
Anituy Rebolledo Ayerdi
La cubanidad
Las oleadas de artistas cubanos hacia México se sucederán una tras otra a partir de finales del siglo XIX. Muy intensas a la mitad del XX figurando entre ellas grandes músicos, cantantes, soneros, orquestas, trovadores, cómicos y hermosas bailarinas de rumba. El primer gran salto lo habrán dado tres géneros musicales: el son, el bolero y el danzón, seguidos luego del mambo, el chachachá, el fílin (estilo romántico surgido en los años 40) y la Nueva Trova. Poco más tarde, propios y entrañables.
Algunos de aquellos creadores fueron igualmente adoptados por México, aunque no faltaron quienes hicieran de este país una segunda patria. Entre muchos Absalón Pérez, director de orquesta de la XEW y Consejo Valiente, un timbalero cuyo nombre artístico –Acerina–, identificará a su orquesta danzonera. Misma línea de Arturo Núñez, también compositor (Nuestra cita). Quien de plano se queda en Acapulco es Pascual Capote, Chimmy Monterrey, quien lo mismo le tocaba los cueros a María Antonieta Pons que a Rosita Fornés. Uno de los grandes personajes venidos de Cuba, cabeza de una familia ejemplar, lo mismo que el saxofonista Ezequiel Barreto.
El pianista Juan Bruno Tarraza llega a México acompañando a Toña La Negra y en su primer viaje decide quedarse aquí. Cubrirá las noches del trópico con las notas vibrantes de su piano y de sus amorosos boleros (Alma libre, Oye, corazón, Como el besar y Soy feliz.) Con este último alcanzará las nubes cuando María Victoria lo haga suyo: “¡es que estoy taaannnn enamorada!
Otro cubano cuya figura fue familiar en el puerto se llamó Celio González, quien había llegado como cantante de la Sonora Matancera (Total, Amor sin esperanzas y Vendaval sin rumbo). Otros grandes de la inmigración isleña: Mario Álvarez Jiménez (Rumbo perdido, Sabor de engaño y Vuélveme a querer). Oswaldo Ferrés, cuyos boleros abrevan en las fuentes larianas (Acércate más, Toda una vida, No, no y no, Tres palabras y Quizás, quizás, quizás).
El Benny
Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, El Benny, fue sin duda un personaje fuera de serie que triunfa en México antes que en Cuba. En opinión del sonero Miguelito Cuní, “Benny Moré terminó de hacerse en México como gran intérprete y fue aquí también donde cultivó los tonos graves que antes no poseía”. Cuando lo escuché en la isla le dije: “¡muchacho, ahora sí que estás completo!” Fue El Benny, por cierto, quien le abrió paso en México a Dámaso Pérez Prado, “el carefoca, rey del mambo”, de cuya orquesta fue cantante sensacional (Bonito y sabroso, Esta noche, Corazón, Pachito eché y Cómo fue). Temas estos con los que alcanzará en Cuba el título de “máximo sonero de todos los tiempos”.
Benny coincide aquí con Isolina Carrillo, pianista del conjunto Siboney (Olga Guillot, entre ellas), autora de Dos Gardenias. También apalanca a Roberto Boby Collazo (La útima noche), quien no necesitó otro bolero más para subir a la cumbre. Tampoco lo necesitó diez años atrás Sergio de Karlo con Flores negras. Una radio mexicana con solo monstruos sagrados cubanos como Rita Montaner (Angelitos negros) y los cómicos de la Tremenda Corte con Tres patines, Luz María, Nananina y Reducindo Caldera y Escobina, entre otros.
Prío Socarrás
Cuando ha cumplido seis años su estancia en México y tenga un pie en el estribo para regresar a su isla tan parecida a un “largo lagarto verde” (Nicolás Guillén), Benny Moré participa con toda la “cubanidad” en la recepción al presidente de Cuba, Carlos Prío Socarrás, de visita en México, quien diijo emocionado que “México y Cuba son las alas de un mismo pájaro”. Apenas regrese a Cuba, Prío será derrocado por Fulgencio Batista –quien, por cierto, había estado en Acapulco en tiempos del presidente Lázaro Cárdenas, esperando su asilo político en Miami, Florida.
Prio Socarrás se queda en México, esperando seguramente la revancha , contando con la asesoría de relaciones públicas del periodista mexicano Agustín Barrios Gómez, autor de la columna Ensalada Popoff de Novedades de México y propietario de los cabarets Afro de la capital y Rumba Casino de Acapulco. Aquí, Prío se convertirá en una personaje en las deslumbrantes noches de cabaret del puerto, contando con la alcahuetería del gringo mafioso Alfred C. Blumenthal, gerente de los hoteles Reforma de la ciudad de México y Casablanca porteño. El chaparro y rubicundo personaje le conseguirá al ex presidente “viejorrones como de calendario”, ello al decir del personal del cabaret Ciro’s, donde las presumía. La noche que Socarrás lance los canes sobre la estrella del lugar, la actriz y cantante brasileña Leonora Amar, un elegante mastodonte lo para en seco con esta advertencia: ¡Cuidado, señor cubano, que es la novia del señor presidente de México. ¡Coño!
Voces y sonidos
Las voces y los sonidos de Cuba cubrieron por muchos años los programas de mayor audiencia de la XEW. Allí triunfaron El Benny, por supuesto, Celia Cruz (Tu voz), Olga Guillot (Miénteme), Bola de Nieve (Si me pudieras querer), Ernesto Lecuona (Siboney y María la O); Miguelito Valdez, Mister Babalú, cantante de la orquesta estadunidense de Xavier Cugat (México, yo te canto y Taboga). Por su parte, Bienvenido Granda, El bigote que canta, (A la orilla del mar), estremecía a su público con el drama del compositor Pedro Junco, de Pinar del Río, quien había muerto de una tuberculosis fulminante. La novia rechazada entenderá entonces por qué aquello de: Nosotros, que nos queremos tanto debemos separarnos, no me preguntes más… (Nosotros, la canción póstuma del poeta).
Grandes
Aída Diestro reunió en el Cuarteto D’ Aída a las más grandes voces cubanas de todos los tiempos: Elena Burke, Moraima Secada y las hermanas Haydé y Omara Portuondo (un asombroso prodigio de vitalidad esta última: Yényere cumae y El bombón de Elena). El Cuarteto Rivero, ya sin Facundo, cubría aquí largas temporadas en las que nunca faltaba su siempre grata Serenata mulata. Por su parte, Gilberto Urquiza entrega aquello de ¡Hola, qué tal! y los hermanos Rigual cantan “Cuando calienta el sol aquí… en Caleta. Por entonces una canción cubana dominaba el ambiente acapulqueño: Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, junto con Imágenes. Sonaban fuerte las orquestas de Mariano Mercerón (La Margarita), Chico O’ Farill (Suite Azteca); América, de Ninón Mondéjar (Los Marcianos) y Enrique Jorrín, creador del chachachá: La blusa azul y La Engañadora)
Salón México
Emilio Indio Fernández convoca a la orquesta Son Clave de Oro, de Orlando Guerra, para meter ritmo a su celebérrima película Salón México. Otros vocalistas del grupo, Moscovita y Chepilla (Un meneíto nomá, Camina como Chencha). El primer cantante de la orquesta de Pérez Prado fue Cecilio Kiko Mendive (México lindo y El Caballo y la montura). Barbarito Diez canta temas a ritmo de danzón o “danzonetes” (Lágrimas negras). Oscar López: Boquita azucará y Corazón no llores. Rosita Fornés, deslumbrante vedette casada con el cómico mexicano Manuel Medel. También, el Trío Matamoros (Lágrimas negras) y Moisés Simons (Bilongo).
Más músicos cubanos
Mario Fernández Porta, pianista y compositor (Qué me importa y No vuelvo contigo). César Portillo de la Luz, uno de los iniciadores del filin (Contigo a la distancia y Delirio). Bienvenido Granda (Soñar, A la orilla del mar). Yeyo y Cané (Bembelem) y Francisco Fellove (Mango mangüé) . El Cuarteto Rufino –solo Mamá era isleña– (Clavelito); Famie Kaufman “Vitola” (Chibiribirí), Miguel Licea, “Puntillita”; Luis Marqueti, Amor que malo eres y Dalia Iñiguez , actriz y declamadora.
Las hermanas Benítez (Cora-zón de melón), cuyo espectacular show permaneció un año en el hotel Club de Pesca.
Las Rumberas
De las rumberas venidas de Cuba, María Antonieta Pons será la primera en presentar aquí, en 1954, un fastuoso espectáculo en el cabaret Cantamar del hotel de Las Américas. La acompañaron las orquestas de Gonzalo Curiel y Luis Alcaraz y como primer bailarín Raúl Martínez, el más tarde actor villano y director de cine. Las otras tres rumberas cubanas que fueron familiares en el puerto fueron Ninón Sevilla, Rosa Carmina y Amalia Aguilar (Meche Barba era mexicana)
La Gloria eres tú
El cubano José Antonio Méndez, uno de los más grandes creadores románticos de todos los tiempos, canta por primera vez en Acapulco su canción La Gloria eres tú con la que años atrás había tenido problemas con su registro gubernamental. Todo fue cuestión de cambiar un desdigo por un bendigo, explicaba a su auditorio y aquí estoy para hacerlo:
“Dicen que la gloria está en el cielo, que es de los mortales el consuelo al morir, bendigo a Dios porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú, si alma mía, la gloria eres tú.


