
Tlapa, Guerrero, a 20 de mayo de 2025.- La familia de la indígena me’phaa, Maurilia logró justicia después de tres años siete meses de su asesinato cometido por su vecino Rogelio el 7 de octubre de 2021, en el paraje Majagua del Toro, municipio de Tlacoapa.
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan informó que el resultado fue luego de días de peregrinar de su comunidad al juzgado de Tlapa, con dificultades económicas para seguir el proceso judicial.
Finalmente el pasado 14 de mayo un juez dictó sentencia condenatoria de 45 años de prisión contra Rogelio, a quien encontró responsable del feminicidio de Maurilia y de intento de feminicidio de su nieta.
Tlachinollan consideró que la sentencia contra el feminicida de Maurilia da un mensaje de que no se puede seguir matando a las mujeres en la Montaña, y que se va a castigar a los agresores para que no se siga repitiendo la infamia.
Además de que la sentencia es un minúsculo destello de esperanza de justicia, sobre todo para los familiares, por lo que los ministerios públicos, la Fiscalía y los jueces o juezas tienen una tarea titánica para erradicar la violencia machista y delincuencial.
Sólo en la región la organización ha registrado 131 feminicidios, en la mayoría de los casos no han sido detenidos los perpetradores lo que genera un ambiente hostil para las mujeres y las pocas sentencias que se han logrado han sido por las propias familias, que luchan para que llegue la justicia.
Urgió a las autoridades municipales, estatales y federales a que implementen acciones para proteger a las mujeres y niñas en la Montaña y no las dejen desamparadas en el remolino de la violencia machista, que prevalece en las comunidades indígenas.
El día del feminicidio
El 7 de octubre de 2021 Maurilia de 73 años se levantó con el frío de la mañana que traspasaba las paredes de su vivienda de bajareque y lámina de cartón en el paraje Majagua del Toro. Estaba con su nieta y con su bisnieta.
Las tres estaban junto al fogón para preparar sus alimentos cuando inesperadamente sus vecinos Rogelio e Ismael tocaron a su puerta de madera.
Rogelio la convenció de que los acompañara a ver unos terrenos, se habla de que tenían conflictos con una parcela.
La mujer los acompañó, poco a poco se internaron en el bosque de encinos. Ahí Rogelio la golpeó, ella intentó defenderse pero la venció la fuerza de los hombres que la ataron a un árbol de encino y luego la estrangularon, de acuerdo al relato de su nieta y las investigaciones periciales.
Su nieta, sobreviviente de la agresión a machetazos a manos de los dos hombres, y quien se había quedado en la vivienda salió a buscarla ante la tardanza de su abuela dándose cuenta del feminicidio al verla atada al árbol.
Al darse cuenta los agresores la persiguieron, iban armados con un machete, la alcanzaron dándole un machetazo en la cabeza, pero logró huir pese a lo grave del corte que dejó el arma.
Ante lo ocurrido mujeres y autoridades comunitarias se organizaron y detuvieron a las personas involucradas que fueron turnadas a las instancias competentes.
De ahí vino el juicio en el que los peritos en criminalística de campo describieron el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Maurilia, la posición, las lesiones que presentaba y sobre todo la cuerda que tenía atada alrededor del cuello que causó su muerte al tener roto el hueso hioides, es decir, una fractura de cuello, según el médico forense.
Y al señalar que las lesiones de la nieta, víctima de intento de feminicidio, ponía en riesgo su vida.
Es urgente una estrategia de Estado contra los feminicidios
Tlachinollan remarcó que es urgente una estrategia de Estado para que las mujeres florezcan en un territorio libre de violencias, porque el camino por la justicia que buscaba la familia no fue fácil, primero tuvo que encarar al agresor y luego pedir prestado dinero para llegar al juzgado.
En varias ocasiones sin comer, porque en la comunidad se vive al día con tortillas y quelites que encuentran en los cerros y barrancas, donde la siembra de maíz y frijol les ayuda un poco a sortear las carencias.
El Centro de Derechos Humanos enfatizó que la violencia feminicida que padecen las mujeres indígenas en las comunidades de la Montaña se ha recrudecido en los últimos años por las carencias y la desigualdad, donde son sometidas al imperio de los hombres violentos que no consideran sus ideas, quiebran sus cuerpos y destruyen sus vidas porque los agresores gozan de impunidad.
Sin embargo, resaltó que a pesar del clima cruento en el que viven las que han sobrevivido han dado la batalla contra los perpetradores, pese a que las autoridades en lugar de ponerlas a salvo protegen a los asesinos.
Texto: Carmen González Benicio / Foto: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan


