
Un infarto y problemas respiratorios derivados del Alzheimer causaron el deceso de la también actriz a los 93 años
Ciudad de México, 18 de febrero de 2025. Las raíces de Yolanda Montez, quien murió el domingo a los 93 años, eran de lo más diversas: nació en Spokane, Washington, Estados Unidos, su padre tenía nacionalidad española y sueca, su madre era francesa y su abuela tahitiana, pero su inmortalidad la alcanzó como emblema mexicano, bajo la identidad de Tongolele.
Ayer trascendió que la bailarina y actriz falleció el domingo por un infarto y problemas respiratorios, tras años alejada del medio artístico debido al Alzheimer. Fuentes dijeron que la vedette se había ido a vivir a Puebla.
Era adolescente cuando, después de aprender a bailar de manera autodidacta, llegó a México para presentar en Tijuana su espectáculo y se encontró con una escena dominada por la rumba, pero ella tenía su manera de hacerse notar.
“No fue parte del grupo de bailarinas cubanas, siempre fue un poco diferente, su tipo de danza más que rumbero era exótico. No era tanto de movimientos de cadera, era una propuesta coreográfica mucho más arriesgada, eso justo fue lo que la convirtió en un ícono absoluto. Su manera tan única de expresarse a través de la danza fue lo que la volvió algo nunca visto y nunca vuelto a ver en el cine nacional. Han habido grandes bailarinas, con enorme sensualidad, pero a lo largo de los años, como Tongolele, ninguna”, consideró, en entrevista, el director Sebastián del Amo, el último en dirigirla en cine en El Fantástico Mundo de Juan Orol (2012).
A la par que brillaba en escenarios, Yolanda Yvonne Montez Farrington, su nombre completo, recibió invitaciones para saltar a la gran pantalla, en cintas como Nocturno de Amor (1948), estelarizada por Miroslava, dejando su huella en la Época de Cine de Oro mexicana.
En 2010 aparecieron las primeras señales de demencia senil, pero años después su familia confirmó el diagnóstico de Alzheimer, padecimiento que la llevó a alejarse del mundo del espectáculo para centrarse en su bienestar.
Texto: Mauricio Angel / Agencia Reforma


