
Aunque en México quienes realizan las evacuaciones cuando se presenta un fenómeno natural son los militares, quienes deben tomar las decisiones son las personas que viven ahí, plantea el investigador japonés Genta Nakano
Chilpancingo, Guerrero, 7 de noviembre de 2023. Expertos coincidieron que la prevención de daños por los desastres naturales, como el huracán Otis en Acapulco, es corresponsabilidad de todos; autoridades y ciudadanos y reconocieron que en este caso falló la prevención, la aplicación de reglamentos, la capacitación y la organización de la sociedad por las autoridades.
Este viernes se realizó la conferencia magistral: Impactos de Comunicación de Riesgo de Desastres en Zihuatanejo, Guerrero y Japón, que disertó el investigador de la Universidad de Kioto, Japón, Genta Nakano, en el auditorio de la Torre de Ingeniería Sur de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).
Posteriormente disertaron sobre el mismo tema el titular de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, Roberto Arroyo Matus; la investigadora Rosalba Pérez Gutiérrez; y los expertos en Prevención de Riesgos y Protección Civil, Solpicio Sánchez Tizapa y Rubén Rodríguez Camargo, coordinados por Apolonio Bahena Salgado, coordinador de Protección Civil de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).
Asistió, también, el director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), Enrique Guevara Ortiz, y la diputada local, Patricia Doroteo Calderón presidenta de la Comisión de Protección Civil del Congreso local, así como Edgardo Solís Carmona, director de la Facultad de Ingeniería.
“Acapulco es ahorita el mejor ejemplo de todo lo que no hicimos o hicimos mal desde hace años, y ahora es el momento, en esta reconstrucción hagamos mejor las cosas, pero esto no se puede hacer si no participamos todos”, dijo Guevara Ortiz director del Cenapred en las palabras de inauguración de la conferencia.
Detectar zonas de riesgo: Nakano
Genta Nakano, habló de las medidas preventivas que se aplican en su país y de un proyecto similar que desarrolla en Zihuatanejo para disminuir el impacto de los fenómenos naturales, que implica, inicialmente, la detección de las zonas de riesgo y la elaboración de un mapa de riesgos para instalar albergues permanentes, bodegas con las herramientas indispensables, así como la organización y la capacitación de comités de ciudadanos, a fin de que en caso de un impacto natural sean los primeros en intervenir en el desalojo de la gente que está en riesgo.
Informó que la instalación de las bodegas y los refugios temporales corresponde a los gobiernos locales y a los ciudadanos los materiales y las herramientas que se necesitan, “porque esto debe ser una colaboración entre el sector público y los habitantes”.
“El problema en México es que los que realizan las evacuaciones de las personas cuando se presenta un fenómeno natural, son los militares, la Marina, la policía y Protección Civil, y eso está bien, que se vea que trabajan, pero el problema es que en caso de que sucedan sismos y tsunamis, quienes tienen que tomar las decisiones son las personas que viven ahí (en las zonas de riesgo) donde se va a evacuar”.
Explicó que de acuerdo a la cultura de prevención de desastres, los integrantes de comité tienen sus propias responsabilidades, y cuando trabajan de manera coordinada, sociedad y autoridades “se puede lograr una participación muy efectiva”.
El investigador informó que desde el 2016 comenzó a trabajar en Zihuatanejo donde ya se están organizando y capacitando a ciudadanos, a maestros y a alumnos, de acuerdo a la cultura de prevención que tienen en Japón, para que sean ellos los que organicen primero a la gente en caso de sismos y tsunamis y reducir los impactos de los desastres naturales.
“Estamos implementando distintas actividades; desarrollamos una metodología de simulacro de evacuación con la participación de las y los maestros”, informó.
“No se previó el viento”
Rosalba Pérez, explicó que el problema en Acapulco fue que se preveían daños por lluvias o por sismos “pero no se había considerado el caso de vientos, como fue el caso de este huracán que el problema fue el viento, y por lo tanto no se previó”.
Dijo que otro escenario que no se ha previsto son los tsunamis, pero que será necesario de ahora en adelante ir tomando las precauciones correspondientes”.
La investigadora criticó la descoordinación que hay entre expertos con los políticos y funcionarios; “muchas veces nosotros decidimos hacer acciones por fenómenos que ponen en riesgo nuestra vida y proponemos medidas que a veces para los políticos son antipopulares; “es cierto, instalar albergues, organizar a las personas y capacitarlas implica dinero y ese dinero tiene que salir del erario público”.
Dijo que la educación para la prevención de riesgos implica comenzar desde los niños, como ya lo están haciendo en Zihuatanejo.
Expresó que la organización de comités, como lo recomendó Genta Nakano es lo más recomendable, porque los militares, los policías y Protección Civil regularmente son los últimos en llegar, “y no es porque no quieran llegar, sino porque se les cierran los caminos, se interrumpen las comunicaciones y los retrasan, entonces son los integrantes de los comités lo que pueden llagar más pronto”.
Falta analizar qué pasó: Matus
El titular de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, Arroyo Matus, quien se enlazó vía Zoom desde el Centro de Mando que da seguimiento a los daños del huracán Otis, dio a conocer las acciones que han realizado los tres órdenes de gobierno con respecto a los daños que dejó y habló de las cifras del desastre.
Enrique Guevara de Cenapred, explicó que Otis fue un huracán muy intenso, que tuvo una evolución rápida y que rompió récord en México “y yo creo que a nivel mundial, porque en 12 horas pasó de tormenta tropical a ciclón tropical o huracán categoría cinco”.
Indicó que falta analizar por qué se dio esta evolución tan rápida y por qué esa fuerza de más de 300 kilómetros por hora que fue demasiado”.
Para el funcionario el desastre que vino después dependió de las “condiciones de fragilidad y susceptibilidad” que tienen que ver con la vulnerabilidad física, social, económica, ambiental, institucional, cultural que facilitan que cuando haya un fenómeno se traduzca en desastre ¿y eso quien lo produce?, pues la sociedad”.
Según el, los factores que causan los desastres radican en la sociedad, “en los modelos de desarrollo que están influenciados por factores políticos, institucionales, económicos sociales y ambientales”.
Indicó que cuando le preguntan qué se pudo haber hecho para prevenir el desastre en Acapulco, responde que es la prevención que se debió haber iniciado hace años, desde la planeación del desarrollo, el ordenamiento territorial y la normatividad, pues dijo que Acapulco tiene un buen reglamento de construcciones pero que no se aplica, ni hay supervisión y sí corrupción porque se otorgan permisos de construcción en zonas no aptas en donde no debería estar habitando gente”.
Añadió que la dimensión del problema va más allá de solo un evento meteorológico, como fue Otis.
Sulpicio Sánchez, sostuvo, en cambio, que el desastre en Acapulco tuvo que ver con la no aplicación del estado de derecho.
“Aparte de eso tenemos unas normas técnicas complementarias atrasadas o inexistentes; el reglamento del estado es de 1994, el de Chilpancingo de 1999 y el de Acapulco del 2001 y el más reciente es el de Zihuatanejo, pero desgraciadamente es una copia del reglamento del estado”.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Jesús Eduardo Guerrero


