
Ciudad de México, 18 de noviembre de 2019. Ni el cansancio resultado de un sábado de fiesta intensa ni los pronósticos de lluvia más altos que los del día anterior empañaron la jornada del domingo en el Corona Capital.
El flujo de asistentes fue menor en las primeras horas, pues muchos necesitaban reponerse tras haberse entregado a la explosión de bandas como The Strokes y Weezer.
El pasto en el Autódromo Hermanos Rodríguez sirvió a la gente para sentarse a descansar y ver actos como los de The Raconteurs y Bloc Party, mientras disfrutaban cervezas.
El cielo nublado no intimidó, pues varios llegaron con ropa ligera, ya que preveían el calor que se desataría entre escenarios.
Los fans que esperan ver a Billie Eilish en el Corona Light escuchan y disfrutan, aunque sea en bajito, los éxitos de Bloc Party, quien se presentaron en el escenario Corona.
El sábado le tocó a The Strokes apagar las velas del “pastel” que significó el festejo del Corona Capital Capítulo 10.
Los guitarrazos del quinteto neoyorquino, combinados con la voz de Julián Casablancas, desataron una fiesta incontenible entre la gente que los esperó por horas en el escenario principal, el Corona, pues saltaban, bailaban y explotaban de alegría donde aparentemente no cabía ni un alma adicional.
Pasión, furor, éxtasis… todos los ingredientes se mezclaban en el aire ante la sacudida de su hit You only live once. Y sí, las 95 mil personas que acudieron cada día, cifra oficial según OCESA, gozaron el momento al máximo.
El público interrumpió la música para corear el nombre del grupo, pero eso confundió al frontman.
“No hablo español, así que entendí que dicen que apesto”, bromeó Casablancas, y luego le gritaron una palabra que sí entendió: Reptilia.
La banda aceptó el reto y brindó el esperado éxito, aunque no hubo canción que no fuera recibida con júbilo. Lo sorprendente fue que recortó media hora su show: salió 10 minutos tarde y concluyó a las 11:40 de la noche, en vez de a la medianoche.
La tarde del sábado el frío fue rebasado por la energía que irradiaba la gente en el Autódromo Hermanos Rodríguez ante actuaciones prendidas como las del dueto neoyorquino Sofi Tukker, cuya cantante incluso se lanzó a los brazos de los chavos, que la recibieron jubilosos.
Durante varios minutos, en los lapsos entre cada artista, hubo empujones por llegar hasta adelante para ver los actos principales, lo que incluso provocó que más de una adolescente se desmayara y fuera evacuada por la valla delantera.
Pero la espera era recompensada, como cuando subió Franz Ferdinand y entregó Do you want to, Love illumination y Take me out.
Alex Kapranos, vocalista del grupo escocés, habló principalmente en español, aunque se limitaba a agradecer y pedir a la gente que gritara más fuerte, lo que conseguía al llamarlos “mis amigos” y “cabrones”.
En los minutos de calma entre empujones, el staff obsequió agua a quienes tenían vasos o botellas, que eran pasados de mano en mano; la mayoría de quienes lo pasaban, aprovechaban para beber, así que la escena se convirtió en una especie de espectáculo mientras ocasionalmente se prendían cigarros de mariguana en el anonimato de la multitud.
El descontrol de emociones comenzó poco antes con The B-52’s también en el escenario principal, que provocó la locura cuando cerró su acto con Rock lobster y puso a todos a saltar.
La agrupación, que perdió las figuras esbeltas que presumía hace 40 años pero que brilló con atuendos de lentejuelas, entregó éxitos que demostraron ser inmortales, como Love shack y Private Idaho.
“¡Ay, no!, ¡me encantan! Es como si viera a mi abuelo”, decía una fan mientras veía bailar al cantante Fred Schneider, quien junto a sus compañeras, Kate Pierson y Cindy Wilson, presumió sus mejores pasos.
Texto: Mauricio Ángel / Agencia Reforma / Foto: Twitter


