
Abelardo Martín M.
El futbol es el deporte que mejor refleja la realidad actual de la mayor parte de la humanidad: predominio de los grandes intereses económicos, marginación y exclusión de los pobres o de quienes no tienen para poder ingresar a los estadios y conformarse con un espectáculo cada vez más de entretenimiento y show y menos de calidad en el deporte y en la competencia. Pero el rasgo más significativo es la violación a los reglamentos, a las leyes y a las tradiciones, aunque siga siendo el deporte (?) que atrae a la mayor audiencia en el mundo.
Nadie tiene duda de que el futbol es un negocio transnacional que nace desde las asociaciones acostumbradas a transgredir los reglamentos. La mayoría de quienes han practicado este deporte saben y conocen de las mentiras y falsificaciones en registros y arbitrajes, y toda esa larga serie de mañas que ocurren antes, durante y después de un partido, de un torneo desde los amateur hasta las federaciones nacionales de profesionales de este deporte.
Gianni Vincenzo Infantino, abogado suizo-italiano de 56 años de edad, que habla al menos seis idiomas, presidente de la FIFA desde el 26 de febrero de 2016 (lleva apenas 10 años en el cargo) ha logrado multiplicar el negocio del futbol y lo ha llevado en una ruta sin retorno a un espectáculo que ha dejado atrás a ese deporte que para muchos llegó a ser considerado una expresión de arte.
Culminó el Mundial de futbol 2026 con la victoria de España, que se convirtió nuevamente en campeona al derrotar a una Argentina que es equipo representativo y beneficiario de esos arbitrajes a modo y en concordancia con los intereses de la FIFA y sus características actuales. No es casual la coincidencia de que Infantino tenga como ídolo futbolístico, según lo ha expresado él mismo, a Maradona, quien para muchos representa la más escandalosa vergüenza en su comportamiento futbolístico como en su vida personal, protagonista de un gol con la mano (“la mano de Dios”) que llevó a Argentina a las finales del campeonato mundial de 1986 en México, precisamente.
Hoy Argentina fue el equipo cuyo comportamiento dentro y fuera de la cancha exhibió lo peor de la conducta humana y lo más lejano al tan apreciado “espíritu deportivo”, decoro y conducta civilizada que se busca en cualquier juego o práctica humana en la que haya competencia.
Pero la final, al igual que toda la competición, divirtió a los aficionados y sirvió de catarsis en una época en que en el planeta se vive entre tensiones, conflictos y amenazas en el presente y hacia el futuro. Sorprendió la invitación del presidente estadunidense a la presidenta Claudia Sheinbaum y al primer ministro canadiense, Mark Carney, para estar presentes en el partido y acompañarlo en la premiación, junto con el dirigente de la FIFA, Gianni Infantino. En las redes sociales, como ocurre ya con cualquier acontecimiento, la mandataria recibió críticas por su asistencia a Nueva Jersey, luego de que no lo hizo en la inauguración en el Estadio Azteca ni en otros encuentros de la selección nacional. Lo cierto es que las consideraciones diplomáticas obligaban a aceptar la convocatoria, pues declinarla habría incrementado de manera gratuita la tirantez que existe en las relaciones entre ambos gobiernos.
Terminado el espectáculo futbolero, en el mundo y en la región ya retornamos a la realidad cotidiana, que por otro lado no se detuvo en estas semanas.
Se están iniciando formalmente las negociaciones relativas al todavía vigente tratado de libre comercio de América del Norte con Estados Unidos y Canadá, con la decisión de los vecinos de revisar todas y cada una de las cláusulas y su propósito de no ratificarlo en el mediano plazo. Mientras tanto, la persecución y asesinato de indocumentados por parte del ICE, el servicio de inmigración y aduanas, ha tensado aún más las relaciones entre ambos países. Se espera que el trabajo diplomático remonte este momento histórico que conlleva tantos riesgos para la actividad económica y la armonía y el entendimiento social y político.
Por lo pronto, las patadas subieron de intensidad, el juego arreció y puso en jaque a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, que visiblemente cayó en la trampa que sus adversarios le tendieron con conversaciones y grabaciones con supuestos agentes norteamericanos sobre su situación migratoria luego de que le fue retirada la visa de aquel país, enredo del cual no acaba de salir tras conocerse sucesivos audios de algunos de los encuentros.
También allá, el primer gobernador de oposición al priísmo, Ernesto Ruffo Appel, fue aprehendido acusado de encabezar una banda dedicada a los negocios del huachicol fiscal, lo que, por su coincidencia con la difusión de las grabaciones de la actual mandataria estatal, ha causado suspicacia y polémica.
Entre tanto, en Guerrero la detención de uno de los líderes del Consejo Indígena y Popular, Jesús Plácido Galindo, acusado de homicidio y de otros hechos de violencia en la región de Chilapa, y de estar vinculado al grupo delictivo conocido como Los Tlacos, ha motivado la protesta y la movilización de diversos grupos comunitarios, que defienden su inocencia y lo describen como una figura defensora de los derechos indígenas y la justicia social.
En el escenario político local, como señalamos en nuestra anterior colaboración, al igual que en otras entidades, pero aquí con mayor intensidad, las campañas de los precandidatos de Morena a la gubernatura del estado se llevan a cabo sin contratiempos, con la cobertura de que contienden por un cargo partidario, y sin que la autoridad electoral advierta en ello contradicción con las leyes que marcan con toda claridad un calendario que aún no comienza.
Se va a poner más caliente el ambiente, en Guerrero y en todos lados.


