13 junio,2026 4:39 am

Denuncian “insensibilidad” del gobierno para hallar a los siete campesinos de Atenango

Iguala, Guerrero, a 13 de junio de 2026.- En una carta enviada por familiares de los siete campesinos desaparecidos el 18 de abril en la comunidad de Apanguito, Atenango del Río, reclamaron la falta de justicia, la indiferencia y la “insensibilidad” de las autoridades que prefieren “mirar a otro lado”, y los han dejado solos a casi dos meses de los hechos, donde también dos familiares que participaban en su búsqueda fueron asesinados.

La carta compartida a este reportero por uno de los familiares se da en la víspera de la primera audiencia que habrá en próximos días con los dos detenidos presuntamente implicados y vinculados a proceso por la desaparición de los siete campesinos, el comisario municipal Cornelio Alcocer Godínez y su primo Samuel Jiménez, detenidos el 29 de abril.

“Aunque las autoridades nos tratan como gente sin importancia, cada día sin respuesta es una bofetada a nuestra dignidad, nos cansamos de promesas vacías y expedientes acumulados en el olvido”, se lee en el escrito a mano.

Asimismo, reclaman la falta de justicia por el homicidio de Marcos Naviel Bello Escamilla y su cuñado Francisco Javier Ocampo Hernández, cometido el 9 de mayo en casa de la mamá del primero, quien además era hermano de uno de los desaparecidos; así como la indiferencia y la “insensibilidad” de las autoridades.

“Sobre la falta de justicia y la indiferencia, nos duele la insensibilidad de un sistema que nos da la espalda. Buscar justicia se ha vuelto un camino solitario donde el gobierno prefiere mirar hacia otro lado”, reclaman.

En medio de la suspensión total de toda acción de búsqueda de los siete desaparecidos desde el 18 de abril, denuncian que, “el dolor de buscar a un ser querido frente a la inacción de las autoridades genera una herida profunda y constante”.

En una súplica a los implicados en la desaparición de Mario Bello, de 57 años, su sobrino Asunción Bello Escamilla, de 41 años, junto con sus dos hijos, Diego y Valente Bello Agustín, de 19 y 18 años; los hermanos Cristóbal y Eriberto Pineda, de 40 y 38 años, y el primo de estos dos últimos, Sebastián Riquelme Escamilla, de 23 años, piden que al menos les digan dónde están, en caso de que ya hayan sido asesinados, para darles sepultura.

“Detrás de cada persona desaparecida hay una familia rota por el dolor, no por la culpa, si ya no están aquí, lo único que pedimos es que nos digan dónde para darles una cristiana sepultura y encontrar algo de paz”.

En la carta, de la que se pidió omitir nombres debido al miedo que ha generado en las familias la desaparición y el doble homicidio, algunos de los familiares escribieron algunas expresiones de dolor o “frustraciones” que comparten derivado de la sustancia de sus seres queridos y la incertidumbre.

“El no saber si están vivos, si están muertos o qué habrá pasado con ellos es un dolor desgarrador que nos atraviesa día a día”, y “Hay sillas que quedaron vacías, llamadas que no suenan y abrazos que sólo viven en nuestras memorias”, se lee en la misiva.

Alejandro Guerrero