
Cada noviembre debe organizarse una semana de actividades académicas y culturales. En la entidad sólo hay 113 ejemplares, pero con los monitores que se han instalado se han observado crías de la especie, lo cual constituye un indicio claro de que continúan reproduciéndose en su hábitat natural
Acapulco, Guerrero, 13 de enero de 2025. Este sábado entró en vigor el decreto por medio del cual “se declara al Jaguar (Panthera onca) como Patrimonio Cultural y Natural Intangible del estado de Guerrero, en reconocimiento a su relevancia histórica, simbólica y su arraigo en las tradiciones culturales”.
El decreto se conoció el 28 de noviembre del año pasado pero entró en vigor al día siguiente de su publicación en el Periódico Oficial del Estado de Guerrero que fue este viernes 10 de enero.
El decreto consta de cuatro artículos en los que instruye a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semaren) a establecer “un programa de monitoreo y conservación del Jaguar para garantizar su protección a mediano y largo plazo, considerando la opinión de especialistas y comunidades locales el cual deberá estar listo en un plazo de seis meses, esto es el 11 de julio de este año.
En tanto, la Secretaría de Cultura deberá desarrollar cada año, del 27 al 29 de noviembre, la Jornada Académica y Cultural denominada El Jaguar: Identidad Guerrerense y para ello deberá coordinarse con la Semaren para incluir actividades académicas, foros, conferencias, talleres, entre otras, en materia biológica, ecológica, investigación y de conservación del jaguar.
En la justificación, se destaca que el jaguar es el felino más grade de América y representa varios simbolismos en las culturas prehispánicas de Mesoamérica como liderazgo y fuerza política y se le considera nagual del dios Tezcatlipoca, asociado con la noche y el inframundo.
En la cultura popular del estado, este felino tiene representación en 12 danzas tradicionales, principalmente Los Tlacololeros, Los Tecuanes de Huitzuco, Los Tejorones de Costa Chica, Los Maizos de Mochitlan y Los Tigres de Zitlala.
“El jaguar juega un papel central en ritos de petición de lluvias, en los cuales se realizan ofrendas en puntos estratégicos de energía en los altos cerros, invocando la llegada de lluvias que garanticen cosechas abundantes. Esta figura está profundamente vinculada a la cosmovisión prehispánica, asociada con el agua, la tierra, la fertilidad y las prácticas agrícolas de las comunidades, consolidándose como un símbolo cultural y ritual en el estado.
“En síntesis, el jaguar es un símbolo de identidad cultural que aparece representado en diversos referentes históricos y antropológicos, así como en las tradiciones milenarias de los pueblos originarios de Guerrero. Este legado persiste a través de ceremonias, ritos y danzas, que han trascendido generaciones y se han extendido a lo largo del territorio guerrerense, consolidándose como un emblema cultural profundamente arraigado”.
En contraste con su valor cultural, en el estado es una especie amenazada, por la fragmentación y pérdida de hábitats, cacería ilegal, y el avance de las tierras de cultivo por eso se requieren “adoptar medidas urgentes para su protección y conservación”.
De acuerdo con cálculos de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar –Wild Felids Conservation, Mexico, 2024–, en la entidad sólo hay 113 ejemplares, pero con los monitores que se han realizado se han observado crías de jaguar “lo cual constituye un indicio claro de que la especie continúa reproduciéndose en su hábitat natural. Este hallazgo representa una oportunidad invaluable para implementar medidas efectivas de conservación que garanticen la supervivencia del jaguar en el estado de Guerrero”, se lee en el decreto.
En la entidad, donde se ha documentado la presencia de este felino en los últimos 15 años son los municipios de Petatlán, Tecpan, Atoyac y Chilpancingo y hay “información anecdótica” de que tiene presencia en los municipios de Iliatenco y San Luis Acatlán.
Desde 2009, la Semaren, con el apoyo de diversas instituciones, ha realizado monitores en la Sierra Madre del Sur que abarcan una extensión de mil 200 kilómetros cuadrados en localidades como Cordón Grande, Las Humedades, Fresnos de Puerto Rico y Platanillo en el municipio de Técpan de Galeana; San Vicente de Benítez, Río Verde, Río Santiago, Los Valles, La Pintada, El Paraíso, Nueva Delhi, Arrayanes, Piloncillos y San Francisco del Tibor en Atoyac de Álvarez; así como San José de los Olivos, Loma Baya, La Botella, Ocote de Cadena y el Ejido Nuevo en Petatlán. En la Sierra de Chilpancingo-Coyuca de Benítez, estas actividades se han llevado a cabo en Jaleaca de Catalán, Santa Rosa de Lima, San Miguel y Santa Bárbara.
En octubre del 2024, en la sierra de Atoyac, en la localidad de Río Chiquito fue encontrado sin vida uno de los pocos ejemplares del jaguar que quedan en el estado. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) inició una investigación por la muerte del felino pero a tres meses no ha reportado resultados sobre el tema.
Texto: Daniel Velázquez


