
Federico Vite
(Segunda de dos partes)
La novela Alma (Italia, Feltrinelli, 2024, 267 páginas), de la narradora italiana Federica Manzon, aborda algunos aspectos de la guerra balcánica ocurrida hace treinta años; pero lo más atractivo de este proyecto es que la protagonista, homónima del libro, rastrea sus orígenes de una manera insospechada. Por el lado materno es austrohúngara; por el paterno, eslavo. La madre hablaba lingua y se considera italiana, venía de una clase burguesa que se acomodó en Trieste desde hace varios años. ¿Ella de dónde es?
La forma en la que Manzon hilvana la vida de los personajes principales y antagónicos es destacable. Hablo de Alma y Vili –en la primera entrega de esta serie detallé este rubro–, laboran en medios de comunicación impresa: él como fotógrafo, ella como reportera. Mantienen una larga relación sentimental, pues crecen juntos, pero ya en la etapa adulta se vuelven novios; después conforman una pareja frágil. Este vínculo tiene diversos grados de intensidad y la autora lo desarrolla con atino y eficacia.
Esta novela tiene una estructura de apariencia circular, porque inicia en una isla que para mí es Brioni –un pedazo de Croacia en el mar Adriático– y se encuentra muy cerca de Trieste. A tiro de piedra, digamos. Motivo por el que Alma en la escena inicial deambula por una isla semi-vacía. Es entonces que pone en marcha los recuerdos. Y este arranque es un eje que logra ensamblar la capa toroide del relato. Si buscamos una imagen visual de la estructura, podemos entonces imaginarnos un anillo sostenido por un eje interno. Es decir, el eje es la visita de Alma a Trieste para tomar la herencia del padre. El núcleo del libro es revestido por las orillas geográficas de la biografía personal de Alma y gracias a la estructura toroidal se consuma la estrategia narrativa, hablo de pliegues territoriales, lingüísticos y culturales entre Italia y Serbia.
La primera parte,“L’isola”, consta de 24 páginas en las que se ordena el núcleo del asunto y se pone en perspectiva la espiral que va desde Brioni hasta Trieste. La segunda sección, titulada “La città (Venerdi Santo)”, bordea la infancia y adolescencia entre Alma y Vili, tiene 76 páginas y pone en juego el sondeo de los orígenes tanto paternos como maternos de Alma; sobre todo, se detallan las estancias de los abuelos, oriundos de un imperio perdido: Austro Hungría.
La tercera parte, la más atractiva, posee un ancla en el presente: La guerra (Sabato santo). Se pone de manifiesto el conocimiento vital, lingüístico y emocional de Alma. La edad adulta comienza y con ello las desilusiones en todos los ámbitos se materializan.
“En los primeros meses, en la mesa triunfa la esquizofrenia lingüística; la madre de Alma habla in lingua, como el resto de la nación, porque cree que así la vida es más fácil; el padre habla el esloveno de los confines, está convencido de que eso le ayuda a los muchachos (Alma y Vili) para que puedan integrarse de la tierra media a Trieste y a Il Carso (región histórica entre Friuli, Venecia, Giulia, Eslovenia y Croacia), donde se han quedado a vivir; pero después se resbala el serbo-croata o el croata-serbio que se habla con un acento de Hungría. Alma, por principio, responde en la lengua de la ciudad y Vili, que aprende nuevas lenguas con facilidad, usa el slang de Belgrado que sólo el padre de Alma decodifica. Se pasaban las palabras como las manijas de una olla hirviendo, aferradas con cautela”.
Con esta certeza se avanza en el territorio que cruza Alma, de la paz a la guerra; de Brioni hasta Serbia y de regreso a Trieste. Literalmente va cruzando sitios unificados por la entonces Yugoslavia. Aunque todo está escrito en italiano, hay ligeras manchas tipográficas de varios idiomas, del croata al serbio, húngaro, italiano y veneto. Todo se acopla sin prisa, quizá con algunos desplantes, sobre todo, al detallar las conversaciones entre Alma y Vili (nunca pueden conversar y cuando lo hacen es para sacar a relucir momentos del pasado; pero al final se consuma la charla de una manera mucho más acorde con el tono del libro).
La cuarta parte, igual que las anteriores, empieza en el presente y poco a poco se va en las indagaciones del pasado para poner en perspectiva una vida en familia. “Patrimonio (Domenica di Pasqua)” reúne anécdotas de Trieste y de la guerra balcánica. Se insta a que los personajes hagan las paces con el pasado. Manzon trabaja esta parte con más presente que pasado en 46 páginas.
La quinta “La Isola, giorno dopo” es narrada en presente; reúne siete páginas, cuya encomienda es la de anudar todos los flancos del libro: el espionaje, el periodismo disidente, los distanciamientos entre Alma y sus padres. Pero en especial, aborda la separación de Vili.
Como puede notar, toda la novela transcurre en tres días. Y en ese lapso literario se abren márgenes de cuarenta años. Al final de la historia, cuando el anillo de la estructura toroidal se acopla, Alma tiene 53 años. Ve a los vecinos que tuvo, deambula en el café que visitaba con su familia (padre, madre, abuelo y abuela), está ahí, en la ciudad de Trieste y sólo le hace falta consumar la charla con el antagonista. Sabe que lo verá, porque la comunidad cumple los rituales: es Semana Santa y el pasado se pone en movimiento. Ella va a la iglesia y encuentra a Vili. Han cambiado de creencias, de idioma, de país y han dejado que la historia por fin fuera expuesta de una manera frontal. El núcleo del relato se recubrirá después de esa charla, pero de manera sugerida, porque antes se debe hablar y hablar, para los personajes, significa ajustar las piezas de un rompecabezas que sólo puede ser completado tras la muerte del padre.
La traducción al español –que empezará a circular en noviembre próximo, durante la visita de Federica Manzon a la FIL Guadalajara– ganará lectores, sin duda, porque muchas personas tienen heridas de arraigo; pero estamos de paso y lo importante, como muchos autores nos han mostrado, es el proceso de ser uno mismo, aunque uno sea de ninguna parte o sea ciudadano de varios lugares. Como bien dice Charles Baudelaire, en Le Spleen de París: hay extraordinarios hombres que sólo se rinden ante la belleza del entorno, sin patria, sin amigos, sin familia. Siendo ellos mismos. Nada más.
* Como es usual en este espacio, la traducción de las frases entre comillas es mía.
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