19 agosto,2023 9:45 am

Entra Fernando Fernández a la Academia Mexicana de la Lengua; reivindica el oficio periodístico

También es editor, declara sobre su trayectoria en revistas culturales como Milenio (1990-1992), Viceversa (1992-2001) y, actualmente, Liber

Ciudad de México, 19 de agosto de 2023. La carrera como editor de Fernando Fernández comenzó en la preparatoria, con el lanzamiento de su primera revista, en la que fungió como director, reportero, redactor e ilustrador.

Hecha con una máquina de escribir que le prestó su novia de entonces, impresa en fotocopias y engrapada artesanalmente, la publicación contrastaba en su hechura modesta con el nombre que le otorgó su fundador: El Faisán.

“La hermana de un amigo mío le dijo una vez: ‘Tu amigo Fernando parece un faisán flaco’”, recuerda entre risas. “Entonces eso que parecía una especie de ofensa, que quizás lo era, a mí me gustó mucho, entonces le puse El Faisán a la revista”.

Esta vocación por el oficio y el amor por las palabras –ya sea por sus significados más hondos o por su sonoridad bromista– lo han llevado a convertirse en el más reciente integrante de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).

“Yo soy periodista en esencia, soy editor y periodista”, declara sobre su trayectoria en revistas culturales como Milenio (1990-1992), Viceversa (1992-2001) y, actualmente, Liber.

Lo cierto, no obstante, es que Fernández (CDMX, 1964) es también poeta, ensayista, crítico literario y uno de los blogueros más constantes de su generación.

Es autor de poemarios como Ora la pluma (1999), Palinodia del rojo (2010) y Oscuro escarabajo (2018), además de estudios relevantes sobre los poetas Gerardo Deniz y Ramón López Velarde.

Su historia familiar ha sido retratada en el libro Oriundos (2018), en el que cuenta, entre una galería de historias, la migración de su abuelo desde Asturias a México a principios de los años 20 del siglo pasado.

“Yo nací en el 64, en un mundo muy de españoles de México, que no eran exactamente muy sociables, que vivían mucho la intimidad de la familia como un hecho muy privado. Mi abuelo no era nada sociable y mi mamá llegó aquí de 19 años, embarazada de mí, sin conocer a nadie”, cuenta.

Su padre formó parte de la primera generación de la carrera de Arquitectura de Ciudad Universitaria, la de 1954, pero Fernández decidió seguir el camino de la literatura, animado por sus profesores desde la primaria.

“La gran verdad es que tuve muy buenos maestros”, reconoce, además de una curiosidad innata que, en quinto año, lo llevó a escribir un relato de ciencia ficción que él entonces consideraba su primera novela.

En la universidad, tras una breve incursión errada en la carrera de Derecho, encontró su verdadero lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde continuó su racha de buenos profesores con Juan José Arreola, Federico Álvarez, Salvador Elizondo, Gonzalo Celorio, Eduardo Casar, Malena Mijares y Anamari Gomís.

“Fue conectarme con ese mundo que, de manera familiar o amistosa no había tenido previamente y que me abrió las puertas de la literatura mexicana y universal”, relata.

Editor y escritor

A lo largo de toda su carrera, Fernando Fernández ha combinado los dos impulsos que guían su vida: el de escribir y el de cuidar los textos escritos por otros.

Genuinamente modesto con su propia obra, el integrante de la Academia Mexicana de la Lengua antepone la segunda faceta.

“Finalmente, mi oficio ha sido el de editor, yo he vivido, y vivo hoy mismo, por hacer cosas editoriales”, expone.

Tras esa primera incursión preparatoriana en El Faisán y sus años de la facultad con Alejandría, Fernández impulsó la creación de la revista Milenio, que pronto se convertiría en una de sus contribuciones más importantes, y Viceversa, junto con Eduardo Vázquez Martín y Ricardo Cayuela.

“Fue la gran empresa de nuestra juventud, fue la gran pasión de aquellos años, que son los años ‘veintifinales’ y ‘treintaypocos’”, recuerda.

Activa entre 1992 y 2001, Viceversa trató temas literarios, culturales y contraculturales, y todo aquello que aconteció en un periodo convulso para México y el mundo.

“Fue una revista que funcionó como espejo a todo lo que ocurría en esa década, que fue una década muy fuerte, llena de esperanzas, de cambios, de tragedia, de decepciones, cuando llegaron los teléfonos celulares ya en forma, cuando llegó Internet, el cansancio social de una manera de vivir la política que llegó al colmo, la última década del PRI, fue asimismo la última década de Octavio Paz, que muere en 1998”, expuso.

Así, con portadas que lo mismo fueron dedicadas al portero Jorge Campos que al pintor Francisco Toledo, a la chamana María Sabina que a la cultura del rave noventero, Viceversa marcó una época para sus lectores con una postura de apertura y flexibilidad.

Actualmente dedicado a la revista trimestral Liber, de Arte y Cultura GS, Fernández no deja nunca de escribir.

“Yo no concibo esa figura que cultivan muchos amigos y contemporáneos de que la escritura es un sufrimiento, de la gran angustia que les produce la página en blanco; yo para nada, yo soy infinitamente feliz escribiendo”, celebra.

Además de sus libros de poesía, es autor de los ensayos literarios de Contra la fotografía de paisaje (2014) y de los dos libros que le valieron el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde y el reconocimiento como un conocedor del poeta zacatecano: Ni sombra de disturbio (2014) y La majestad de lo mínimo (2021).

Desde el 2009 ha sido constante con el blog Siglo en la brisa (www.sigloenlabrisa.com), que derivó en la selección de textos contenidos en su libro Viaje alrededor de mi escritorio (2020).

Cada género en el que trabaja tiene sus momentos.

“Para mí, la poesía es un hecho muy natural, que hay que esperar a que suceda, sin misterios y sin magias, cuando las cosas coinciden en uno”, apunta.

“Yo creo en esa manera de concebir la poesía y no en ser un obrero de ella, como ocurre alrededor de nosotros, con las consecuencias que están a la vista. También por eso he publicado escasos cuatro libros desde el año 90. Ahora, lo otro no, porque sí me encanta estar en ello, lo hago diario, el ensayo, la crítica literaria, la crónica, eso me encanta, estoy encima de ello diariamente y lo disfruto como nadie”, dice visiblemente feliz

Como editor y como escritor, la Academia Mexicana de la Lengua tiene un nuevo miembro que, ante todo, ama las palabras en todas sus formas.

Una vida con Deniz

Ya en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, uno de los verdaderos parteaguas de la vida de Fernando Fernández ocurrió cuando su amigo, Julio Hubard, le leyó por primera vez un poema de Gerardo Deniz.

La impresión fue tan grande que el estudiante, quien en ese momento era un gran lector de los autores españoles de la Generación del 27, y que ya iba a medio camino con una tesis sobre Juan Ramón Jiménez, decidió dar un golpe de timón.

“Una vez que compré ese libro y compré algún otro y empecé a leerlo, y sobre todo después de que busqué a Deniz para pedirle unos poemas para una revista que hacíamos en la facultad, que se llamaba Alejandría, en el momento en el que lo leí, lo conocí en persona y me dio los poemas, en cierto sentido mi vida dio un gran cambio”, recuerda.

Tras la decisión de dejar de lado su tesis sobre Jiménez y dedicarla a la obra del poeta mexicano, Fernández lo visitó semanalmente durante todo 1989 para hablar sobre su obra.

“Es una poesía difícil, compleja, llena de oscuridades, intertextualidades y era un placer oírlo a él, yo con el cuaderno, lo oí durante un año y ahí es que salió mi tesis”, celebra.

De ahí nació una amistad de casi 30 años, hasta el fallecimiento de Deniz, en la que éste se volvió colaborador asiduo en los proyectos editoriales de Fernández, a quien, finalmente, terminó confiándole su obra.

“No es el baúl de Fernando Pessoa, pero hay un baúl ahí que sigue enseñando tesoros y maravillas”, describe sobre las grabaciones, notas y textos que resguarda con cariño.

El discurso de Fernández de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, leído el pasado jueves, trató, precisamente, sobre su mentor y amigo.

“Sobre quién era, cómo lo conocí, qué es su poesía, dónde está su rebeldía, de quién era hijo y por qué actuaba así”, describe su evocación.

Tras varios años de trabajo, promete que un gran libro sobre Gerardo Deniz viene en camino.

Texto: Francisco Morales / Agencia Reforma