
Abelardo Martín M.
Uno de los rasgos más comunes en todo tipo de discusiones y conflictos es, sin duda, el malentendido, es decir, lo que en una conversación se quiere decir en un sentido pero se entiende en otro, y lo que también se vuelve lo más frecuente, es que sea totalmente lo contrario del objetivo a alcanzar.
Los “malosentendidos” ocurren más frecuentemente de lo imaginable y son la causa de pleitos familiares, conflictos sociales o guerras entre países. Es famoso, inclusive, el papel que desempeñó el vocero presidencial Rubén Aguilar, para aclarar, todos los días, lo que su jefe Vicente Fox Quezada, quería dar a entender pero no atinaba a comunicar correctamente.
La comunicación institucional es un asunto complejo, nada sencillo, menos aún cuando hay confusión respecto del objetivo a conseguir. La mayor parte de los gobernantes persiguen se difunda el resultado de su trabajo, de su desempeño, cuando la comunicación social en sentido amplio persigue que los integrantes de una sociedad reciban la información que retroalimente su situación real. Los gobiernos buscan, con sus políticas y acciones de información, el reconocimiento personal de su trabajo, no la forma en que, con su desempeño, se logra dar orden, gobernanza y progreso a la sociedad que representa. Son dos objetivos totalmente diferentes, y el primero anula el segundo.
En el caso de México, los gobiernos priistas lograron que los medios de comunicación correspondientes a la época de sus gobiernos, se convirtieran en auténticos espejos del régimen en turno, con reflector casi único, especial, centrado y concentrado en el presidente. Eso generó un periodismo también enfocado en la figura del titular del poder ejecutivo, con la anulación consecuente de casi todos los demás actores no sólo del gobierno, sino de la sociedad en su conjunto.
En los últimos más de 30 años, radio, televisión y prensa escrita concentraron sus políticas de información en la figura del poder ejecutivo del gobierno. Cualquier intento de romper ese modelo, cuyo costo económico fue siempre cuantioso, desató el rechazo de los propios medios bajo la bandera de la libertad de expresión y la amenaza de la censura gubernamental.
Hoy vivimos un episodio más del grave problema de la comunicación social, el gobierno, los medios, los periodistas, opinadores y políticos que, en el río revuelto esperan, y desean, una ganancia que nada tiene que ver con las audiencias, con los consumidores de información. A la contaminada percepción social y la dinámica política del país, se añaden los ataques y los distractores provenientes desde Estados Unidos y de un mundo sumido en la desinformación, la confusión, las noticias falsas y todo ello con la esperanza de que los avances tecnológicos, con la “inteligencia artificial” como síntesis, no destruyan al hombre, a quien supuestamente todos quieren servir.
En este escenario, está por cumplirse el segundo aniversario del gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, cuyos resultados pueden pasar inadvertidos ante la algarabía generalizada y alimentada artificialmente. Como en los últimos seis sexenios, se elaborarán campañas de spots que resalten la figura presidencial y los resultados del gobierno, acciones que, hasta el cansancio, han demostrado su inutilidad salvo para que su protagonista tenga la percepción de que son eficaces.
La discusión de las últimas semanas después del Mundial de Futbol, es lo que se ha percibido como el intento del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, de coartar la libertad de expresión, cuando que las acciones legales que se busca implementar, tienen como propósito el respeto a las audiencias de los medios establecidos. Especialmente ha quedado al descubierto la forma cómo, con las nuevas plataformas y redes sociales hoy se organizan estrategias de desprestigio y ataque a personas o gobiernos.
A ese fenómeno hizo alusión la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, pero su exposición fue tan improvisada y mal presentada que terminó por causar un resultado contrario al que se pretendía. En vez de transmitir cómo se lleva a cabo el uso y abuso de bots y redes para magnificar críticas y descalificaciones contra el gobierno, lo que propició es que por la manera en que se particularizaron y enlistaron exhaustivamente casos y repercusiones, una parte importante del viejo gremio periodístico se sintió exhibido e incluso amenazado. Ahora se habla de listas negras y se hacen comparaciones con los peores regímenes de la historia contemporánea. Para casi nadie es ajeno que la gobernanza requiere de una política de comunicación bien diseñada y aplicada, y no de ocurrencias sin concierto que pueden causar un efecto de búmeran.
En ésas estábamos cuando la noticia de la revocación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán, uno de los hijos del expresidente López Obrador, alborotó el ya muy revuelto gallinero, y terminó por enturbiar el debate público. Salta a la vista que el gobierno del presidente estadunidense, Donald Trump, busca reivindicarse con algunos sectores de su pueblo con aparentes acciones en nombre de la seguridad regional y el combate al crimen organizado. Lo está haciendo desde distintos flancos y esa política continuará mientras el viejo empresario neoyorquino siga en la Casa Blanca porque, como él mismo lo ha anticipado, no solamente pretende mantener la mayoría legislativa en las elecciones de fin de año, sino que buscará su propia reelección.
Frente a ello, un gobierno exitoso requiere posicionar sus avances. Lo intenta personalmente la Presidenta, pero el ruido mediático y digital bloquea y minimiza el mensaje. En distintos momentos, sobre los temas relevantes se ha informado con detalle y vale la pena intentar un recuento somero:
–La violencia viene a menos y uno de sus indicadores principales, los homicidios dolosos, se han reducido prácticamente a la mitad de las cifras que teníamos al iniciar el actual sexenio.
–Se han dado golpes muy fuertes a la delincuencia organizada y se han decomisado cantidades sin precedentes de drogas y combustibles ilegales. El hecho más reciente, por cierto, ocurrió el fin de semana frente a las costas de Guerrero, donde la Marina aseguró una embarcación que transportaba casi dos toneladas de cocaína, con un valor superior a los 400 millones de pesos.
–Hay una recuperación económica, y como aspecto más importante, el salario mínimo y en general el ingreso de los trabajadores ha tenido un repunte que ha revertido en forma espectacular lo ocurrido desde fines del siglo pasado y hasta la década pasada. Derivado de ello, la moneda nacional mantiene una notable estabilidad, mientras crece la producción, la inversión y el empleo.
–Se han ampliado los programas de bienestar y los derechos sociales, que ahora están protegidos constitucionalmente.
–En materia de salud a la fecha se han inaugurado 32 nuevos hospitales en lo que va del régimen, es decir, uno cada tres semanas; dicho de otra forma, en promedio cada entidad del país cuenta ahora con un nuevo nosocomio.
–Están en marcha proyectos prioritarios de construcción de rutas de ferrocarril y nuevas carreteras, así como para proteger y utilizar con racionalidad y eficacia los recursos hídricos.
–En Guerrero, una noticia relevante es que como resultado de una acción coordinada de diversas dependencias federales y estatales, la mayoría de las familias desplazadas en los meses anteriores de comunidades de la Montaña alta y baja de la entidad, han regresado a sus hogares y no se observan nuevos desplazamientos, lo que es una muestra de que hay un proceso de recuperación de las condiciones de paz y seguridad en la región. No es un logro menor, en una zona históricamente marginada y golpeada por la miseria y la violencia, a la que ahora se procura con acciones en educación, salud, vivienda, caminos, empleo y bienestar.
Aún falta mucho por hacer, en el ámbito local y nacional, pero es en estos rubros en que es necesario poner en énfasis, y no hacernos bolas con el ruido digital, ni tampoco con las discusiones que generan mucho bla bla bla, ríos de tinta y papel, pero con un vacío porque tienen como objetivo el victimizarse y obtener trato o lugares privilegiados en la sociedad, lejos de atender y servir las verdaderas necesidades de información oportuna, verídica y atractiva.


