28 abril,2025 7:34 am

Crónica del sepelio de Suástegui en Cacahuatepec, la comunidad que defendió de la codicia de los poderosos

 

Cacahuatepec, Acapulco, Guerrero, a 28 de abril de 2025.- La letal peste de las balas y la violencia terminó con la vida de Marco Antonio Suástegui Muñoz, un líder nato, defensor de la tierra y que encabezó la oposición a la construcción de una presa hidroeléctrica que desde un inicio mostró su rostro de avaricia, represión y muerte.

Marco Antonio murió luego de un atentado armado, donde al menos un sicario disparó tres veces contra su cuerpo, que representaba la resistencia de lucha de un campesino que hasta el último momento defendió su tierra y sus ideas.

Suástegui fue despedido y enterrado este domingo en su natal Cacahuatepec, en el Acapulco rural, olvidado y pobre, el mismo pueblo que protegió de la codicia de los gobernadores René Juárez Cisneros, Zeferino Torreblanca Galindo y Ángel Aguirre Rivero, que intentaron avalar un proyecto de la CFE para construir la presa La Parota, un paraíso similar a Valle de Bravo, que presuntamente dejaría a los empresarios una millonaria derrama económica y muerte para al menos 20 comunidades que serían inundadas.

Suástegui Muñoz sabía que esa afrenta al poder le costaría su vida, pero antes, le costó su libertad, por casi un año en 2014 estuvo preso injustamente en un penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit.

“Me fue muy mal” comentó en una ocasión en una entrevista a El Sur. “Los custodios me sacaban de las celdas, me torturaban, se reían de mí, me daban agua sucia, me humillaban”.

Reveló que a la cárcel llegó una empresa de agua purificada para regalarles agua a los presos, él se formó como todos, pero al momento de llegar para recibir el agua, un custodio les dijo a los repartidores “que no podía recibir agua limpia, porque era un preso de encargo”.

El mismo Suástegui contó que después de tantos maltratos Inés Coronel Barreras, padre de Ema Coronel, esposa de Joaquín El Chapo Guzmán, preguntó a los custodios el porqué del maltrato a su persona, y uno de ellos contestó “que venía recomendado por el gobernador (Ángel Aguirre) que le daba 800 mil pesos al director del penal para darle un escarmiento”.

Después de ese día jamás lo volvieron a molestar y meses después Aguirre Rivero tuvo que renunciar, por la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Como esas historias tenía muchas que contar, después de la cárcel tuvo que defender su territorio de la llegada de la autodefensa de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), que según él era un brazo armado de César Flores Maldonado, asesor del entonces gobernador Héctor Astudillo Flores, quien tuvo que ver también con el día de su detención.

Marco Antonio Suástegui nunca se calló, aun después de la cárcel continuó denunciando y defendiendo su playa Icacos, donde también evitó la construcción de un muelle para yates de lujo.

Quizás por eso en su cortejo la gente lloraba, gritaba y sonaba sus machetes, en todo momento se escuchaba “la tierra no se vende, se ama y se defiende”.

Su cuerpo salió dentro de una caja de madera de la casa de uno de sus tíos, donde lo encaminaron primero a la iglesia y después al panteón, donde fue sepultado.

En ese campo santo convergieron su esposa, sus hijos, familiares, defensores de derechos humanos y el ex gobernador Rogelio Ortega, quien se adjudica que gracias a él Marco Antonio Suástegui fue liberado como un preso político.

En el sepelio, el ex gobernador Ortega también reconoció la lucha de Suástegui y su paso por la Universidad Pueblo, hoy UAG.

Abel Barrera Hernández dio las palabras de despedida, donde efusivamente dijo que ellos como Centro de Derechos Humanos Tlachinollan, llevaron la batalla jurídica contra La Parota, “pero Marco Antonio llevó la batalla del pueblo, con machetes en mano por la defensa de la tierra”.

El sepelio fue rápido, de la casa salieron a las 8 de la mañana y caminaron por las calles empolvadas de Cacahuatepec hasta el panteón, donde una hora después el féretro yacía en su tumba cerca del río Papagayo.

En la marcha fúnebre y en el panteón se escucharon las consignas de “muera la presa La Parota”, “muera la CFE”, “Genaro Vive, Lucio vive, la lucha sigue”, “Zapata vive, la lucha sigue”, “la tierra no se vende, se ama y se defiende”, “gobierno asesino, que matas campesinos” entre otras, que fueron dirigidas por Ignacio del Valle, legendario opositor al aeropuerto de Texcoco y dirigente del Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra.

“Marco era un hombre de esos que ya están escritos en la historia de Guerrero, que enfrentó a los caciques y por eso lo mataron”, exclamó Nacho como es conocido por las organizaciones.

Al final, los asistentes señalaron que a Marco Antonio Suástegui lo mató el “gobierno y la delincuencia, porque son los mismos” y es la nueva forma de operar, para callar las voces de los luchadores sociales.

A la 10 de la mañana ya había sido enterrado, la gente se retiró del campo santo, con la única consigna de seguir defendiendo la tierra contra la presa La Parota.

Texto: Lenin Ocampo Torres/ Foto: El Sur