
San Marcos, Guerrero, a 13 de enero de 2026.- A 11 días del sismo que cimbró a San Marcos, la población de este municipio de la Costa Chica sigue lidiando con los efectos del temblor, la tradicional actividad económica de hornear pan es aún limitada, cientos de niños de algunas escuelas no tienen clases y muchos vecinos siguen durmiendo a orilla de sus casas por el temor a las réplicas.
El Sur realizó un recorrido ayer en la cabecera municipal, epicentro del temblor de magnitud de 6.5 registrado a las 7:58 de la mañana del 2 de enero, sus efectos siguen trastocando su cotidianidad a pesar de los esfuerzos de la misma población para continuar con su rutina diaria.
Hasta el mediodía, dos de los planteles educativos más afectados no fueron inspeccionados como lo anunció el domingo la Secretaría de Educación de Guerrero (SEG), aquel día todavía hubo temblores que causaron miedo en la población, comentaron habitantes.
Ayer se observó que se intenta restablecer la normalidad, en el Jardín de Niños Antonia Nava Catalán comenzaron las clases como lo establece el calendario escolar, pero enfrente, en la secundaria Defensores de la República no reanudaron las actividades porque la estructura presenta daños, algunos incluso visibles desde la vía pública.
La directora del plantel, Olga Cuevas Villanueva, comentó que integrantes del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed) acudieron un día después del temblor para verificar los daños, y el 5 de enero hicieron lo mismo el director del Instituto Guerrerense de la Infraestructura Física Educativa (IGIFE), Enrique Ramírez Barrios, el delegado regional de los Servicios Educativos en Costa Chica, Izcoal Benito Coronado, y funcionarios la Dirección de educación municipal.
El turno matutino cuenta con 476 alumnos y el vespertino con 172, “lo que tememos es que vaya a haber un colapso por todas las réplicas que ha habido, y a partir de que tomamos la foto al día de hoy (lunes), pues hay desprendimiento de concreto y es lo que queremos evitar, un riesgo”, expuso Cuevas Villanueva.
El IGIFE, Servicios Educativos y la dirección municipal de Educación también inspeccionaron la primaria Vicente Guerrero, que se encuentra a unos 500 metros de distancia de la secundaria, ambos planteles todavía esperan un dictamen oficial.
El director Marco Antonio Chávez López enseñó las grietas que se formaron en dos aulas del plantel, los daños más visibles además de las afectaciones de una barda y unas estructuras de baños.
Días antes, el director de Protección Civil municipal, Diego Valente Pineda, determinó después de realizar un recorrido en la escuela que “no hay riesgo alguno que corra, sin embargo, no nos confiamos de esta parte”, indicó este lunes el director de la primaria.
Directivos, padres de familiares y profesores decidieron no reanudar clases, son 318 alumnos que se quedaron en sus hogares y es que “hay niños que quedaron bastante temerosos, lo cual no quieren ni separarse de los papás, son alumnos que definitivamente si hubiésemos regresado (a clases) ellos no iban a regresar”.
Siguen las réplicas y la falta de pan
El temblor del 2 de enero se sintió fuerte y prolongado, “la gente quedó bastante asustada, sobre todo, que seguimos sufriendo réplicas, hasta el día de ayer (domingo) hubo dos más, una en la mañana, una en la noche y efectivamente hay familias que duermen al paso de la puerta de sus casas por cualquier emergencia que pueda haber”, contó Valente Pineda.
A diferencia del primer día del desastre cuando no hubo nada de venta de pan de San Marcos, uno de los grandes atractivos culturales-gastronómicos por el que es conocido el municipio, ayer unas cuantas mujeres vendían en la entrada principal del arco.
No obstante, a unos kilómetros de distancia, Lambertina Hernández Isidor y su hermana Irma Isidor Mendoza, no tienen fecha aún para reconstruir el horno que les heredó su madre desde hace varias décadas.
La familia de ambas adultas mayores es considerada una de las pioneras de hacer pan en San Marcos, Lambertina tiene 91 años e Irma 82 años, ambas empezaron a hornear cuando eran unas niñas, su madre Eleodora Hernández Mendoza les enseñó la técnica que heredó de su propia madre, Guadalupe Hernández Molina, una tradición que se remonta hasta el siglo XIX, según cálculos propios.
Su mamá les enseñaba a hacer las bolitas de masa “bien lisitas, bien redonditas”, los insumos eran más naturales, como el huevo ranchero y la manteca de marrano. Actualmente hay muchas panaderas en comparación a cuando eran niñas, pero se ha perdido la calidad porque la producción actual tiene un fin “comercial”, aseguró Lambertina.
Dos hijas de Lambertina e Irma se levantan una vez a la semana los viernes a las 11 de la noche para comenzar el proceso de horneado refrescando y revolviendo la masa, 12 horas después la brasa del horno culmina en cenizas.
El molde del pan lo deciden las cocineras en el momento, la cantidad de ingredientes es al “tanteo”, es un arte en el que Lambertina guía a su familia durante la madrugada.
Venden toda la producción en su vivienda, es conocida como La Chata, alrededor de las 6 de la tarde finalizan.
Por los daños provocados por los huracanes Otis y John tuvieron que suspender el horneado, parte del techo se desprendió, el historial de afectaciones se agranda por el sismo de hace 11 días.
El viernes pasado el alcalde de San Marcos, Misael Lorenzo Castillo le entregó un reporte de daños a la presidenta de México, la morenista Claudia Sheinbaum Pardo, al salir de la conferencia matutina realizada en la Base Naval de Acapulco parte de su diagnóstico reporta 72 hornos de pan destruidos.
Lambertina, quien es reconocida al interior y al exterior del municipio pero que sólo ha recibido un pequeño reconocimiento a lo largo de su trayectoria, no confía en que haya un apoyo económico.
La boca de su horno es la parte más dañada de la vieja estructura, la mitad del arco está caído, otros ladrillos de la estructura que parece un caparazón de tortuga están desprendidos, costará unos 40 mil pesos repararlo.
Ramón Gracida Gómez / Foto: Carlos Carbajal


