8 enero,2025 8:52 am

Ciudad Renacimiento, promesa incumplida de un asentamiento con servicios públicos

 

Acapulco, Guerrero, a 8 de enero de 2025.-  La periférica colonia Ciudad Renacimiento, una de las seleccionadas para la aplicación de la nueva estrategia de seguridad federal, es la promesa incumplida del gobierno de un asentamiento urbano con servicios públicos, porque hace falta constantemente el agua potable, el drenaje colapsa, hay basura en las calles y se va la luz frecuentemente.

Creada en 1980 durante la gubernatura de Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981), la colonia fue habitada al principio por miles de vecinos desplazados de las colonias altas del anfiteatro, a quienes se les prometió tener una mejor vivienda y servicios públicos en comparación con donde vivían.

Sin embargo, 44 años después, Ciudad Renacimiento es la residencia de muchas familias de escasos recursos económicos que padecen la falta de los servicios básicos y viven entre aguas residuales, calles polvorientas y hechos violentos.

El Sur hizo un recorrido en algunas calles de este asentamiento urbano que se encuentra a un costado del bulevar Vicente Guerrero y que desde el auge de la narcoviolencia en 2006 ha sido constantemente señalado como uno de los puntos rojos del municipio.

En la esquina del Circuito Interior Renacimiento y el andador Ejido Barra Vieja se encuentra una casa abandonada, dos de sus paredes al exterior son de madera, vestigio del material con el que fueron construidas las primeras casas de Ciudad Renacimiento en 1980.

El 1 de abril de aquel año, recuerda el académico Juan Manuel Ramírez Saíz en un artículo sobre el Consejo General de Colonias Populares de Acapulco (CGCPA), el priista Figueroa Figueroa anunció el desalojo de 125 mil colonos por contaminar la bahía, muchos resistieron y otros se cambiaron.

Uno de los primeros vecinos que llegó a Ciudad Renacimiento fue Ángel Flores, quien vive en el andador Huehuetepec, a unos 50 metros del Circuito Interior Renacimiento, a donde llegó a la edad de 38 años junto con su familia.

Él vivía en la colonia Hermenegildo Galeana, en la parte alta de la colonia de clase media alta Costa Azul, pero en noviembre de 1980 trasladó todas sus pertenencias hacia la nueva colonia en una camioneta del Fideicomiso Acapulco con la promesa de que ahí viviría mejor.

Al llegar no había calles pavimentadas ni agua potable y tampoco energía eléctrica, el gobierno le dio un martillo, unos clavos, láminas, serruchos y cáscara de madera para construir una pequeña vivienda.

Los nuevos vecinos fueron instalados conforme a sus colonias de origen, por eso Ángel vive cerca de la calle Hermenegildo Galeana, otras calles de alrededor se llaman Icacos, Alta Cuauhtémoc, María de la O, entre otras.

El informe final del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico (MEH) estima que el desalojo violento de las colonias del Anfiteatro afectó a 30 mil personas de desplazamiento forzado y entre las autoridades responsables está el entonces alcalde de Acapulco, Amín Zarur Ménez; el representante de la Secretaría de Gobernación en el estado, Efrén Leyva Acevedo, la Policía Judicial, la Policía Montada y la Policía Auxiliar del estado.

El 11 de junio de 1980 llegó Alfreda García a Renacimiento proveniente por igual de la colonia Hermenegildo Galeana, tenía 27 años y recordó alegremente que el Fideicomiso Acapulco le entregó las escrituras de sus casas.

Dijo que los servicios básicos fueron instalados en menos de un año y la pavimentación de la calle en menos de dos años después de que los vecinos se organizaron y protestaron.

No sufrían de agua porque prácticamente todos tenían un pozo y les fueron construidas fosas sépticas y donados unos retretes de cemento instalados en plena calle, uno que otro todavía sobrevive en los callejones de Renacimiento.

La señora de 71 años vendía roscas de reyes este lunes en Circuito Interior, a unos metros se encuentra una pequeña cruz que recuerda el asesinato de un vecino suyo también comerciante.

No tan lejos de esta parte de la colonia está la parroquia San Francisco de Asís, que originalmente era una pequeña galera con techo de láminas donde se congregaban los vecinos de este nuevo asentamiento urbano.

Mientras barría la banqueta, Juan contó a El Sur que tenía 15 años cuando su familia llegó a Ciudad Renacimiento, donde todo era lodo, inmensos terrenos de pantano y huertas que cuando llovía se hacían lodo y los cubría hasta las rodillas.

Afirmó que muchos obtuvieron un predio en Ciudad Renacimiento, pero lo vendieron y se regresaron a sus casas originales.

El investigador del Instituto Tecnológico de Acapulco (ITA), Carmelo Castellanos Meza, estima en un estudio que el 40 por ciento de las familias reubicadas “regresó a vivir al asentamiento de donde fueron desalojados, esto debido a las condiciones de la vivienda asignada, toda vez que la construcción inicial no estaba concebida como un producto terminado y contaba con un espacio unitario en el que la familia realizaba las funciones básicas de dormir, comer, cocinar y estar”.

La familia de Juan se trasladó a la colonia periférica porque el gobierno les prometió un terreno con todos los servicios públicos, los cuales llegaron, pero actualmente están inservibles, por ejemplo, el drenaje colapsó en los últimos días del año pasado y cubrió una parte de esta zona de Acapulco.

Juan consideró que la gente aprendió a vivir así, los problemas de falta de agua e inseguridad no son exclusivos de Ciudad Renacimiento, sino que están en todas partes de Acapulco.

Enfrente de donde barría Juan el polvo que está en todas partes, se encuentra la Casa del Día Rosita Salas, uno de los pocos espacios públicos de esparcimiento focalizado en los adultos mayores, y a un costado se encuentran varias casas que fueron construidas dentro de lo que era el terreno del CICI.

La pérdida de terreno asciende alrededor de un 40 por ciento del predio original, calculó Eduardo López Sotelo, quien llegó a Ciudad Renacimiento en 1985 y ofreció dar un recorrido por toda la manzana que conforma el CICI para demostrar que los habitantes de esta colonia tienen menos áreas verdes, otro lugar de esparcimiento es la Unidad Deportiva Jorge Campos.

Al otro extremo, por donde pasa la ciclovía construida en 2023 y que ningún ciclista utiliza, los militares ocupan un gran espacio del CICI, que hasta hace unos meses estaba cerrado porque la Guardia Nacional se instaló en todo el terreno conformado por canchas y albercas.

Actualmente, la corporación policiaca creada en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ocupa las viejas instalaciones de Global Jeans en la avenida Juan R. Escudero, maquiladora que inició operaciones en 2000 y cerró en 2007; alrededor se ven varias casas abandonadas.

Cuando llegó Eduardo López a Ciudad Renacimiento la colonia todavía estaba en condiciones precarias, empezó a urbanizarse a partir de la década de 1990 con la generación de los hijos de los primeros habitantes, quienes se convirtieron en profesionistas y mejoraron las casas.

El médico de profesión aseguró que la colonia resultó atractiva durante algunos años incluso para la clase media, profesores de las escuelas de los distintos niveles educativos instaladas en esta zona, entre ellas Cetis, Conalep y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), decidieron vivir cerca de su centro de trabajo, pero muchos se fueron con la inseguridad.

Eduardo López fue delegado municipal en 1988 y observó la invasión de los espacios destinados a áreas verdes, canchas y estacionamientos para construir más casas, todo con la complacencia de Fideicomiso Acapulco, los gobiernos municipales y líderes de colonos.

El artículo académico Turismo y contaminación ambiental en la periferia urbana de Acapulco: Ciudad Renacimiento, muestra datos de la contaminación en la colonia y plantean que el gobierno concibió al turismo como instrumento de desarrollo económico, entonces no se pensó que mediante el diseño urbano de la colonia “se afectaría toda la zona de reserva natural del Valle de la Sabana, tampoco se comprendió el impacto de los vertidos de los asentamientos localizados en las partes altas”.

El proyecto no resolvió la justificación inicial de contaminación de la bahía y terminó “por deteriorar el medio ambiente y ampliar la brecha social entre las zonas turísticas y urbanas”, afirman los investigadores del ITA y la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).

El recorrido en las calles cercanas al bulevar Vicente Guerrero y Hermenegildo Galeana reveló las malas condiciones, pero la salida del Circuito Interior mostró que los vecinos de calles más pegadas a los canales y el río de La Sabana se encuentran en una situación peor de pestilencia, basura y aguas residuales.

El canal Arroyo del Perro es una fluidez de aguas negras que arrastran colchones, latas, plásticos y diversos desechos provenientes de otras colonias, el olor se vuelve enfermizo; el canal conocido como Del Rastro, porque por ahí se encontraba, padece la misma situación.

Las personas caminan a un costado de estos canales y otras aguantan el mismo paisaje gris cuando cruzan el puente para ir a la colonia La Frontera, creada por la llegada de más vecinos que ya no lograron conseguir un terreno en Ciudad Renacimiento.

Para muchos vecinos que van y vienen entre las dos colonias contiguas es mucha vuelta ir hasta el puente, entonces cruzan el pestilente río en una pequeña panga arrastrada por jóvenes, quienes cobran cinco pesos a costa de su salud por la aparición constante de hongos y de enfermedades de la piel. Son visibles aún los estragos de los huracanes Otis y John con calles y muros de contención afectados.

Texto: Ramón Gracida Gómez / Foto: Carlos Carbajal