25 octubre,2021 5:56 am

En Guerrero llueve esperanza

Centro de derechos humanos de la Montaña, Tlachinollan

 

Las barrancas de la Montaña se desbordaron sobre las carreteras destrozadas con la pertinaz lluvia ocasionada por la depresión tropical 17-E y la entrada del huracán Rick que acompañaron la visita del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y de la nueva gobernadora Evelyn Salgado a Metlatónoc, Tlapa, Malinaltepec y San Luis Acatlán. El paisaje megadiverso de estas reservas boscosas contrasta con la pobreza secular de las familias indígenas, que sobreviven con la siembra de su tlacolol. Su cosecha es raquítica, apenas les alcanza para medio alimentarse durante 4 meses. Necesariamente tienen que salir a trabajar como jornaleros agrícolas para obtener un ingreso precario, que les permite subsistir en la temporada de secas, cuando el hambre arrecia.

Al igual que la lluvia, la gente se desbordó por todos lados y mostró su espíritu combativo y bullanguero para saludar al presidente y a la gobernadora. Los hijos e hijas de las nubes abrigaron la posibilidad de poder dialogar con el presidente a pesar de las condiciones climáticas adversas. La demora de su viaje a la cabecera municipal de Metlatonoc, se debió en buena parte por las paradas que realizó durante su viaje. La organización de su visita por porte de la ayudantía de la presidencia se centró en las reuniones cerradas con los presidentes y presidentas municipales de la región. Estuvo ausente el diálogo intercultural y multilingüe que le dan identidad a estos pueblos. Tampoco hubo un saludo oficial en las lenguas maternas. Dieron por sentado que la gente comprende cabalmente el español y por lo mismo quienes tuvieron que adaptarse a estas reuniones son los indígenas.

Sin pretenderlo, las comunidades se organizaron para darles una recepción festiva. Fueron muy emotivas las muestras de cariño que espontáneamente les patentaron. En la cultura de la Montaña no se concibe un encuentro con personas de respeto si no se comparte lo poco que se tiene. Las personas mayores llevaban sus bolsas de café, servilletas bordadas, frutas de la región, comida de la temporada, utensilios tradicionales como el teconte donde se depositan las tortillas. También llevaban algún oficio hecho a mano o en computadora. Todas las expresiones fueron de agradecimiento con sus respectivas solicitudes. A pesar de los programas federales que el presidente refrendó, las familias aún no han podido cruzar el umbral de la pobreza extrema.

Las demandas se centraron en los servicios de salud que están ausentes en toda la Montaña y en la necesidad de mejorar la precaria infraestructura hospitalaria que además es obsoleta e ineficiente. Los niños y la gente mayor se mueren por piquetes de alacrán. Las mujeres por parto y los pequeños hijos e hijas padecen los estragos de la desnutrición.

Muchas personas que esperaron bajo la lluvia el paso del presidente, han participado en plantones y bloqueos carreteros para exigir a las autoridades la construcción de escuelas y la dotación de maestros y maestras que hacen falta. La educación no es un bien gratuito y eso lo saben las madres y padres de familia que tienen que cooperar para dotar de agua, construir sanitarios; habilitar espacios apropiados para realizar sus actividades deportivas e improvisar salones con techos de cartón. No hay comunidad que deje de lado la construcción de caminos. Los gobiernos municipales y estatales se han embolsado mucho dinero para mantener incomunicada y sometida a la Montaña. Cada año se autorizan presupuestos millonarios que quedan en los bolsillos de las grandes constructoras encompadradas con los políticos corruptos. Mucha gente recuerda lo que prometió Enrique Peña Nieto, que construiría una carretera de cuatro carriles de Tlapa a Chilpancingo. Seguramente lo incluyeron dentro del millonario programa “Nuevo Guerrero” que presidió Miguel Alemán.

En la Montaña nos han acostumbrado a recorrer los caminos saltando baches y librando derrumbes. Con la visita del presidente Andrés Manuel, se repitieron las mismas prácticas nefastas de realizar bacheo en los caminos que recorrería y medio componer los pasos de difícil acceso para tapar la corrupción. Muchas comunidades han tenido la capacidad para organizarse y darle mantenimiento a las brechas que diariamente transitan. Tienen experiencia para trabajar colectivamente, porque saben que es la forma más barata de contar con caminos seguros. Por eso varias autoridades comunitarias están solicitando al INPI que las incorporen al programa de caminos artesanales, porque vislumbran que es una alternativa viable para romper con el aislamiento. Ha sido muy complicado acabar con el monopolio que ejercen los grupos políticos y económicos que saben cómo esquilmar el erario público. Ya están cansados de tantos engaños y burlas; del menosprecio y los atropellos; de tratarlos como vasallos, como entes manipulables. Saben que esta es una gran oportunidad para demostrar que las comunidades indígenas son capaces de manejar con transparencia los recursos públicos. Por siglos han sabido manejar el dinero de los santos. Como mayordomos saben rendir cuentas del dinero que les entregan anualmente para que lo administren. En estos espacios la asamblea y el consejo de principales funcionan como contralores comunitarios. Esperan ahora que el presidente atienda sus planteamientos.

Los sabios y sabias de la Montaña, son especialistas para hablar con sus deidades prehispánicas. Conocen el cuerpo humano como si fuera un microcosmos. Aguardan conocimientos medicinales y sagrados de las plantas nativas. Conocen a profundidad los ciclos de la naturaleza y son expertas y expertos en la siembra del policultivo, que es la matriz de su cultura. Interpretan con mucha agudeza el movimiento de los astros, y conocen como la palma de su mano el hábitat de cada planta, qué tipo de tierra es propicia para producir determinadas especies que complementan su dieta y ayudan a su salud. También son grandes constructores. Han aprendido a desarrollar técnicas para la elaboración de materiales de la región que son apropiados para sus viviendas. Son grandes autodidactas que saben levantar sus casas con gran simetría y calculo, además del sentido estético que tienen. A pesar de este cúmulo de conocimientos, los diferentes gobiernos han tirado por la borda este patrimonio intangible, por el negocio que realizan con las empresas constructoras. Han colonizado el entorno rural y urbano para uso masivo de materiales industrializados que, además, de contaminar son inadecuados y disfuncionales para lugares donde se pueden utilizar lo que ahí se produce. Se ha dejado en total abandono a las comunidades indígenas en cuanto a la construcción de vivienda comunitaria. A pesar de los desastres naturales, que recurrentemente suceden en la región, no se ha atendido el gran déficit de vivienda que hay en la Montaña. Se siguen achicando los fondos para las viviendas rurales. Son programas restrictivos que desatienden la demanda generalizada de construcción, rehabilitación y reforzamiento de viviendas. Aun no se le apuesta a un programa amplio que revierta el grave rezago de las viviendas indígenas.

El reclamo de las comunidades indígenas y afromexicanas gira en torno a los ejes del piso básico para una vida digna: salud, educación, vivienda, caminos y reactivación del campo. Hasta la fecha no se ha podido romper con el círculo de la dependencia alimentaria. La especialidad del trabajo de las familias y comunidades indígenas es la siembra y producción de su dieta tradicional centrada en el maíz. Se requiere implementar programas focalizados en el mejoramiento de la producción de básicos. Con los programas que se han aplicado en la montaña no se garantiza la autosuficiencia alimentaria. Los pueblos saben cómo hacerlo por eso requieren que los presupuestos públicos se incrementen y se diversifiquen entre los pequeños productores.

La visita del presidente y la gobernadora generó muchas expectativas en la montaña y Costa Chica de Guerrero, sobre todo porque asumieron el compromiso de priorizar las regiones y los estados pobres. En el plano municipal las ciudadanas y ciudadanos mantienen su desencanto porque saben que los presidentes municipales, están muy lejos de compartir esta visión, de transferir los fondos a las comunidades. En los gobiernos municipales de Guerrero prevalece una red de complicidades entrampadas en negocios privados Utilizan los recursos públicos como patrimonio propio. El principal obstáculo para romper el círculo de la corrupción son las mismas autoridades municipales, que se asignan sueldos estratosféricos y disponen de los fondos a su libre arbitrio. Para asegurarse del negocio, utilizan a líderes comunitarios para encubrir sus triquiñuelas. Imponen empresas constructoras con las que ya tienen pactos y compran las firmas de los comisarios para justificar obras mal hechas e incompletas. En los gobiernos municipales urge implementar mecanismos de control más rígidos y transparentes sobre los programas que manejan. La obra pública les deja grandes dividendos. Por eso tiene que garantizarse la participación de las comunidades indígenas para monitorear el ejercicio de estos fondos. Se tiene que tomar medidas ejemplares para que dejen de utilizar los fondos públicos como botín de los grupos político y económicos que se han aliado con la delincuencia organizada.

El grave problema de la violencia y la inseguridad, estuvo ausente en las reuniones del presidente. El reclamo de centenas de víctimas no se abordó como parte de la agenda central entre los municipios de la Montaña y Costa Chica de Guerrero. La proliferación de grupos armados auspiciados por la delincuencia organizada que están vinculados con autoridades municipales es un problema grave que no se ha atendido por el gobierno federal. Es urgente desmontar estas estructuras criminales y hacer depuraciones a fondo de las corporaciones policiales, porque hay infiltración del crimen. Son alarmantes las cifras de feminicidio que se han registrado en Guerrero y en la Montaña. A pesar de la alerta de género no se tomaron acciones de contención y de protección a las mujeres, por el contrario, los perpetradores encuentran cobijo entre quienes investigan los delitos. El negocio de la justicia es una mercancía cara, que es inaccesible para las mujeres indígenas. La cultura patriarcal sigue causando estragos al interior de las comunidades indígenas, porque utilizan las costumbres para afianzar su poder y para someter a las mujeres. Se han pervertido y mercantilizado las alianzas matrimoniales. Las niñas están sometidas a un cautiverio al forzarlas a casarse a cambio de un pago pactado entre los padres de familia. Las autoridades de los tres órdenes de gobierno, por ser omisas y por estar ausentes en estos lugares son cómplices de la violencia feminicida. En medio de esta turbulencia, las mujeres y las niñas resisten este embate, luchan contra el mismo sistema de justicia estatal que las estigmatiza. Claman al cielo para que pare esta guerra contra las mujeres de la lluvia y el fuego. Su lucha imbatible es para que en la Montaña llueva esperanza.