
A los 87 años de edad, murió en Lima el autor de Un mundo para Julius; no se informaron de las causas del deceso. Figura clave de la generación posterior al boom latinoamericano, el escritor es recordado por su estilo cargado de humor e ironía para retratar la desigualdad social y la identidad peruana
Ciudad de México, 11 de marzo de 2026. El escritor Alfredo Bryce Echenique, considerado una de las figuras más importantes de la narrativa latinoamericana, falleció el martes a los 87 años.
“Comparto con ustedes mi enorme pesar por el fallecimiento de Alfredo Bryce Echenique, uno de los grandes escritores peruanos y de la lengua española de las últimas décadas.
“A sus lectores, a sus parientes, mi más sentido pésame. Su obra lo sobrevivirá, sin duda alguna”, escribió en X el ensayista Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel Mario Vargas Llosa.
“Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores”, ponderó, por su parte, la Casa de la Literatura Peruana.
Nacido en Lima en 1939, Bryce Echenique se formó como licenciado en Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, donde también se doctoró en Letras.
En 1980 fue contratado por la Universidad Paul Valéry de Montpellier, donde al año siguiente fue nombrado catedrático de Literatura y Civilización latinoamericanas.
Para 1999, fijó de nuevo su residencia en Perú, luego de una década viviendo en Madrid.
Compaginó enseñanza y escritura, y su primera novela, Un mundo para Julius (1970), lo consagró de inmediato como figura destacada de la generación que siguió al llamado boom latinoamericano.
En tal título se narra la infancia de un pequeño de nombre Julius, bisnieto de un presidente y perteneciente a una familia encumbrada de Perú, al igual que el propio autor.
“Con humor, ternura e ironía, sus historias nos ayudaron a mirar con honestidad temas como la identidad y la desigualdad en nuestro país.
“En Un mundo para Julius nos enseñó a mirar el Perú a través de los ojos de un niño que empieza a descubrir sus diferencias e injusticias”, comentó en X Flor Pablo Medina, ex ministra de Educación de dicha nación.
“Desde su primer libro de cuentos, Huerto cerrado (1968), mostró una radiografía de la sociedad peruana al mismo tiempo implacable y humorística”, reconoció, a su vez, el Ministerio de Cultura del país andino. “Rendimos homenaje a su legado, su humor y su sensibilidad, que forman parte de nuestra identidad cultural”.
Otros de sus libros más célebres son La vida exagerada de Martín Romaña (1981), No me esperen en abril (1995) y El huerto de mi amada (2002); en 2012 publicó Dándole pena a la tristeza, su última novela.
Celebrado y odiado
También escribió numerosas crónicas periodísticas y de viaje, y colaboró con diarios y revistas como Nexos, en México; el suplemento cultural del periódico La Nación, de Argentina, y la Revista de Libros del diario chileno El Mercurio.
En estos terrenos, Bryce Echenique pasó de la celebración a ser vilipendiado cuando se descubrió que había plagiado textos periodísticos en varias de sus columnas. El autor debió pagar una multa de más de 57 mil dólares por copiar 16 artículos de medios españoles, mexicanos y peruanos, sin haber dado crédito a sus autores.
“¡Qué se jodan!”, fue la respuesta del limeño cuando se le preguntó acerca de quienes cuestionaron que se le otorgara el Premio FIL de Literatura 2012, pese a las acusaciones de plagio.
Con los 150 mil dólares del Premio FIL en la bolsa, insistió en que nunca había plagiado textos, y que las acusaciones habían sido envidia pura. Incluso aseveró que quienes se opusieron a que recibiera el galardón, entre ellos los escritores mexicanos José Emilio Pacheco y Fernando del Paso, eran un “grupo de extrema derecha”.
Otros, como Jorge Volpi, que había sido jurado, defendieron la concesión del premio.
“Hay gente que quiere todos los premios para ellos. Son unos frustrados”, sostuvo el peruano.
Al final no fue invitado a la ceremonia de inauguración de la FIL aquel año para recibir el galardón en su casa, y su nombre no se volvió a mencionar en los pasillos del encuentro.
Agencia Reforma


