10 junio,2019 5:01 am

Entregan los restos de un ejecutado en Chilapa a su familia 4 años después de que fue hallado

En un ambiente de pobreza extrema familiares, amigos y vecinos sepultaron los restos de Rafael Grande Zapoteco.
Chilpancingo, Guerrero, 10 de junio de 2019. En un ambiente de pobreza extrema familiares, amigos y vecinos sepultaron el sábado los restos de Rafael Grande Zapotecco, uno de los tres que fueron entregados el viernes a sus familiares después de cuatro años de que permanecieron primero en las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) de Chilpancingo, y luego en el panteón ministerial.
Para el director del Centro Regional de Derechos Humanos José María Morelos (Centro Morelos), Manuel Olivares Hernández, los familiares de la víctima no solamente sepultaron lo que quedaba de Rafael, sino también la esperanza de encontrar justicia.
El viernes los restos de Rafael fueron entregados a su madre Cirila Zapoteco Chinito, vecina de Zitlala, y el sábado fueron sepultados en el panteón de esa cabecera municipal, sin que a más de cuatro años de que fue levantado y asesinado se haya investigado el caso, denunció.
“Rafael Grande Zapoteco nació el 10 de mayo de 1998 en Zitlala en el seno de una familia indígena náhuatl muy pobre, pero fue el mejor regalo para su madre, quien a pesar de las limitaciones económicas lo hizo crecer con la ilusión de recibir un apoyo de él cuando fuera grande”, refiere en un boletín el Centro Morelos.
Dice que en los pueblos indígenas las esperanzas se depositan en los hijos varones de quienes esperan que cuando crezcan ayuden, no sólo en las labores del campo, sino también con dinero cuando trabajan, para mejorar las condiciones de vida de la familia.
El comunicado agrega que ese fue el sueño de la familia Grande Zapoteco, pero “fue truncado por la creciente violencia que azota a nuestra sociedad, y que bajo el amparo de las autoridades y gobernantes ha llegado a los rincones más pobres y apartados de Guerrero”.
Destaca el comunicado que Rafael Grande contaba con 18 años cuando fue desaparecido, el 8 de marzo del 2015.
Ese día a la 1:30 de la tarde salió con su primo Roberto Zapoteco Chinito en el taxi de éste, y la última vez que los vieron fue en Chilapa.
Por su parte Olivares Hernández informó que la mamá de Rafael, Cirila Zapoteco Chinito entró en contacto con el Centro Morelos y presentó la denuncia después de casi 8 meses de su desaparición, “pues el miedo no le permitía tomar esa decisión”, y agregó que por la denuncia se abrió la averiguación previa ALV/SC/02/0114/2015.
Los restos de Rafael fueron hallados junto a los de su primo Roberto Zapoteco Chinito, el 19 de marzo del 2015 en una barraca ubicada entre los parajes conocidos como Ajacayán y Tlapizaco, cerca de la cabecera municipal de Chilapa.
Los restos de Roberto fueron entregados a su esposa, Regina Cervantes Teopatzin el 15 de junio del 2018 después de que permanecieron más de 3 años en el Semefo de Chilpancingo, hasta que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó la identidad de los restos.
En cambio los de Rafael fueron entregados hasta el viernes pasado a su madre Cirila Zapoteco Chinito, “quien finalmente pudo lograr que los restos de su hijo fueran velados y sepultados de acuerdo a las costumbres de los pueblos indígenas”, dijo Olivares.
Contó que en el sepelio, el sábado pasado, la afligida mujer recordó a su hijo Rafael “como un muchacho serio, trabajador y muy responsable”, que le ayudaba en los trabajos del campo, además de que cuando podía trabajar en otros empleos siempre la apoyaba con dinero.
El director del Centro Morelos añadió que gracias a la intervención del EAAF, que se encargó del análisis de los restos para confirmar si los resultados emitidos por el personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) eran positivos, fueron entregados los restos de Rafael a su madre Cirila.
“Hoy doña Cirila tiene la certeza de que los restos que sepultó son los de su hijo”, dijo el defensor de derechos humanos.
“La humilde vivienda donde fue velado mostraba en cada centímetro cuadrado la pobreza extrema de la familia, aun así doña Cirila sonreía en momentos y atendía a quienes la acompañaron en su dolor, antes de que partieran los restos de su hijo al panteón de esa población”, informó ayer.
Dijo que “lo más lamentable es que junto con su hijo también sepultaron la esperanza de que las autoridades hagan justicia”.
Texto y foto: Zacarías Cervantes
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