
Adán Ramírez Serret
Una de las obsesiones de los artistas en la modernidad es descubrir su ascendencia o acaso su falta de ella. Pienso acaso desde el siglo XIX en Dickens y su deliberadamente apócrifa autobiografía David Copperfield contando la vida de un joven que en muchos sentidos es él o su parte ideal o acaso Rimbaud del otro extremo, cuando dice que no tiene ningún antepasado en toda la historia de Francia.
Ser un artista ya no sólo es hacer obras de arte, poemas, novelas, etcétera, es también inventar a quien las hace. Así, con el transcurso del siglo XX, vinieron algunas novelas de formación como El retrato del artista adolescente, de James Joyce, y después algunas obras menos poéticas en la superficie y más existenciales en el fondo como En el camino de Kerouac o Queer de Burroughs, obras en donde había una invención tan esencial del autor que personaje de ficción y artífice se fundían en uno mismo.
Una última gradación de esta inventiva de crearse como artista que viene a la mente, es la de Robert Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, quien no solamente usó el coloquial Bob y adoptó el nombre del poeta galés Thomas, sino quien también durante toda su carrera se ha dedicado a construir mitos sobre sus orígenes, padres, ciudad, juventud y demás y quien cada que la fama lo ha requerido ha buscado diferentes ascendencias musicales o culturales.
Pienso en esto por la flamante novela de Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985) quien goza de un enorme prestigio en la literatura norteamericana y, ahora, con su quinta y más reciente novela, Biografía de X, descubro las razones por las cuales su literatura ha causado tanto revuelo.
La novela comienza por estar en ese territorio tan conocido ya por el cine y la literatura del Nueva York de los artistas, no aquel de Scorsese en Taxi driver sino más bien el de Woody Allen o el de Paul Auster en donde estamos en edificios inmensos, viejos y destartalados, pero poéticos y acogedores y en donde la ciudad es un laberinto en el que se respira el neuma que dejan las bellas y excéntricas galerías, los cafés llenos de artistas y los parques y bibliotecas plagados de personas con un libro, una pluma y un cuaderno bajo el brazo. La autora conoce y recrea bien este escenario, pero a diferencia de muchas otras obras este no es un fin sino un comienzo, un punto de arranque para la historia que nos va a contar. Esta es la de un artista que acaba de morir, fue famosa e iconoclasta al grado que llevó por nombre X. Su prestigio y reciente desaparición llevan a un crítico y a un editor a escribir y publicar una biografía sobre ella, lo cual es el detonante para que su viuda tome cartas en el asunto; pues tras estar en desacuerdo con la publicación y luego de no poder detenerla, una vez que se enfrenta a la biografía de su esposa recientemente muerta se pone a leerla de manera frenética y de un solo golpe, tras lo cual decide que lo único que puede, lo que absolutamente le queda por hacer, es escribir la biografía de su esposa que acaba de morir y de la cual, descubre con sorpresa, no sabe absolutamente nada.
A partir de aquí se comienza a descubrir una novela cada vez más compleja en donde la ficción toma más y más las riendas. La novela está plagada de notas, de referencias al pie que indican las fuentes de donde proviene lo que leemos, pero, a la manera sofisticada de Borges y después a la manera estrambótica de David Foster Wallace aquella realidad neoyorkina es invadida en cuanto más se investiga sobre X, quien nació en el Territorio del Sur, ese lugar que después de 1945 dividió con un muro inmenso a los Estados Unidos del sur con el norte. Sí, la novela deconstruye la historia y fabula una en donde el país fue dividido por razones ideológicas y en el sur son profundamente religiosos a un grado puritano extremo y en el norte socialdemócratas. La política, entonces, penetra la fábula, esta de la artista es cada vez más la historia de un país, y, me pregunto qué tanto es una biografía velada, trastocada y soterrada de la misma Catherine Lacey, y, por qué no, de todo un país que se obstina por no dialogar.
Catherine Lacey, Biografía de X, Ciudad de México, Alfaguara, 2024. 447 páginas.


