18 agosto,2026 5:16 am

Acercamientos al canon reciente

Federico Vite

 

La narradora napolitana Valeria Parrella, quien también visitará México en noviembre próximo, ya que Italia es el país invitado a la Feria Internacional de Libro en Guadalajara, suele ser más conocida como novelista; pero cuando trabaja cuentos me hace pensar en la pertinencia del canon que sembró Raymond Carver con el libro Cathedral (1983).

Antes de hablar del más reciente libro de Parrella: Piccoli miracoli e altri tradimenti (2024), quiero agrandar la conversación. Así que traigo a cuento este tópico porque he percibido, cada vez con mayor frecuencia, que Carver logró que hubiera muchos imitadores de su estilo y, para muchos escritores, eso ha “ensuciado” la narrativa identitaria de este país. Lo he oído de primera mano en sobremesas y lo he leído en actas de jurados en algunos premios de cuento en México. El jurado busca un continente narrativo distinto al del narrador norteamericano en cuestión, pero tengo un argumento simple: si alguien es influido por las lecturas que considera esenciales, entonces, trabajará ciertos tipos de cuento; de igual manera, los jurados tienen lecturas en la cabeza y eso les guiará para dar veredictos con sesgos definidos. Ergo: ¿por qué negar el buen trabajo de un narrador independientemente de su filiación cuentística?

Pienso en las palabras de Emanuele Trevi; en especial, lo vertido en Qualcosa di scritto (2012), pues el ensayista italiano considera que gracias a Cathedral, Raymond Carver abrió la puerta para que muchas personas dejaran de ser escritores y se convirtieran en contadores de historias. Un contador de historias (storyteller) no se preocupa por la profundidad filosófica ni por la inmersión psicológica de los personajes, sólo se limita a la exploración de momentos que al ser narrados de manera telegráfica lograría emocionar al lector. Para Trevi, la labor de un escritor, igual que para Pier Paolo Pasolini, es otra. Nunca está enfocada en el entretenimiento (por cierto, hay una reseña de Pasolini sobre Cien años de soledad en la que no le va nada bien al colombiano, sobre todo, porque el italiano considera que esa novela romantiza muchas cosas, en especial, la idea de escribir, ligada al entretenimiento, sin buscar la profundidad de la dimensión humana).

Me agrada la manera en la que Trevi se adentra en el tópico, aunque el argumento es parecido al que tiene Harold Bloom sobre Cathedral, sólo que el inglés compara el cuento homónimo del libro de Carver con un cuento de D.H. Lawrence: The blind man (1920). Menciona las mismas características de Trevi en cuanto a lo romo de la profundidad psicológica e incluso afirma que el rasgo de genialidad en estos dos cuentos sólo aparece en el de D.H. Lawrence debido a que la profundidad psicológica tiene mayores alcances.

Como bien se nota, no le va bien a Carver. 43 años después de haber publicado la piedra fundacional del nuevo canon (Cathedral), la literatura ya no es lo que era; es más, ni siquiera tiene la densidad ni el peso que tenía. Con esas agravantes, sería prudente entrar entonces al libro de Parrella. Y la coloco como una de las tantas manifestaciones de la narrativa breve en el mundo que apuestan por oxigenar las formas, los temas y, por supuesto, el estilo de hacer cuentos.

Piccoli miracoli e altri tradimenti (Italia, Feltrinelli, 2024, 106 páginas) reúne doce textos de extensión irregular; sin unidad temática definida, aunque la mayoría refiera de manera indirecta o de soslayo a Nápoles y, en todas las historias, la feminidad es una textura plástica que expande el conocimiento del mundo; no se reduce a narrar infidelidades, ni la voluntad creativa de las mujeres, sino que sondea los problemas laborales, las inexplicables y laberínticas pasiones sexuales y, por supuesto, la extrañeza de descubrir el mundo masculino sin salir indemne.

Parrella demuestra el dominio de contar historias de corto aliento. Hay textos cuya extensión es de cuatro cuartillas y los más largos alcanzan las 17 páginas.

En Il Premio, por ejemplo, el cuento más largo y de apetencias históricas, la autora narra una improbable elección de matrimonio entre un hombre maduro y una jovencita; el resultado no es lo que la jovencita hubiera deseado, pero me permite comentar las pasiones y voluntades estéticas lejanas de Raymond Carver, porque lo que hace Parrella es darle, gracias al trabajo oral, una vitalidad mayúscula a los personajes; incluso gana intensidad con los silencios de la protagonista y la antagonista. Los caracteres son puestos en marcha con inteligencia. Poco a poco se van conociendo e involucrando. Sin prisa, sin la “tesis” tan manida en los talleres literarios: “El cuento debe atrapar desde la primera línea”. Los personajes hablan con soltura y libertad. Una mujer (Viviana) cuida una hortensia, la planta favorita de su madre, la mujer de casa. Alessio emula el asunto de la planta con la chica (Grazia). El resultado no busca una sorpresa, sino una epifanía.

“Le dijo que el bebé era mujer con un temor contenido.

“Bien”, responde Alessio. “Así que se llamará Viviana como mi primera esposa.

Después salió de la habitación porque el olor de la sangre le daba náusea”.

Esa frase le explica a Grazia que ella debió tener un varón, sólo así saldría de la espiral de mujeres en la que se encuentran: Marta, Viviana y Grazia.

La napolitana tiene presente la enseñanza de James Joyce (Dubliners, 1914) y moldea los cuentos con eficacia, al final de cada unidad narrativa las protagonistas de estas historias se conocerán un poco más. Por supuesto, a Parrella le interesa tener lectores, pero la apuesta es un poco más arriesgada, porque domina bien el entramado de las dos historias (característica básica de cualquier cuento moderno), sondea los bordes de su creación, no sólo sugiere hechos, sino que se adentra en ellos buceando en la psique de las protagonistas.

En E allora, Valeria inicia una indagación sobre el doppelgänger entre un político y una persona normal. El resultado tiene como resolución una inmensa amargura, porque el político entiende lo que es y el ciudadano de a pie sabe lo que conlleva la vida del político. Suena simple, pero realizarlo en 17 páginas con buenos diálogos y estupendo manejo de la elipsis habla de oficio narrativo.

En uno de los textos de menor extensión, Revoluzione, una chica que trabaja como cajera en un negocio atiende a un joven guapo que le gusta mucho; pero nunca se atreve a hacerle plática. Una tarde se lo topa fuera del trabajo, y él tiene en la mente las penurias del mundo moderno, poco dinero, dificultades emocionales, familiares y laborales. No la ve; ella pasa de largo y el cuento cierra con la lectura de una grafiti en una pared. La lee él y entiende que en algún momento las cosas tendrán que cambiar; ella en cambio, pasa justo por esa pared y se sugiere así lo que debe cambiar: “Eres lo más hermoso después de la toma del Palacio de Invierno”. Fusiona la pasión romántica con un hecho histórico. Es decir, la voz narrativa adhiere lo político y lo emocional de manera que amalgama aún más el núcleo del cuento: ¿qué les impide conocerse? Sus tribulaciones y vidas laborales. Es una epifanía compartida, un milagro pequeño. A final de cuentas, la tesis de este libro es algo así: Pequeños milagros y otras traiciones. ¿Se aleja de Cathedral? Sin duda. No es mejor que la piedra de toque de Carver, pero abre una vía de conocimiento escritural que no puede desdeñarse. Es la forma de escribir cuento ahora. Entonces cuando un narrador se parece a Carver, ¿es old fashion? Temo que sí.

Muchos de los cuentos reunidos en este volumen fueron publicados en revistas de Italia; el material en conjunto no se conoce en español, pero no tengo duda de que en unos meses más de una revista de habla hispana nos sorprenderá con la traducción de alguno de estos cuentos, pues fungen como una carta de presentación para quien aún no conozca la obra de esta narradora.

Parrella publicó este año La ragazzina, una biografía novelada de Juana de Arco, una mujer vestida de hombre que lideró una guerra en el siglo XV. El enigma de esa mujer sigue vigente.

 

* Como es usual en este espacio, la traducción de las frases entre comillas es mía.

 

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