
Se sabe que el nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia tiene carrera judicial, y eso es bueno. Pero también se conoce que apenas lleva dos años y medio como magistrado, cargo al que llegó a propuesta de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.
Pues si no fue la experiencia en ese puesto, quién sabe qué virtudes le vieron sus colegas porque todos, sin excepción, votaron por Ricardo Salinas Sandoval. Es una unanimidad sospechosa. ¿Será que lo vieron como el candidato de la gobernadora y de su padre, el senador Félix Salgado Macedonio? ¿No que no hubo línea?
Pero que fue el favorito del Palacio, lo confirma no sólo su meteórica carrera hacia la presidencia del Poder Judicial, ni que fuera el candidato único, sino también la presencia de su familia en lugares clave del organigrama estatal: es hermano del director de Transporte, Arturo Salinas Sandoval, y tío y tocayo del subsecretario de Administración de la Secretaría de Finanzas, Ricardo Salinas Méndez, a quien se le ve más que al propio titular de la dependencia Raymundo Segura Estrada.
Como ocurrió en su momento con Raymundo Casarrubias y en los gobiernos de antes, se confirma que el cargo de presidente del Tribunal Superior de Justicia es un nombramiento político, en el que muy poco o nada influye la trayectoria del postulado: si son autores de alguna tesis que guíe los fallos de jueces y magistrados; o que hayan dictado alguna sentencia histórica ni mucho menos.
Ahora lo que sigue es que vamos a ver al presidente del Poder Judicial acompañando a la titular del Ejecutivo en todos sus actos. Un antecesor suyo llegó a decir: “Mi agenda es la agenda del gobernador”. Otros tenían en su oficina el retrato del gobernador. Otro renunció al cargo de presidente del Poder Judicial para irse de procurador de Justicia. Es decir, que prefirió bajar en el escalafón y de ser titular de un poder pasó a ser empleado del titular de otro poder, confirmando que aquel poder que presidía no era tal.
El caso es que seguirá ausente en Guerrero un Poder Judicial independiente y autónomo, protector de las víctimas y no de los poderosos, y respetado por eso.
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En su primera declaración ya como presidente, Salinas Sandoval se comprometió a que cuando se aplique en lo local la reforma judicial, buscará que se respeten los derechos de los trabajadores y se legisle pensando en su beneficio.
No especificó, y tampoco se lo preguntaron, pero parece que el magistrado se refiere a los trabajadores administrativos. Porque en el caso de los jueces, con la reforma judicial éstos simplemente perderán el empleo y sólo podrían mantenerlo si compiten en las elecciones y, por supuesto, ganan en las urnas.
Por cierto que su antecesor Casarrubias utilizó una frase críptica tras la votación a la que ni siquiera se presentó para ser reelecto: “Hubo en algún momento una propuesta de que continuara como presidente del TSJ, pero por la misma situación de la reforma judicial nos acotó”.
Y siguió: “Yo propuse algún cambio de algo, no se dio, y entonces fue cuando dije: está bien así, el que sigue”.
Pues quién sabe qué quiso decir. Lo que sí se sabe, porque lo declaró, es que estaba de acuerdo en que se eligiera a los magistrados, pero no a los jueces. La misma propuesta que haría después el ministro de la Suprema Corte Juan Luis González Alcántara Carrancá, y que no alcanzó los votos suficientes para declarar inconstitucional una parte de la reforma judicial.
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Ayer estaba prevista la asistencia del alcalde de Chilpancingo, Gustavo Alarcón, al Museo Regional, para inaugurar la Feria del Libro, pero no asistió.
¿Será que no quisieron llevarlo sus trogloditas escoltas que parece que son los que dictan su agenda? ¿Ir a una Feria del Libro? ¿Y eso con qué se come?


