
Octavio Klimek Alcaraz
De acuerdo con un estudio que fue publicado en la revista científica Nature Plants el jueves 25 de febrero de 2025, el tamaño medio de los árboles en la Amazonia ha crecido cada diez años un 3.2 por ciento, por década más que en el periodo comparable anterior. Simultáneamente, el número de árboles grandes se incrementó. Lo que representa una respuesta “consistente” a los niveles crecientes de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera (https://www.nature.com/articles/s41477-025-02097-4).
Estudios anteriores de la red RAINFOR (Amazon Forest Inventory Network), que es una colaboración internacional de un centenar de investigadores enfocados en examinar y monitorear las selvas tropicales amazónicas a través de parcelas permanentes con el fin de comprender su rol en el almacenamiento de carbono, la biodiversidad y las repercusiones del cambio climático, habían evidenciado que la Amazonia captura grandes volúmenes de carbono que, de otro modo, estaría presente en la atmósfera. Sin embargo, este estudio presenta un hallazgo novedoso: el crecimiento del tamaño de todos los estratos forestales. Se conocía, que la cantidad total de carbono almacenado en los árboles de las selvas amazónicos intactos ha aumentado, lo que muestra este nuevo estudio es que todos los tamaños de árboles han crecido más en el mismo periodo, que toda la selva ha cambiado. Asimismo, el estudio también ha constatado que, a medida que los árboles más grandes han crecido más, han dominado la competencia por los recursos en su zona.
Los investigadores han estado monitoreando áreas de selvas tropicales maduras durante más de tres décadas, en un periodo en el que las concentraciones de CO2 han crecido casi un 20 por ciento. En cada porción de terreno, se mide el diámetro de los árboles y determina su especie. Luego, se ha retornado en varias ocasiones para evaluar el progreso de cada árbol y ver cómo evolucionan.
Así, tras medir la evolución de los árboles a lo largo de tres décadas en 188 parcelas tropicales, un grupo internacional de científicos compuesto por más de 60 universidades del Reino Unido y América del Sur ha obtenido esta conclusión. Los datos muestran que, en los bosques tropicales del Amazonas, el tamaño promedio de los árboles (tanto grandes como pequeños) ha crecido ininterrumpidamente durante ese periodo.
Los autores señalan que sus resultados son coherentes en toda la selva amazónica, no únicamente a nivel local o regional. No obstante, el crecimiento de los árboles grandes ocurre a costa de los árboles más pequeños, que son suprimidas o desplazadas por especies más altas: estas últimas ganan la lucha por la luz solar y el agua y suprimen a las plantas más bajas, cuya población tiende a disminuir en las parcelas experimentales. No obstante, los árboles más pequeños, de manera autónoma, también incrementaron su biomasa: el diámetro de su tronco se amplió en la misma medida, a pesar de que su cantidad decreció.
Se evidenció que la estructura de los bosques amazónicos está experimentando transformaciones, lo cual tiene un impacto significativo en su funcionamiento y resiliencia. Los resultados pueden ser considerados como un ejemplo de la capacidad de resistencia de los bosques amazónicos, pues evidencian que las repercusiones del cambio climático en los árboles más grandes se han visto superadas por los efectos de la fertilización con CO2. Aún está por determinarse si estos beneficios serán suficientes para mitigar el incremento pronosticado de los riesgos climáticos para los árboles más grandes, que son más vulnerables al viento, la sequía, el calor y los rayos.
Recuérdese que la selva del Amazonas ha sido impactada de manera recurrente por sequías severas en los años recientes; además, la frecuencia más alta de tormentas ha causado que caigan árboles con mayor regularidad. No obstante, más allá de la destrucción de grandes áreas de la selva del Amazonas, su fragmentación y el propio cambio climático, los árboles en las selvas intactas del Amazonas han experimentado un mayor crecimiento; en consecuencia, los árboles más grandes han continuado creciendo a pesar de estas amenazas.
Sin embargo, el crecimiento de estos árboles gigantes no es suficiente para detener el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Esto se demuestra por las crecientes concentraciones de CO2 en el aire. Una mejor protección de las selvas de la Amazonia podría al menos frenar este crecimiento.
Un riesgo es que los árboles grandes y robustos, muchos de centenares de años de crecimiento, son los objetivos predilectos de los madereros que buscan madera preciosa. Si se talan, las especies pioneras de rápido crecimiento llenan el vacío, pero se necesitan décadas o incluso siglos para que los nuevos árboles gigantes almacenen una cantidad de carbono similar a la de los talados. Es decir, los grandes árboles simplemente no pueden ser sustituidos por reforestación y esperar que proporcionen beneficios similares a los de carbono o biodiversidad que brinda el bosque natural antiguo. Además, muchas de las zonas afectadas son destruidas e incendiadas tras la tala de los árboles más valiosos para dar paso a pastizales para el ganado.
El aporte del estudio es la importancia vital para saber lo que les pasa a los árboles grandes, entre otras cosas, cómo enfrentan las amenazas climáticas en aumento y consiguen dispersar sus semillas. Los árboles gigantes sólo podrán seguir siendo saludables si el ecosistema de selva de la Amazonia se mantiene conectado. La deforestación es un importante multiplicador de amenazas y si se permite, los matará.
La influencia del CO2 en promover el crecimiento sigue vigente, lo cual demuestra la destacada resistencia de estos bosques, al menos por el momento, a pesar de las preocupaciones de que el cambio climático pueda afectar negativamente a los árboles amazónicos y atenuar el efecto del sumidero de carbono.
Sin duda alguna los resultados de esta investigación enfatizan cuán significativos son las selvas tropicales para los esfuerzos permanentes en la mitigación del cambio climático de origen humano. Además, de proporcionar información relevante para la COP30, que se llevará a cabo en Brasil a fines de este año.


