22 octubre,2023 8:45 am

Con el mejor ojo clínico para la detección del cáncer de mama

 

Ciudad de México, 22 de octubre de 2023. Desde los 90, el sueño de la doctora Magaly Garza era poner en marcha un Centro de Imagen Diagnóstica de Mama, porque no había en la Monterrey ni en el país.

Ella deseaba que, en un mismo lugar, las mujeres pudieran recibir un diagnóstico temprano a través de estudios de imagen como la mamografía, el ultrasonido y la resonancia magnética, y que pudieran confirmarlo rápidamente con una biopsia percutánea (cerrada) guiada por imagen.

“Fui de los primeros médicos radiólogos en la ciudad en hacer este tipo de biopsias, de lesiones muy pequeñas, no palpables, visibles sólo en la mamografía o el ultrasonido, utilizando anestesia local para extraer tejido de los nódulos sospechosos con agujas gruesas y dispositivos automáticos”, comparte Magaly, radióloga especialista en imagen de mama.

“Yo empecé a decirle a los cirujanos: ‘No la operes, déjame primero hacerle la biopsia percutánea para comprobar si es un cáncer, y con más información del tamaño exacto puedes planear mejor el tratamiento quirúrgico correcto'”.

Es que en ese tiempo, añade, las pacientes debían pasar por el quirófano para tener un diagnóstico exacto, lo cual resultaba muy costoso y con frecuencia quedaban cicatrices extensas o defectos cosméticos relevantes.

Pero tuvieron que pasar casi 10 años para que el sueño de Magaly se materializara.

En el 2006, el director del Hospital San José, que había escuchado de su trabajo, le ofreció crear el Centro de Imagen Diagnóstica de Mama, que luego encabezaría y se convertiría en el primero en su tipo en el país.

“Imagínate que alguien te dice: ‘¿Cuál es tu sueño?’, ¡y te lo cumple!. Recuerdo que llegué a la casa y brinqué de la emoción”.

Por supuesto, consolidarlo requirió de romper paradigmas y trabajar arduamente para ganar la confianza de pacientes y médicos.

La doctora María Dolores Putz fue fundamental en el equipo de expertas que se unió a la tarea. La radióloga especialista en imagen de mama es directora del Centro de Mama del Hospital Christus Muguerza Alta Especialidad y describe a Magaly como una gran maestra, médica y amiga.

“Es pionera en la detección oportuna de cáncer de mama por imagen en la República Mexicana. Es generosa con sus conocimientos, apasionada por su labor y muy dedicada, cálida y empática con sus pacientes”.

La doctora Magaly instituyó el Curso de Alta Especialidad en Imagen Mamaria, avalado por el Tec de Monterrey, del que es profesora titular desde el 2012. Ahí prepara generaciones de expertos en esa área, tan necesarios en nuestro país.

Otro proyecto vanguardista del TecSalud llegó en el 2016: el Centro de Cáncer de Mama del Hospital Zambrano Hellion, que reúne en un solo piso a un equipo multidisciplinario de especialistas relacionados con este padecimiento, incluyendo como parte primordial la detección temprana por imagen, que Magaly dirige en la sección de Imagen Diagnóstica.

“Aquí, las mujeres son diagnosticadas por un médico radiólogo experto y reciben atención inmediata para iniciar su manejo con el resto de los especialistas cirujanos y médicos oncólogos”, detalla la especialista, de 64 años, de cabello platinado y ojos expresivos.

“Me llena de orgullo y satisfacción formar parte de este Centro: no existía uno así en el país, y cuento con mi invaluable equipo de radiólogas expertas que me han acompañado por más de 16 años: Nancy Garza, Marianela Guerrero, Diana Rodríguez y Jessica Dávila”.

La doctora Nancy Garza considera que es admirable cómo Magaly ha defendido la especialidad.

“En el norte, los radiólogos especializados en imagen de mama tenemos un lugar. Los médicos toman mucho en cuenta nuestra opinión porque desde que ella empezó se ha ido ganando esa confianza con su conocimiento y destrezas.

“Desde que no había tecnología tan avanzada era capaz de encontrar cánceres milimétricos que quizás otros no podían ver, porque es analítica y muy comprometida, además de que siempre tiene las palabras exactas de esperanza para las pacientes”.

Otra de sus pasiones es la academia.

“Sigue formando nuevas generaciones porque desea transmitir su legado y entrega por la imagen diagnóstica de mama”.

***

Sencilla y afable, Margarita Lilia Garza Montemayor es más conocida como Magaly porque su madrina de bautizo quiso llamarla así, y sus padres estuvieron de acuerdo.

Nació en Hidalgo, Nuevo León, y es la séptima de los 11 hijos de Valentín Garza y Lilia Montemayor.

Ingresó a primaria a los 5 años y terminó la secundaria a los 13, y como en Hidalgo no había preparatoria, la inscribieron en la Universidad Regiomontana, a donde se trasladaba a diario en camión. Cada trayecto era de una hora y media.

Su papá no estaba de acuerdo, pero su mamá, un maestro y la directora de la secundaria lo convencieron, porque Magaly era muy aplicada.

En cuanto a su vocación por la medicina, surgió un verano de secundaria, en el que leyó casi completa una Enciclopedia de la Salud, de Selecciones.

“Recuerdo estar sentada en la sala leyendo y oyendo discos en la consola, y me dije: ‘Yo voy a ser doctora'”.

En 1975 entró a la Facultad de Medicina de la UANL. Pensaba que después estudiaría Pediatría, pero cambió de opinión en su residencia rotatoria, porque sufrió mucho cuando murieron dos pequeños pacientes con los que se había encariñado.

Luego, como le tocaba llevar a los bebés al área de diagnóstico radiológico, descubrió la fluoroscopía, el ultrasonido y la tomografía computada. Participaba en los estudios y le gustaba escuchar cómo los especialistas discutían sobre el diagnóstico.

“Ahí fue donde dije: ‘¡Me encanta!’. El médico que realmente sabe qué tiene el paciente y puede verlo todo por dentro es el radiólogo, y decidí estudiar Radiología”.

Antes, se casó con Alejandro Marfil, quien estudiaba Neurología y con quien tiene dos hijos. Él ha sido su apoyo y compañero de vida durante 40 años.

Magaly relata que en su rotación en Radiología estuvo en diversas áreas, hasta que llegó a mamografía.

“Veíamos las placas en un negatoscopio especial, usábamos una lupa y buscábamos signos de sospecha de cáncer. Estudiábamos mucho e interpretábamos las mamografías”.

Un día de 1985 descubrió un cáncer de 5 milímetros -un grupo de calcificaciones que simulaban granitos de sal-, y tuvo que convencer al cirujano de que, aunque apenas era visible con la lupa, estaba ahí.

“El doctor me dijo: ‘¿Cómo me asegura que sí es cáncer? ¿Cómo voy a encontrarlo en el quirófano?’, y yo le contesté: ‘Puedo guiarlo colocando una aguja en el sitio de las calcificaciones, orientándome a través de la mamografía’.

“No teníamos las agujas especiales ni el equipo de esterotaxia de ahora. Hacíamos lo mejor posible con lo que teníamos a la mano, y cuando sale el resultado, que fue un cáncer microscópico (in situ), el doctor fue a felicitarme y la sonrisa de satisfacción me duró todo el día”.

La doctora también cursó la subespecialidad en Ultrasonido y la terminó en 1987, casi al tiempo en que nació su primer hijo, Braulio Alejandro.

Por trabajo, se mudó con su familia a Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua y, al año, regresó a Monterrey porque a su esposo le ofrecieron ser profesor de posgrado en el Hospital Universitario.

“Yo empecé a trabajar como radióloga en el Hospital Muguerza y me dediqué a la resonancia magnética más de ocho años. Me fascinaba y aprendí muchísimo”.

Pero la crisis de 1994 fue una época muy difícil, hubo despido de personal médico y la pusieron a cargo del área de mamografías.

Para actualizarse acudió al Sylvester Comprehensive Cancer Center del Jackson Memorial Hospital, en Miami. No existía aún la especialidad de Imagen Mamaria como tal, pero sí el reconocimiento de una rotación en Estados Unidos.

“Regresé y seguí tomando cursos, compré todos los libros sobre el tema y fui la primera doctora que se dedicó a esa especialidad, aquí, hace 28 años”.

A través de la Federación Mexicana de Radiología, en 1999 la doctora Magaly fue pionera y fundadora del Comité de Mama, para la organización de cursos nacionales e internacionales en la especialidad de Imagen Mamaria, en los que ha participado como profesora.

Su esposo, el neurólogo Alejandro Marfil, la describe como una mujer muy estudiosa, decidida en sus metas y que mantiene un equilibrio entre su labor médica, su familia y amistades.

“En nuestros primeros años de trabajo me decía que soñaba con hacer un centro especializado de imagen mamaria; persiguió ese sueño y lo logró”, comparte el también catedrático y director de la Clínica de Cefaleas y Dolor Crónico no Oncológico del Servicio de Neurología del Hospital Universitario.

“Aprendió a identificar cánceres de milímetros cuando nadie lo hacía, y a convencer a los médicos cirujanos de que solicitaran que las radiólogas hicieran las biopsias y marcajes de lesiones, y así evitar que las pacientes pasaran por una cirugía mayor para obtener tejidos, lo que ahora es una práctica rutinaria”.

Los hijos de la doctora, Braulio Alejandro y Carlos Adrián, coinciden en que ella es tenaz, fuerte, inteligente y amorosa, y que ha tocado la vida de muchas pacientes y sus familias porque es muy humana y sumamente entregada a lo que hace.

Una de sus pacientes y amiga, Martha Quiroga, destaca que tiene el don de escuchar, apoyar y hacer sentir a cada persona como si fuera la única a quien va a atender, a pesar de que siempre está muy ocupada.

La doctora Magaly recuerda que sostuvo bastantes discusiones con cirujanos muy reconocidos, a quienes después de sus hallazgos de imagen, debía convencer de no extirpar el seno.

También, porque siempre ha hablado con sus pacientes para que tomen decisiones informadas, y en el pasado el radiólogo se concretaba a entregar una placa.

Isabel Centeno, psicooncóloga del Centro de Cáncer de Mama del Hospital Zambrano Hellion, afirma que una virtud de la doctora Magaly es su ojo clínico sorprendentemente acertado.

“Le apasiona lo que hace y sabe ponerse en el lugar de la paciente y darle tranquilidad”.

Ella ha vivido la evolución de la radiología, desde las mamografías analógicas hasta la tecnología más avanzada de la que dispone en la sección de Imagen Diagnóstica, que dirige, en el Centro de Cáncer de Mama.

Ahí está la mamografía de tercera dimensión (tomosíntesis) que permite reconstruir y visualizar hasta 400 imágenes de la mama en segundos, el ultrasonido de alta resolución con el que se aprecian lesiones menores de cuatro milímetros y la resonancia magnética de 3 Tesla que obtiene más de 4 mil imágenes en minutos, entre otros impresionantes equipos.

La doctora Magaly observa a su alrededor y reflexiona: “Ante estos avances, la gran responsabilidad es seguir actualizándonos siempre”.

 

Texto y foto: Agencia Reforma