
Texto: Lourdes Zambrano/ Agencia Reforma/ Foto: Agencia Reforma
Ciudad de México, 3 de julio de 2018. En términos de política cultural, el gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador habrá de poner el dedo en la llaga: los magros presupuestos para el sector, coinciden artistas, escritores y promotores.
“Ha habido recortes bastantes severos en la última administración. Debería haber más inversión, pero para acercar la cultura a mayor gente, porque sigue muy centralizada en la Ciudad de México y en las capitales de los estados”, dice, desde Guadalajara, el escritor Antonio Ortuño.
Pero los frentes son diversos
Otros urgen, por ejemplo, a que la Secretaría de Cultura (SC), por la que se luchó por años, tenga al fin la personalidad jurídica que necesita.
“Y que funcione, porque nació sin dientes; nace y, de inmediato, le cancelan el presupuesto. Es un papel muy triste el que ha dado en el último tramo del sexenio esta administración”, señala el dramaturgo Jaime Chabaud.
La artista plástica Betsabeé Romero, por su parte, considera que la Secretaría tiene un aparato pesado, con una estructura burocrática en donde se duplican funciones, un tema que debería finalmente atenderse.
Además, critica las partidas presupuestales que se asignan desde la Cámara de Diputados a proyectos culturales, conocidos como etiquetados, que califica como discrecionales.
“Apoyan proyectos a partir de cabildeos de empresas en donde se ha confundido la labor altruista”, considera Romero.
También pone sobre la mesa temas hacendarios
La artista esperaría, por ejemplo, que a partir del nuevo gobierno, que entrará en funciones el 1 de diciembre, se dé una mayor sincronía entre la SC y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para que existan más mecanismos para que los creadores puedan deducir impuesto y también más facilidades para repatriar sus propias obras.
“Hoy tenemos que pagar impuestos por las obras que prestamos a exposiciones en el extranjero cuando las traemos de regreso. Me gustaría que hubiera un flujo más fácil, que no nos traten como delincuentes por traer de vuelta nuestra piezas”, señala.
A Ana Elena Mallet, curadora de arte y gestora cultural, le gustaría ver un fortalecimiento de las instituciones.
“Quisiera ver una reestructuración institucional. Tenemos una Secretaría sin ley, sin definición de funciones, con trabajadores, sobre todo los de los museos, sin seguridad laboral. Yo abogaría por una autonomía de los centros culturales y la profesionalización de las profesiones, de los gestores culturales”, comenta Mallet.
Chabaud habla en el mismo tenor sobre los esfuerzos civiles dentro del sector, que producen el 60 por ciento de los productos culturales.
“No es iniciativa privada, son grupos y personas que realizan un esfuerzo enorme. La Secretaría de Cultura no los contempla, no hay esquemas de acompañamiento ni subsidios. Y estos esfuerzos llegan donde los brazos de las instituciones de cultura no llegan”, enfatiza el dramaturgo.
Menciona, por ejemplo, dos iniciativas, el Centro de Estudios para el Uso de la Voz (Ceuvoz), de Luisa Huertas, o la editorial Paso de Gato, que él mismo encabeza.
El escritor Juan Villoro considera, por su parte, que los esfuerzos del próximo sexenio deberían enfocarse en la creación de públicos, un objetivo constante.
“En materia cultura, el gobierno ha tenido dos ejes básicos: la protección del patrimonio y el apoyo directo a los artistas. Se trata de cosas necesarias, pero lo más urgente es la creación de públicos. La mayoría de la gente está al margen de los beneficios de la cultura. Si el arte se convirtiera en una necesidad para las mayorías, a la larga, los públicos serían el mayor apoyo de los artistas”, asegura el escritor.
Ortuño, su colega, también enfatiza al respecto.
“Hay un corto circuito entre la educación pública en México y el área cultural. Ahí está el agujero negro y la falta de públicos de eventos culturales. Siempre se tiene que estar a la caza de recursos para subsidiar eventos porque no hay un público que la sostenga”, señala: “A nadie lo han educado en México para ser un apreciador de la cultura”.
Antonio Calera-Grobet, editor, escritor y gestor cultural independiente, señala la necesidad de que López Obrador conciba una consejería que tome decisiones colectivas en materia de política cultural.
“No puede hacerse en lo oscurito de las relaciones personales”, dice.
Además, los promotores culturales comunitarios nunca han estado incluidos en la toma de decisiones porque su trabajo queda soterrado en pos de discusiones cuyo centro siempre terminan siendo las instituciones públicas, como el Fonca.
Y pide, enfático: “Que nos inviten a apoyar”.
Quien habrá de hacer frente a la política cultural en el gobierno de López Obrador, según anunció el virtual presidente electo con anterioridad, es Alejandra Frausto, quien se perfila como la próxima secretaria de Cultura. Se ha desempeñado como encargada de Difusión Cultural de la Universidad del Claustro de Sor Juana, titular del Instituto Guerrerense de la Cultura y Directora General de Culturas Populares de la SC.


