21 julio,2026 7:00 am

La época dorada de los cómics

Federico Vite

 

Le fantastiche avventura di Kavalier e Clay (Traducción del inglés al italiano a cargo de Luciana e Margherita Crepax, Italia, Rizzoli, 2020, 821 páginas) es un proyecto ambicioso del narrador norteamericano y guionista cinematográfico Michael Chabon, autor de otros proyectos que también he comentado en este espacio, por ejemplo, la novela The gentleman of the road (2007) y el libro de cuentos Werewolves in their youth (1997).

La novela que hoy comento, publicada por primera vez en el año 2000, obtuvo el premio Pulitzer en 2001 y se considera la prueba contundente de que Chabon es uno de los narradores más completos de Estados Unidos, pues lo mismo hace novelas, cuentos, narrativa gráfica y guiones de cine. Pero Le fantastiche avventura di Kavalier e Clay es algo mucho más ambicioso; se divide en seis partes donde abordan todos los aspectos en la vida de los protagonistas: migración, sexualidad, guerra, riqueza y declive.

El epicentro de la historia son Sammy Clay y Josef Kavalier, quienes viven, crecen y amasan una fortuna en la época dorada de los cómics en Nueva York. Kavalier logra escapar de los nazis en Praga. Es un experto en el arte del escapismo (mucho más que el conocido Houdini) e intenta sacar de Europa al resto de su familia: madre, hermano y padre. Clay, en cambio, es primo de Josef, un judío de Brooklyn, cuya gran habilidad para contar historias y para el dibujo es esencial en la historia. Hablan mucho de superhéroes y buscan uno que no tenga poderes, pero sí habilidades para librar batallas sin cuartel. Es Kavalier quien le da forma a El escapista, un hombre que usa máscara y, por supuesto, lucha contra el fascismo, pero en esencia, su principal y acérrimo enemigo es Hitler. Esa idea les propicia un espacio en la principal editorial de cómics de Estados Unidos: Empire Comics. La empresa es propiedad de Sheldon Anapol. Y el dueto Clay & Kavalier dan justo en el blanco al proponer una historia en la que el malo es el alemán referido.

Todo pinta como una novela de crecimiento, pero Chabon conduce el relato por otros senderos, las preocupaciones de Kavalier por su familia, el inminente reclutamiento militar y, por supuesto, la posibilidad de la batalla en Europa, donde el enemigo de El escapista le está haciendo mucho daño al viejo continente. Clay padece las secuelas de la polio. Tiene “piernas débiles” y renguea, este hecho contrasta con la vitalidad de Josef, cuyo apodo estadunidense es Joe.

Otro asunto es que Clay tiene atracción por los caballeros, pero de vez en cuanto suele despertarse en él la pasión por el sexo opuesto. Batalla con su preferencia sexual, pero lo más complejo del caso es que se siente “asfixiado” por vivir una doble vida en una sociedad estadunidense de los años 50 del siglo pasado. Mantiene una relación sentimental con el actor Tracy Bacon, este hecho se hará público, y como bien sabe el lector, le dará muchos problemas a la asociación Clay & Kavalier.

En la medida que avanza la historia, el padre de Joe muere; su hermano se mantiene en Praga, pero lo que se percibe en él es la añoranza por un país que ya no logra aprehender, simplemente “ha quedado demasiado lejos. Pero el odio embriagante de Joe por el Reich alemán podía nacer desde las calles de Nueva York, desde la forma de una novela gráfica, pegada y cosida, con las puntas metálicas”.

Kavalier es heterosexual y se involucra con una muchacha llamada Rosa Sanks, una artista independiente. Se fortalece ese vínculo, pero mientras la guerra se caldea y el ejército de Estados Unidos llama a Kavalier para luchar contra Hitler, la relación se evapora y Rosa queda embarazada, pero no le menciona el hecho a su compañero; sólo lo deja ir a Europa.

En ese punto, entre la doble vida de Clay y la inminente lucha de Kavalier, los cómics se vuelven una mina de oro; es decir, dan dinero, poder e influencia en una sociedad que adora el dinero. “En 1941, el mejor de sus años como una asociación, Kavalier & Clay ganó 59.832.27 dólares”. Es decir, hablamos de $1.047.064.725. Nada mal para alguien que escribe y dibuja. Como nota, ellos se hicieron de riqueza gracias a su talento y, por supuesto, se relacionaron con muchas personas. En una ocasión, Clay convence a Kavalier de ir a la exposición de un pintor español extrovertido. “Era un recibimiento en honor a Salvador Dalí, el último viernes de la Feria Mundial de Nueva York, que había tenido un resultado notablemente superior a lo esperado. Salvador Dalí, en medio del salón de baile, daba golpes con las manos cubiertas por dos grandes guantes de goma, después sujetó el casco del equipamiento de inmersión. A cuclillas, junto a él, estaba su esposa. Tenía el caso atornillado al collar de latón del atuendo. En la frente le brincaba una vena, engrosada por el esfuerzo.

–Se vuelve azul, observó con calma y un poco de pánico. Dos de los huéspedes estaban cerca de Dalí, pero no actuaron.

Kavalier les ayuda a quitarse el casco y evita que el pintor se asfixie. Fue la única aparición de Dalí en la novela y la hace de manera paródica. Eso demerita toda la parafernalia que caracterizaba al pintor español, porque termina siendo un poco bobo, pero sirve para que el lector entienda que el arte es algo mucho más serio que ponerse una escafandra en Nueva York para darle “potencia” al trabajo.

A pesar de que hay condiciones para hacer de este relato un melodrama, Chabon lleva las riendas de los personajes por senderos muy atractivos. Después de la guerra, Kavalier desaparece por años. Nace el hijo de Rosa y Clay asume el papel de padre. Porque una madre soltera en los años 50 la iba a pasar mal. Hacen un acuerdo para que Clay viva con ellos, pero sólo asiste la crianza del hijo de su socio; no tiene relaciones sexuales con Rosa. Tiempo después vuelve Kavalier y se reordenan algunos aspectos, pero no me gustaría revelarlos, sino mencionar que de la mano de Chabon, el libro se convierte en una novela que abre puentes entre Praga y Nueva York, dos epicentros en los que no aparecen escritores; pero sí el Golem en la vieja capital europea, y los cineastas en Estados Unidos. Claro, es insoslayable la imagen de Orson Welles, donde luce y devasta la atractiva Dolores del Río. No sólo ellos deambulaban por estas páginas, también muchas personalidades más. Pero de todo aquello me quedo con una conversación entre los protagonistas y sus parejas sentimentales. De esa charla se deriva lo siguiente: “‘Tus círculos de excusas, Clay’, dice Bacon. Todos quedaron sorprendidos, y Sammy más que los otros, porque no tenía ningún sentido que su amigo hablara con tanta seriedad. ‘Si tú piensas que los cómics son inferiores, piensas que tú eres inferior’.

Joe, que estaba bebiendo café, miró educadamente hacia otra parte.

¡Ah!, dice Rosa después de un momento.

¡Ah!, responde Sammy como una afirmación”.

Eureka, diría yo. En esa conversación subyace la validez de todo este edificio literario en el que el tiempo es lineal y los personajes, por supuesto, están basados en varios autores de cómics, quienes por azares del destino se perdieron en los pliegues del olvido, pero Chabon decidió rendirle tributo a una industria que no ceja, al contrario, sigue dándole fortuna a quienes la ofician con tino.

Más que asombro en el lector hay contagio de vida. Duele saber lo que ocurrió en 1954, pues se dio el cerrojazo a la época dorada de los cómics de una manera sorprendente: se abrió un expediente judicial sobre la influencia de los superhéroes y villanos en la vida juvenil de Estados Unidos. Con eso se signa el declive de una época y se prefigura el final de una novela bien elaborada; en especial, porque los protagonistas muestran una visión del mundo sui generis, se convierten en algo más que mera tinta y papel. El libro tiene un cascarón decimonónico, pero contiene una estupenda experiencia de vida.

Otra nota sobresaliente es que las hermanas Crepax, traductoras de la obra en cuestión, son hijas del ilustrador de cómics eróticos Guido Crepax. Hicieron un estupendo trabajo; en Italia tienen fama de extravagantes; lo mismo escriben que toman fotos y traducen de varios idiomas (ruso, francés e inglés). Su labor es plausible.

 

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

 

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