10 diciembre,2025 4:44 am

Desatención institucional sin consecuencias, la mayor causa de contaminación en el río Tlapaneco

(Segunda parte y última)

Tlapa, Guerrero, a 10 de diciembre de 2025.- Las principales fuentes de contaminación del río Tlapaneco son las aguas residuales de decenas de miles de habitantes de la Montaña, vertidas sin tratamiento; así como los desechos sólidos de sus tiraderos a cielo abierto y, en menor medida, los contaminantes químicos de las prácticas agrícolas.

Pero lo más significativo es la desatención institucional y la irresponsabilidad en el manejo de recursos, sin consecuencias legales para nadie.

Las dos plantas tratadoras de aguas, de Tlapa y Huamutitlán, que costaron decenas de millones de pesos y que sirvieron muy poco, están abandonadas; así como el relleno sanitario de Ahuatepec Pueblo, al que también se le invirtieron cuantiosos recursos públicos. Son muestra de la deficiencia crónica de la administración municipal y de la irresponsabilidad ambiental, sin consecuencias legales contra quienes toman decisiones, que sólo despilfarra los recursos.

Para el investigador Homero Salgado Burgos, la contaminación del río Tlapaneco es “realmente muy grave, para que nadie diga nada”, pero en realidad se trataría de un problema generalizado en Guerrero, si bien en otros lados hay indignación ciudadana y acciones, como lo ejemplifica el río Atoyac.

Proteger el derecho a un ambiente sano

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió, hace poco más de cinco años, la recomendación 56/2019, por “violación al derecho humano a un ambiente sano y al saneamiento del agua, por la contaminación del río Atoyac, proveniente de las descargas de aguas residuales sin tratamiento y la inadecuada gestión de los residuos sólidos”, informa el activista Eduardo Durán Reyes, quien agrega que la propia comisión instruyó para que se implementara un plan integral de rescate de esta cuenca.

“Esa recomendación le sirvió a los ayuntamientos de Atoyac y al de Benito Juárez, para gestionar más de 135 millones de pesos, cuyos resultados no se ven”, señala Durán Reyes en entrevista telefónica. Agrega que mientras no haya acción social, contralorías ciudadanas, comités y asociaciones ecologistas, “amigos del río equis”, la limpieza de los afluentes no cambiará, pues regularmente los recursos aplicados al medio ambiente no se convierten en obras relumbrantes que hagan lucir a los funcionarios, que “siempre están pensando en votos y nuevos cargos”, señala en un comentario que aplica a la realidad estatal.

A decir, tanto de Salgado Burgos como de Durán Reyes, el problema de las plantas inservibles ocurre en la mayoría de los municipios que han contado con ellas, en parte porque el costo de operación resultaba oneroso para las administraciones municipales, como el consumo de electricidad, pero sobre todo, “por la falta de consciencia”, insistirá Homero Salgado.

La genuina ignorancia ambiental

La directora de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Tlapa, Meztli Mooam Ramirez Zavaleta, ilustra bien el tipo y nivel de compromiso del gobierno municipal con el tema ambiental.

De entrada, aclara la tardanza para “mover agenda” y conceder entrevista a El Sur, “trabajamos todos los días del año”, dice pero no tiene respuesta para la falta de proyectos para aguas negras o para el destino final de desechos sólidos, ni sobre la suerte del relleno sanitario de Ahuatepec Pueblo, que terminó sirviendo sólo a intereses particulares.

Los intentos de respuesta de la funcionaria encajan bien en aquella popular expresión de “pena ajena”.

– Directora, las aguas residuales del municipio, por norma deberían ser tratadas antes de vertirse al río, pero aquí no hay tratamiento, ni infraestructura, ni proyecto, no hay nada, ¿qué pasa?–, se le pregunta.

– Sí, efectivamente, pues no lo hay. Bueno, yo a mi parecer, a mi persona, este, en el periodo que llevamos también, pues es muy poco. Nosotros no estamos desde la administración pasada y nosotros ahora sí que lo que podemos, desde este lado de la trinchera hacemos lo que nos corresponde. Igual nosotros hemos solicitado, y como comento, también estamos en coordinación con otras dependencias de los otros sectores, también nos han venido a capacitar, a brindar información, y sí, pues, o sea, no se vale pero hay que ver bien en este caso. Hablo personalmente, hay veces que no se pueden omitir ciertas informaciones, y a veces sí, nosotros sabemos en esta área que a veces sí nos falta, nos falta mucho, pero pues estamos mejorando y estamos trabajando. Hay veces que no podemos omitir la información, pues de mi lado, de la Dirección de Medio Ambiente, somos transparentes, porque somos funcionarios públicos– responde con peculiar estilo.

– ¿Y del manejo de la basura, qué nos cuenta? El tiradero que está allá arriba no cumple con las normas de confinamiento– se le inquiere.

– Sí, como comentaba ahorita, no sé si ve la calidad del servicio o si quiera hablar mal de la administración, pues también digo hay que reconocer de este lado, que ha mejorado un poco la calidad del servicio de la basura– responde.

– No queremos hablar mal ni bien, sino hablar de lo que hay. Ya hemos dicho de los nuevos camiones recolectores, pero la pregunta es por el basurero a cielo abierto– se le insiste.

– Sí, a eso voy, y se ha tratado de llevar lo que es la separación de basura al momento de la recolección, pero pues la gente a veces no colabora, porque se les hace un poquito más fácil juntar lo que es, ahora sí que todos los desechos, toda la basura, todo lo que tenga que ver hasta líquidos, fruta, todo lo orgánico e inorgánico que va a caer allá al depósito, al aire libre. La gente ya está acostumbrada a no separar.

El río Tlapaneco

Las aguas del río Tlapaneco han calmado la sed de un buen sector de los pueblos de la Montaña. Han regado parcelas de diversos cultivos, han dado sus peces a la población durante siglos y, sin duda, han servido para la recreación de familias por centurias.

Pero también al río lo han convertidio en el drenaje de decenas de miles de personas, ante la falta de interés de sus autoridades por conservarlo, como en Tlapa, cuyos residuos fecales se descargan al cien por ciento sobre la corriente.

El caudal corre aguas abajo y se junta en Atlamajac con el río Igualita, en el cruce donde se instaló la malograda y desperdiciada planta de tratamiento de aguas residuales, barrida por algún huracán de la última década.

Más adelante, el flujo del Tlapaneco moldeará la cañada de Humuxtitlán, donde sus aguas serán utilizadas para el riego de cultivos como maíz, frijol, ajonjolí, arroz, calabaza y hortalizas, que llegarán a mercados y mesas tanto de la región como del vecino estado de Puebla.

El río seguirá su curso hasta sumarse al río Mezcala que, más abajo, tomará el nombre de río Balsas, que desembocará al final en el oceano Pacífico.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), como sus contrapartes estatales y municipales, brillan por su ausencia en las tareas por revertir el gran daño ambiental que es reversible.

En diversas consultas para plataformas electorales o planes de gobiernos electos, de los tres órdenes de gobierno, se pueden leer alternativas como represas, reforestaciones, sanciones ejemplares, humedales, capacitaciones ambientales y muchas más, pero el tiempo pasa y sólo quedan en la buena intención, más si se trata de espacios sólo para salir presentables a las urnas.

De esta forma, el cascajo de la planta de Tlapa, construida por la Comisión de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Estado de Guerrero, representa muy bien el saldo de las políticas ambientales, para cuyos operadores no hay conseccuencias legales, a pesar del gasto multimillonario que implicaron, en una zona con los niveles de marginación y resago social como la Montaña.

Martín Equihua

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