19 enero,2022 5:04 am

El 2022, año clave para el futuro de Alberto Fernández en Argentina

 

 

Gaspard Estrada

 

 

El año que acaba de terminar fue complicado para la mayoría de los países latinoamericanos, pero en particular para Argentina. A pesar de haber implantado una de las políticas sanitarias más restrictivas durante la pandemia del Covid-19 al mantener un estricto confinamiento de la población durante meses, el saldo ha sido muy duro, tanto para la sociedad argentina como para el presidente Alberto Fernández, que arranca su tercer año de gobierno. Las elecciones legislativas de medio mandato, que se llevaron a cabo en noviembre de 2021, se tradujeron por una reducción de la fuerza política del peronismo, al tiempo que dejó en evidencia la división existente entre el grupo político del presidente Alberto Fernández y él de su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. En esta perspectiva, el oficialismo tiene por delante un futuro incierto, en particular en la economía.

En efecto, durante el gobierno del liberal Mauricio Macri (2015-2019), Argentina, que había perdido su capacidad de endeudamiento tras la crisis financiera de 2001 y los conflictos del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner frente a los fondos buitres que no quisieron ingresar en el programa de reestructuración de la deuda soberana de ese país a mediados de los años 2000, volvió a endeudarse en proporciones fuera de lo normal, con el respaldo de la administración norteamericana de Donald Trump. Este último y Mauricio Macri son viejos conocidos, no solamente por haber sido empresarios antes en entrar en la vida política, sino por haber hecho negocios juntos en los años 1980. Sólo así se puede entender porque el Fondo Monetario Internacional (FMI) accedió a dar un préstamo de más de 40 mil millones de dólares a Buenos Aires, sin disponer de las garantías suficientes para que ese dinero sea utilizado para restablecer el aparato productivo y evitar que sea desviado para complacer el capital especulativo. Sin embargo, eso fue lo que pasó, dejando una herencia maldita a Alberto Fernández, que ha intentado solventar este problema mayor para el futuro de su país. Si bien su gobierno logró restructurar la deuda privada de Argentina, en cambio no ha sido todavía el caso del débito de su país frente al FMI. Y ahí es donde las cosas se complican.

La relación entre el gobierno argentino y el FMI ha estado marcada por altibajos. Aún cuando la actual directora gerente del Fondo, la búlgara Kristalina Georgieva, ha marcado su diferencia con la gestión de su antecesora, Christine Lagarde (ella fue quién aprobó el crédito a Argentina), no ha sido posible obtener un acuerdo político para restructurar la deuda. El problema mayor se encuentra en la relación entre el gobierno de Alberto Fernández y el de Joe Biden. Si bien existen varios asuntos en los cuales los dos gobiernos tienen puntos de acuerdo, como la urgencia climática, la voluntad de aislar a Jair Bolsonaro, hay otros que causan cierta fricción, en particular la relación entre Argentina y China. Pekín se ha convertido durante los últimos años en un socio estratégico de varios países latinoamericanos, como Argentina.

De hecho, la mayoría de los países del cono sur tienen como principal socio comercial a China. Pero a nivel político Pekín no ha logrado conseguir que las grandes capitales latinoamericanas (México, Brasilia, Buenos Aires, Bogotá), acepten adherir al principal proyecto de proyección política china: la “Belt and Road Initiative” (BRI). Sin embargo, las cosas podrían cambiar el próximo mes, si Alberto Fernández firma la adhesión de su país al BRI chino, a cambio de obtener inversiones del gigante asiático y un respaldo financiero para su país.

Si eso llegase a suceder, está claro que Washington no estará dispuesto a respaldar la reestructuración de la deuda argentina frente al FMI, lo que provocará que Buenos Aires quede en una posición todavía más dependiente de Pekín a nivel del financiamiento de su deuda y de su futuro económico. Sin duda, las próximas semanas serán cruciales para el futuro del cono sur y de América Latina.

 

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París

 

Twitter: @Gaspard_Estrada