3 julio,2026 6:24 am

Fréderic Beigbeder: imaginar lo imposible

USAR esta

 

Adán Ramírez Serret

Uno de los silogismos más famosos, acaso contundentes en la historia del pensamiento occidental, es: Premisa mayor: Todos los hombres son mortales. Premisa menor: Sócrates es hombre. Conclusión: Por lo tanto, Sócrates es mortal. Es una de las pruebas de verdad más contundentes a las que se puede acercar el ser humano.
Lo cual sucede porque naturalmente no todo está dicho en la vida de un ser humano, quizá, si nos apuran, nada; pero la única cosa segura es que todos vamos a morir. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de que no necesariamente debemos seguir esta regla, al menos en la ficción.
Curiosamente, quizá porque un relato debe ser verosímil más que real, son pocas las historias inventadas en donde se prescinda de la muerte. Te reto, estimado lector, a que reflexiones acerca de cuántas narraciones recuerdes en donde los seres humanos no mueren.
Me asombra lo perturbador que es el propio cuestionamiento. Porque mientras lo pensaba me venía a la mente un cuento de Borges y una novela de Saramago, pero luego pensé si no es que acaso toda religión no esté dialogando con esto. Porque la raíz de toda fe está estrictamente ligada a la condición finita del ser humano.
Bueno… todo este galimatías de pensamientos sobre la vida y la muerte, vienen a partir de la novela Una vida sin fin de Frédéric Beigbeder (Neully-sur-Seine, 1965) quien normalmente es un autor brutalmente brillante, deslumbrantemente original, pero, quien, con esta novela, como se dice coloquialmente, se voló la barda.
Beigbeder está normalmente privilegiado con una inmensa inteligencia, en todos sentidos, tanto narrativa como temática. Es capaz de mandarnos de una página a otra a YouTube para que comprendamos lo que quiso decir; o plantearnos ideas sobre el amor, aquello sobre lo que pensamos todo el tiempo, que a veces sentimos y que leemos eternamente, opiniones que jamás hubiéramos pensado. Por lo tanto, fiel a su estilo, vuelve con un planteamiento que, al menos a mí, jamás se me hubiera ocurrido.
Todo comienza con su hija, el narrador de esta novela es un célebre (más o menos, es algo conocido) presentador de televisión y cineasta francés. Es un padre cuestionable, pero decente, o al menos pasable para sus estándares. Tiene esa frecuente brecha generacional de nuestra época.
En algún momento él se sorprende porque le dice que le gustaría tener una foto con un actor que es su ídolo, pues su hija no quiere un beso, no quiere la amistad, no quiere la experiencia de conocer a alguien a quien admira, sino tan sólo una fotografía con esa persona para mostrársela al mundo, ante lo cual reflexiona: “El selfie es la nueva lengua de una época narcisista: reemplaza el cogito cartesiano. ‘Pienso luego existo’, que se convierte en ‘Poso luego existo’”.
Y ante esta relación con su hija adolescente, ella le dice que los abuelos se van a morir, después él, el papá se va o morir, y luego sus hijos, y los hijos de sus hijos, si es que acaso llega a tomar la descabellada decisión de tener descendencia.
Dicho esto, el narrador y personaje decide dar un carpetazo, un golpe de autoridad y decidir tomar la decisión de decirle no a la muerte. A ese holocausto que todos aceptamos en silencio y dócilmente y lo cual resulta escandaloso a los ojos del narrador.
Entonces, mediante todos los medios se acerca a todas las posibilidades que existen de no morir nunca. Aquí el libro deja atrás la ficción y entra en un terreno extraño, parecido al del documental, en donde el autor recurre a las investigaciones que hizo para escribir este libro. Ante lo cual dice en la introducción: “Esta es una obra de ‘ciencia no-ficción’; una novela en donde todos los descubrimientos científicos han sido publicados en Science o Nature. Las entrevistas con médicos, investigadores, biólogos y genetistas reales han sido transcritas tal como fueron grabadas en los años 2015 y 2017”. Es decir, estamos ante una novela en donde la premisa del personaje que se plantea vivir para siempre es ficticia, pero en la cual, todas las posibilidades de llevarlo a cabo son reales.
Una vida sin fin de Frédéric Beigbeder pone en cuestionamiento, aquello que los silogismos griegos, consideraban el principio de la verdad. Pues acaso se nazca, y nunca más se muera.

Frédéric Beigbeder, Una vida sin fin, Barcelona, Anagrama, 2020. 344 páginas.