
Chilpancingo, Guerrero, a 12 de julio de 2025.- La indígena nahua de Zitlala, Beatriz Zapoteco Neri, fue incluida en el informe Desaparecer otra vez, violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México, elaborado por Amnistía Internacional (AI), como un ejemplo de las buscadoras que son discriminadas por ser indígenas, así como estigmatizadas y criminalizadas por denunciar la desaparición de su familiar.
El informe en el que se denuncia la violencia que sufren las mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos, como amenazas, estigmatización y el abandono institucional, fue presentado el jueves en el auditorio de Rectoría de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).
El documento se elaboró con información de las entrevistas que AI realizó a más de 600 mujeres buscadoras de todo el país, y Zapoteco Neri fue una de ellas.
Beatriz es originaria de Zitlala y busca a su esposo, Santiago Tixteco Cosme, quien fue sacado violentamente de su casa por hombres armados y encapuchados el 6 de enero del 2016.
Tras la desaparición de Santiago, Beatriz mandó a sus tres hijos a Acapulco, quienes perdieron el ciclo escolar, para que ella se dedicara a buscar a su pareja.
Contó a AI que al principio pidió a los policías municipales que le ayudaran a buscar a su esposo, pero que la comenzaron a cuestionar que “en qué estaba metido”.
Eso le provocó temor y evitó presentar la denuncia para evitar posibles represalias, pues también escuchaba que autoridades se coludían con el crimen organizado.
Meses después presentó la denuncia en Chilpancingo, donde creyó que recibiría mejor trato, pero se tardaron horas en recibirla.
Tras presentar la denuncia empezó a conocer a otras buscadoras que le ayudaron a estudiar derecho para poder defenderse.
Beatriz relata que tardó seis años en poder hablar de la desaparición, “ya que el trauma y la tortura psicológica hacían que cada vez que lo intentaba se bloqueara su mente”.
De acuerdo con el documento, nueve años después, Beatriz no ha tenido respuesta de las autoridades, “no ha recibido apoyo psicológico constante ni ha logrado que sus hijos accedan a becas para estudiar en la universidad, a pesar de tener derecho a ello”.
Incluso, AI detalla que la buscadora integró su propio colectivo: Buscando Justicia por los Nuestros, que cuenta con 25 personas indígenas, familiares de víctimas de homicidio y desaparición.
“Juntas han luchado contra la violencia institucional y las dificultades de realizar búsquedas siendo mujeres indígenas, incluyendo la lejanía de las autoridades, la falta de personas traductoras a lenguas indígenas, de organización de búsquedas para sus desaparecidos, así como tratos discriminatorios cuando acceden a autoridades”, refiere el documento, conforme al testimonio que les dio la mujer nahua.
Les dijo que como víctimas, “estamos en un piso diferente, desproporcional. Ahora imagínate los pueblos, mucho más desproporcional. Yo siento que el gobierno nos debería tener contados y apoyar a quienes necesitan más apoyo, con más empatía”.
De acuerdo con el texto, las mujeres buscadoras contaron que las autoridades suelen estigmatizarlas y revictimizarlas desde que quieren iniciar la denuncia por la desaparición y durante todo el proceso de búsqueda.
“Así, las autoridades suelen culpar a las propias víctimas, insinuando que la desaparición seguramente está vinculada con actividades que realizaban las personas desaparecidas, como tener vínculos con el crimen organizado”.
Otras veces, minimizan la situación al comentar a las familias que “no hay nada de qué preocuparse”.
AI, indica que muchas veces estos comentarios se basan en estereotipos raciales y de género, pues les mencionan a los familiares de las víctimas que “seguramente se fue de fiesta” o, si es mujer, que: “se fue con el novio”, “que hay que esperar más para ver si se trata de una verdadera emergencia”.
El organismo internacional refiere que la estigmatización no va dirigida únicamente hacia las personas desaparecidas, sino también hacia las familias que realizan las denuncias, con comentarios como “no lo cuidaste bien”, “tú vivías con él, sabes en qué andaba”, “no se lo llevaron por bueno”.
AI cuestiona que estas expresiones no sólo estigmatizan a la familia al culpabilizarla de la desaparición, sino que vienen impregnadas de prejuicios de género y otros estereotipos discriminatorios, que asumen que las labores de cuidado les corresponden exclusiva o principalmente a las mujeres.
Zacarías Cervantes / Foto: Cuartoscuro


