
La escala de calificaciones de la Miguel Hidalgo eran del 0 al 4 (0, mala, 2, buena, 3, muy buena y 4, excelente).
Acapulco, insular
La dramática insularidad de Aca-pulco frustró en buena medida las aspiraciones de muchos jóvenes, hombres y mujeres, de ir más allá de los estudios elementales alcanzando incluso los universi-tarios. Las opciones eran escasas y las ofrecía el prestigiado Cole-gio evangélico Wallace, de Chil-pancingo, siendo bien aprove-chadas. Se citan entre estos a la señorita Minerva Anderson, quien inspiró la Acapulqueña de José A. Ramírez, y mucho más tarde Alfonso Argudín Alcaraz, ex alcalde de Acapulco con el grado de almirante.
El Club de Brujas
El Club de Brujas, en nostálgico recuerdo del propio Joseph, organizaba bailes y lunadas sema-nales en La Quebrada y una ries-gosa excursión anual a la lejana playa de Caleta. Todo ello además de festejar santos y cumpleaños de cada uno de sus socios.
Ellos: José y Antonio Casís, Nicolás Gómez, Simón Álvarez, Benjamín y Pepe Cañedo, Carlos, Toño y Joaquín Adame, Emanuel Tejado, Juan Rodríguez, Benjamín Álvarez, Ángel Olazo, Chamón Funes y Rosendo Pintos.
También Alfredo Hudson, José Batani, Juan Soler, José Loranca, Herlindo Liquidano, Ignacio Alarcón, Samuel Sosa, Rogelio Martínez, Chanito Rivera, Silvestre H. Gómez, Imeldo Cárdenas, José Trinidad Serrano, Agustín Montano y Victorio Oliva.
El Club de Brujas presumía la belleza y galanura de sus reinas en cuyas fiestas de coronación se reunía “el todo Acapulco” Algunas de ellas: María Tabares, Lucila Gómez, Toya Casís y Thema Montano. Cuando apenas termine su reinado, cada una de ellas será coronada pero esta vez como “soberanas de sus hogares”, siempre por parejas en el altar mayor de la parroquia de La Sole-dad: María con Pedro Leonel, Lucila con Toño Echeverría, Victoria con Manuel Tejado y Thema con Agustín Montano.
Otras pareja forjadas en las tertulias de Las Brujas y que terminarán arrodilladas ante el altar mayor de la Soledad: Poli Sosa y Minerva Anderson; Carlos Varcálcel y Quecha Villalvazo; Eladio Fernández y Anita Villalvazo y Fausto Morlet y Tina Sutter.
Patas a ráis
Solo unos cuantos niños de Acapulco usaban calzado diariamente, según recordaba el propio Joseph y citaba a los Muñúzuri –Pepe, Roberto, Rafael, Adalberto, Raúl y Enrique–, Panchito Torres Gastélum y Abelito Espinosa.
Siempre ellas
No exageraba el ex alcalde cuando afirmaba que a la belleza de Acapulco correspondía necesariamente la de sus mujeres. Y las citaba:
Leoba y Nora Mazzini, Aurelia Balboa, Chabe y Noemí Caballero, las García Mier: Alicia, Orfelina y Etelvina; Altagracia Tavares, las Villalvazo: Irene, Anita, Lucrecia y María Luisa y sus primas las Alarcón. Genara Camplis, Eva Villalva, Angelita y Chevita Lopezvictoria, Tina y Tere Argudín, Eloísa y Berta Pang-burg, Nacha Guesso, Aura Ema del Río, Consuelo y Conchita Curd, Estela Acosta, Solfina Martínez y Carmen Carvajal.
Las Campos: Conchita, Tive, María y Leonor; las Álvarez: Irene, Concha y Paula, Tere Castañón, Juana Díaz, Carmen y Cristina Vidales, María Beltrán, Tey Sthepens, las Medina: Chelo, Josefina, Celia y Malicha y las Apac: Tere, Sara y Lilia.
También Eloísa y Margarita Águila, María Tabares, Lucila Gómez, Victoria Casís, las Berdeja, las Muñúzuri, las Funes, las Tellechea, las Uruñuela, las H. Luz, las Adame, las Lacunza y las Olívar.


