6 julio,2022 5:06 am

Argentina en el ojo del huracán

Gaspard Estrada

 

La renuncia el pasado sábado del ministro de economía de Argentina, Martín Guzmán, cimbró el gobierno de Alberto Fernández, y dejó en evidencia su fragilidad política de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. No solamente frente a la oposición de derecha, sino, ante todo, frente al poder de la vicepresidenta y ex presidenta de Argentina, Cristina Kirchner.

Para entender la magnitud de lo sucedido el fin de semana pasado en Buenos Aires, es necesario voltear hacia atrás y explicar las condiciones políticas y económicas de la llegada al poder de Alberto Fernández –y de su entonces ministro de economía, Martín Guzmán.

Tras el desastre de la política económica de Mauricio Macri, que apostó al endeudamiento externo para equilibrar las cuentas públicas, lo que terminó produciendo una operación de rescate financiero monumental de parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2018 (se trata del programa de rescate económico más importante realizado por el FMI desde su fundación), Argentina vive en la incertidumbre. La debacle del gobierno de Macri pavimentó la llegada al poder de Alberto Fernández. Este último se comprometió a poner orden en las cuentas públicas del país, y a cambiar la lógica de la negociación de la deuda, tanto con los acreedores privados, como con los públicos (FMI y Club de París, principalmente). Para ello, buscó a un joven economista de la universidad de Columbia en Nueva York, especialista en temas de financiamiento de deuda, Martín Guzmán. Sobre todo, Guzmán era uno de los discípulos del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, lo que le daba acceso a toda una serie de contactos académicos, políticos y económicos a nivel internacional. En este sentido, la entrada de Guzmán al gobierno de Fernández le permitió a este último disponer de esos contactos en su batalla política, económica y mediática frente a los acreedores públicos y privados.

Como en la mayoría de los países del mundo, la llegada de la Covid tuvo un impacto decisivo en las políticas gubernamentales. En el caso argentino, la pandemia comenzó justo en el momento en el que Fernández y Guzmán comenzaban a renegociar la deuda pública y privada. A pesar de ello, Argentina pudo salir adelante, en parte gracias al respaldo europeo al gobierno de Fernández y a los contactos internacionales de Guzmán (El Papa Francisco también jugó un papel destacado en el acercamiento entre el gobierno argentino y el FMI, al convocar a una serie de reuniones discretas en el Vaticano a la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, y al entonces ministro Martín Guzmán). Así fue como después de dos años de negociaciones con los fondos internacionales, y con los países controladores del FMI y miembros del Club de París, Argentina pudo finalmente firmar sendos acuerdos de renegociación de la deuda pública y privada. En otras latitudes, estas victorias económicas y políticas hubieran provocado réditos políticos para el titular de la cartera de economía.

No fue el caso de Martín Guzmán. En efecto, el saldo de la Covid en Argentina fue muy significativo. Pero la respuesta a esta situación inédita no se encuentra en la situación sanitaria, sino en el plano político. El gobierno de Alberto Fernández ha estado parasitado desde el principio por la disputa de poder entre el presidente y su vicepresidenta, Cristina Kirchner. Esta última entendió, antes de la elección presidencial de 2019, que no lograría obtener más del 50 por ciento de los votos necesarios para vencer en una segunda vuelta presidencial. Para ello, nombró a Alberto como candidato a presidente, reservándose para ella el puesto de vicepresidenta. Su problema es que Alberto Fernández no tiene el temperamento político de un títere. Para él, el principal desafío político de su gobierno era no solamente obtener éxitos en el terreno económico –gracias, en particular, al trabajo de Martín Guzmán–, sino generando un espacio político propio en el gobierno, para progresivamente extender su poder, y disminuir en la misma medida la influencia de Cristina Kirchner, de cara a las elecciones presidenciales de 2023.

Sin embargo sucedió lo contrario. Kirchner ha logrado imponerse frente a Fernández, y la situación económica no deja de empeorar. En este sentido, la salida de Guzmán es una mala noticia para el gobierno de Alberto Fernández, y peor aún, para el futuro de Argentina.

 

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París

 

Twitter: @Gaspard_Estrada