5 mayo,2026 6:00 am

Echada para adelante y con el corazón en la mano

Esthela Damián Peralta

 

Los últimos años trabajando en la administración pública me han permitido servir a mi país desde distintas trincheras, asumir responsabilidades complejas, participar en momentos importantes para la vida institucional e histórica del país y aprender que no hay cargo pequeño, hay personas pequeñas.

No es el lugar el que nos hace, es la actitud de servicio, las ganas de hacer todo lo que se puede y ver siempre el “cómo sí” tocar puertas, generar diálogos, escuchar y caminar con nuestra gente, tener un desempeño impecable en el servicio público. De pronto, volteo a ver camaradas ejemplares, que dan sus noches, su dedicación, su amor por nuestro país, cuidando cada peso público, sabiendo que no es de ella o de él, es de nuestra gente.

Hoy vengo de andar conociendo muchas realidades y este gran mosaico que es nuestro país donde hay vínculos comunes, un sentido de identidad y orgullo de ser mexicano o mexicana, pero muy consciente de que nuestra patria chica siempre será el territorio donde nacimos y crecimos, donde tenemos mil historias, sueños, derrotas, y éxitos.

He tenido el honor de contar con la confianza de la Presidenta Claudia Sheinbaum para acompañarla en distintas responsabilidades a lo largo de los últimos años. Y aunque la vida pública suele medirse en nombramientos, con el tiempo una entiende que lo verdaderamente trascendente está en los momentos. Uno de ellos, que puedo admitir que añoré desde niña y guardaré para siempre en la memoría, es el día de su toma de protesta como la primera mujer Presidenta de México: “No llego sola, llegamos todas”, fue la frase que demostró que se transformó para siempre la manera en que entendemos nuestro lugar en la vida pública.

Tener la oportunidad de acompañarla, y particularmente de coordinar su defensa del voto a nivel nacional durante su campaña, fue una de las experiencias más exigentes y formativas de mi vida. De cerca conocí su disciplina, su rigor, su nivel de exigencia, su capacidad de trabajo y, sobre todo, su compromiso genuino con la gente. Aprendí de su claridad para tomar decisiones, de su preparación, de su energía incansable y de esa convicción con la que enfrenta incluso los momentos más complejos. Como cualquier liderazgo auténtico, está hecho de fortalezas, de humanidad y de carácter, pero si algo puedo decir con absoluta honestidad es que sus virtudes han sido una fuente permanente de aprendizaje para quienes hemos tenido la oportunidad de caminar a su lado.

Y así, aunque durante años mi responsabilidad me llevó a trabajar en distintos espacios del servicio público, y en muchas ocasiones mi trabajo estuvo concentrado en la capital del país o en tareas nacionales, mi raíz no cambia. Soy orgullosamente de Guerrero, y por ello, Guerrero nunca dejó de ser parte de mis decisiones, de mis convicciones y de mi manera de entender el servicio público y mi propio proyecto personal.

Mucho se piensa que quienes hemos tenido la oportunidad de vivir en la capital buscamos permanecer y crecer en la gran ciudad, sin embargo, al menos para mi, la búsqueda más grande siempre ha sido estar con mi gente. Seguir escuchando a quienes desde muy joven me abrieron las puertas de sus casas. Nunca dejé de sentir como propios los retos, las preocupaciones y también las enormes fortalezas de esta tierra. Cuando una pertenece verdaderamente a un lugar, la distancia geográfica nunca significa ausencia, mi corazón ha estado siempre en la tierra que me vio nacer.

Guerrero me formó en todos los sentidos. Aquí sentí desde muy joven la desigualdad. Vi mujeres sostener familias completas con una fuerza extraordinaria, jóvenes luchando por abrirse camino en contextos muchas veces adversos, comunidades defendiendo su cultura y su dignidad. Aprendí que la política solamente tiene sentido cuando se utiliza para trabajar por los derechos de las personas más vulnerables.

En este momento, se trata de seguir caminando esta tierra con la misma convicción de siempre. Lo he dicho antes y hoy lo reitero con absoluta claridad: Venir a Guerrero a mis 53 años representa cumplir una deuda personal conmigo misma. No me dan miedo los retos, los he tenido conviviendo conmigo todo el tiempo y he sabido que cada riesgo se logra sortear con un trabajo metódico, un gran equipo, mucha concentración, pasión y amor a cada momento.

Todo ese camino hoy me trae hasta aquí, no es bajo la lógica del poder por el poder, ni desde la mezquindad o la ruindad que tanto daño le han hecho a la vida pública. Lo que buscamos es algo mucho más profundo, convencer desde la congruencia, desde los principios, desde la manera en la que vivimos todos los días y no solamente cuando hay una cámara enfrente. El verdadero carácter de quienes aspiramos a servir no se demuestra en un discurso, se demuestra en lo cotidiano, en cómo tratamos a la gente, en cómo tomamos decisiones y en si verdaderamente estamos dispuestas y dispuestos a construir bienestar común.

Y en esta etapa, una prioridad también tiene que ser la unidad. No caer en provocaciones ni alimentar divisiones artificiales ¿quién soy yo para generar que todos opinen igual que su servidora? La pluralidad no debilita, al contrario, cuando se asume con madurez, fortalece. Hagamos del ejercicio de la política, uno virtuoso. Hay muchas mujeres y hombres valiosos construyendo desde hace años, con trabajo, con territorio, con experiencia y con resultados, y si algo nos hará verdaderamente fuertes hacia adelante, será la capacidad de caminar juntas y juntos, como lo ha venido demostrando con su ejemplo la Presidenta.

Por último, me gustaría poner en la reflexión de que durante muchos años, a Guerrero se le ha querido mirar únicamente desde sus desafíos, desde sus heridas históricas o desde todo aquello que aún está pendiente por transformar. Pese a ello, quienes conocemos verdaderamente esta tierra sabemos que Guerrero nunca ha sido definido por sus dificultades, sino por la fuerza de su gente. Guerrero tiene memoria, carácter, talento y una identidad profundamente poderosa.

Por eso, en esta etapa de mi vida pública, he tomado una decisión en absoluta conciencia de lo que me representaba en lo personal y político al mismo tiempo: hacer de mi presencia en Guerrero algo permanente. Me entusiasma seguir caminando sus regiones y sentir el pulso de esta tierra, a lado de quienes lo sostienen día a día con su trabajo.

Después de tantos años de servicio, hay algo que tengo claro: los espacios cambian, las responsabilidades evolucionan y las etapas se transforman, pero cuando el propósito nace desde la raíz, permanece intacto. Y el mío, hoy más que nunca, está aquí, en Guerrero.

Al final, uno no vuelve al lugar donde está su raíz, sino que simplemente decide quedarse donde siempre ha pertenecido. Por los caminos del sur… he llegado a Guerrero.

Nos leemos el siguiente martes.

 

@EsthelaDamian