El día en que visitó a su hermano Antonio en el Centro de Rehabilitación Social Varonil de Atlacholoaya, en Morelos, poco después de su detención en 2001, Nelly Barragán Carrasco lo encontró con los pies morados y las uñas de los pies negras por las agujas que le habían enterrado durante las torturas. Él, que había sobrevivido a la masacre de 17 campesinos cafetaleros por la policía del estado de Guerrero en el vado de Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez, no podía ni caminar.
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