9 mayo,2025 1:02 pm

Destacan influencia agustina en la historia de México

Ciudad de México, 9 de mayo de 2025.- La Orden de San Agustín, a la que pertenece el Papa León XIV, tiene una larga historia en México, donde destacan sus aportes culturales.

Tercera orden mendicante en establecerse en la Nueva España –después de los franciscanos y los dominicos–, los agustinos arribaron en 1533 y, desde entonces, han influido en la educación, la arquitectura, la historia y hasta la gastronomía nacional, destaca el presbítero e historiador Fray Sabino Quijano Avelino.

El estadounidense-peruano Robert Francis Prevost, León XIV, elegido este jueves como Sumo Pontífice, no solo pertenece a la Orden de San Agustín, fundada en 1244 bajo los preceptos de la vida comunitaria, la espiritualidad y la caridad, sino que la ha presidido.

Sin embargo, la orden de San Agustín es, en este País, la menos estudiada, contrasta el historiador Alfredo Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

Se conoce poco, pero el patrimonio en México asociado a esta orden es inmenso, señala Quijano, miembro del Instituto Histórico de la Orden de San Agustín y encargado del Archivo Histórico de la Provincia Agustiniana de Michoacán (APAMI).

“Está el legado arquitectónico, el documental, el bibliográfico también, que es muy importante. La herencia agustiniana abarca desde la gastronomía (con ejemplos como los chiles en nogada o el manchamanteles) hasta la confección de gramáticas para el aprendizaje de las lenguas”, detalla.

Agustino también era fray Alonso de la Vera Cruz, quien en el siglo 16 defendió ante la corte real de España y sus consejeros jurídicos, los derechos de los indígenas y se opuso a que los maltrataran, subraya Quijano.

“Es muy interesante la obra de fray Alonso, que pocos conocen, pero fue fundamental en el siglo 16 para defender y para poner en un lugar digno la figura de los indígenas”.

Fray Alonso de la Vera Cruz fue uno de los filósofos más destacados de la Nueva España, pondera Ávila, y al considerar que la población indígena tenía los mismos derechos que la europea se convirtió en un precursor de los derechos humanos y del derecho internacional.

Cuando la orden llegó a la Nueva España, los dominicos y los franciscanos llevaban casi una década de evangelización en territorio mesoamericano, de modo que les correspondieron zonas distantes o complicadas, explica Ávila.

“Fueron a Hidalgo y luego a la entrada de la Huasteca. De hecho, el monumento más importante que conocemos es el convento de San Nicolás Tolentino, en Actopan, Hidalgo.

“Hacia el sur tuvieron que ir a lugares como Chilapa, que en aquel entonces eran muy inaccesibles para la mayor parte de la gente –si hoy mismo las sierras de Guerrero son de difícil entrada, imaginemos en el siglo 16–. Sin embargo, la orden resultó muy beneficiada porque Vasco de Quiroga los llamó para establecer conventos en Michoacán”.

En la Nueva España, explica Ávila, hubo dos provincias de agustinos –así se llaman sus divisiones administrativas– la de México y la de Michoacán.

“En Michoacán la orden floreció muchísimo, porque pronto se vinculó con las oligarquías criollas locales, tanto en Valladolid (hoy Morelia) como en Guadalajara. Eso hizo que la orden fuera tremendamente rica.

“En la Ciudad de México y en Puebla, dependientes de la provincia de México, también se crearon colegios, seminarios y noviciados; el colegio más importante fue el de San Pablo, por el barrio de La Merced, y el convento de la Ciudad de México, entre Uruguay e Isabel la Católica, el templo de San Agustín que durante muchos años fue sede de la Biblioteca Nacional de México”, refiere el historiador.

Se trata de un Papa comprometido con la doctrina social de la Iglesia y con la atención a los más necesitados, cuestión primordial para el fallecido pontífice Francisco, subraya Ávila.

Quijano considera que la designación de un papa agustino es pertinente en esta época de “egoísmo exacerbado”.

“Cada uno mira por su propio bienestar y no por el bien común. Entonces a esta sociedad el carisma agustiniano tiene mucho que decir; la espiritualidad de nuestro padre San Agustín tiene mucho que decir.

“Por otra parte, la caridad cristiana –o el mandamiento del amor, como se traduciría– es más que nunca fundamental en tiempos en los que también cada individuo busca su propio bienestar y no el bien común. Las guerras son testimonio de ese egoísmo y de ese individualismo”, apunta el presbítero.

Texto y foto: Agencia Reforma