1 abril,2018 5:50 am

Eileen Truax retrata 13 historias de “resistencia y éxito” en el libro “Mexicanos al grito de Trump”

Texto: Tatiana Maillard/ Foto tomada de Facebook
Ciudad de México, 1 de abril de 2018. La severidad de las políticas migratorias, el racismo y la discriminación, son situaciones que constantemente ha enfrentado la comunidad de migrantes hispanos, sin importar quién esté al frente de la Casa Blanca. Pero nunca como ahora, un presidente de Estados Unidos había encarnado en su política y palabra un discurso de odio constante en contra de la población migrante. Son los temas que ha reporteado constantemente la periodista mexicana Eileen Truax desde que llegó a ese país, hace 15 años.
En su libro Mexicanos al grito de Trump, Truax recopila 13 historias de vida de migrantes en Estados Unidos. Gente que, a partir del trabajo en comunidad, la acción civil y el apoyo mutuo, ha conseguido defender  sus derechos y los de sus compatriotas. Trece biografías que dan nombre y apellido a la gente que resiste.
La resistencia, advierte Truax, es lo que importa en estas historias.
–Usted comenta que la política discriminatoria en contra de migrantes no inició con la administración de Donald Trump. En todo caso, lo que él ha hecho es evidenciar el racismo cotidiano.
–Debemos tener una cosa en claro: los ataques, la discriminación y la violación de los derechos humanos no empezaron con Trump, y no se van a acabar cuando Trump se vaya. Los obstáculos para los inmigrantes no se van a acabar. Desde la primera línea, advierto que este no es un libro sobre Donald Trump. Es un libro sobre los mexicanos en Estados Unidos que llevan años, a veces décadas, en resistencia ante las políticas antiinmigrantes. Por alguna razón, los migrantes en resistencia no habían sido tomados en cuenta desde México, hasta que llega Trump e inicia una abierta campaña de ataques en su contra.
En México tendemos a cubrir la migración cuando está en tránsito, ya sean los migrantes centroamericanos que cruzan por México, o los mexicanos que van rumbo al norte. Hay coberturas sobre lo que ocurre en la frontera, si los encuentran en el cerro o metidos en una cajuela. O cómo los deportan. Pero una vez que los mexicanos llegan a Estados Unidos, es como si desaparecieran tanto de los medios mexicanos, como del imaginario de la sociedad. De muy poca gente se sabe qué le pasó, qué comió, dónde llegó o si habla el idioma. No se piensa en cuál es la vida en Estados Unidos para un inmigrante indocumentado. Es como si se pensara: “ya llegó, ya va a mandar dólares”.
 
El sueño americano
 
–¿Por qué es tan importante el concepto de la resistencia?
–Es la idea que articula todas estas historias. Cuando Trump ganó las elecciones, muchas personas me contactaron desde México para pedirme desde opiniones hasta textos que respondieran qué harían los mexicanos para defenderse. Esa era justamente la cuestión: ¿cómo se van a defender los mexicanos de Trump? Y lo que yo concluyo con estas historias, es que no se trata de defenderse. Se trata de resistir. La palabra en inglés es fightback, algo así como “el contrataque”. ¡Ese es el espíritu! La primera estrofa del Himno nacional –que el título del libro parafrasea– no habla de mexicanos defendiéndose: habla de mexicanos que contraatacan.
 
–¿Y cómo contraatacan?
 
–A través de las redes de solidaridad. Si no hubiera solidaridad entre mexicanos, ya sea que tengan o no tengan documentos, la supervivencia sería imposible. Te lo digo como periodista, pero también como migrante. En Estados Unidos, un migrante sin seguro social no puede trabajar, ni recibir atención a la salud, ni conducir un auto.  Sin embargo, la gente indocumentada trabaja, maneja un auto, puede rentar una casa y de alguna manera atiende su salud. ¿Cómo le hacen? Nunca nos detenemos a pensar en eso. Si para una persona, en cualquier ámbito, implica un esfuerzo, ¿cómo le hace una persona indocumentada que, además, tiene todo el marco legal en su contra? Esto no sería posible sin las redes de solidaridad que buscan alternativas para que estas familias puedan hacer su vida, en muchos casos, de forma exitosa.
Me parecía importante mostrar estas redes de solidaridad, porque a veces creo que hay una visión sesgada de la sociedad estadunidense, en la que se cree que prevalece el egoísmo y el individualismo. Sin embargo, nada de lo que se relata en el libro podría ocurrir en un entorno así.
–El cumplimiento del sueño americano.
–De su sueño americano. No hay un solo sueño americano. Cada quien migra por razones personales. Por ejemplo, para la familia de Mafalda Gueta, su sueño americano era poder ver a su hija caminar. Para otros, el sueño americano consiste en conservar la vida, como Claudia Amaro. Pero las cosas no se quedan al nivel de sus motivos personales, sino que en el proceso tejen redes de ayuda para los demás. Mafalda lidera una organización de apoyo a los dreamers y Claudia es parte de una organización en Kansas que defiende los derechos de los indocumentados.
Es motivador encontrar que estas personas ayudan a los demás una vez que consiguen la estabilidad, o que están en el proceso de estabilizarse. Los mexicanos se vuelven beneficiarios pero, también, constructores de redes solidarias. Y esto es un valor que inició antes de la administración de Trump y que seguirá cuando Trump se vaya.
 
La teoría del péndulo
 
–¿Cuáles son las consecuencias de la administración de Trump?
–Si algo bueno ha traído la administración Trump, y me siento un poco rara de decir algo así, es que se ha visibilizado que cada ataque discriminatorio y racial recibe una respuesta potente en su contra. En Estados Unidos, la teoría del péndulo aplica con precisión: cuando hay un movimiento muy fuerte o radical, del lado opuesto se da una reacción con la misma intensidad.
La llegada de Trump lo ejemplifica. El arribo a la presidencia, en 2009, del primer hombre afroamericano –Barack Obama– fue un golpe de péndulo muy fuerte no solamente en Estados Unidos sino en el mundo. Tenemos la idea de que los países europeos son muy avanzados en sus sistemas democráticos, pero no tienen presidentes que no sean blancos.  En Estados Unidos ocurrió y fue gracias a la mayoría de votos de los estadunidenses.
Tenía que haber un golpe de péndulo, con la misma intensidad, hacia el otro lado. El resultado es Donald Trump.  Pero por cada ataque verbal o por cada intento de Trump de atacar a los migrantes a través de las leyes, hay una reacción de la misma magnitud. Si él ofende, insulta, discrimina, las organizaciones, los legisladores y los gobernadores responden.
El fin de semana que se implementó el Muslim ban (veto musulmán), la gente se volcó a los aeropuertos para protestar y el ACLU (American Civil Liberties Union) envió abogados voluntarios para dar apoyo legal a quienes, incluso siendo residentes legales, se les impedía la entrada al país. Ese mismo fin de semana dos cortes federales bloquearon el veto.
Cuando Trump quiso desmantelar el sistema de salud que dejó Obama, también se lo impidieron. Lo mismo cuando quiso suprimir el DACA (programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, que ofrece protección migratoria a los dreamers) y un juez le advirtió que debía mantener esta protección.
Finalmente, la oferta del muro en la frontera, que era la principal en la campaña de Trump, no se ha concretado.
Donald Trump puede tener un discurso muy duro y muy violento, con un impacto psicológico notable. Pero se observa una reacción de oposición en la vida política y ciudadana. Por otro lado, que les griten “¡Regrésate a tu país!” es algo que los migrantes han pasado siempre. Pero ahora, la novedad es que hay gente que rechaza esas conductas y apoya a los migrantes. Y eso ha ocurrido, justamente, por el discurso duro de Trump.