
Heriberto Paredes
El Sur / Ciudad de México
“Yo no sabía que iba a entrar un huracán a Acapulco”, cuenta Cande Palma en mensajes de Whatsapp, el único medio por el cual puede comunicarse desde la Escuela Internacional de Cine y TV de Cuba, en la que estudia cine documental gracias a una beca Jenkins del Toro, otorgada por el director Guillermo del Toro en 2019 y que se ganó tras haber presentado el cortometraje Rojo.
Originaria de la comunidad San Antonio, Cacahuatepec, al norte del municipio de Acapulco, Cande tardó varios días en tener noticias de su familia, no sólo por la situación de internet en Cuba sino porque no había comunicación con las comunidades acapulqueñas y toda la información inicial se concentró en la zona hotelera.
En los primeros minutos del miércoles 25 de octubre, Otis golpeó la Costa Grande de Guerrero y Cande no tenía idea de que esto sucedería. “Salí a la medianoche de mi habitación y en cuanto empiezo a checar los mensajes me encuentro con que dos amigos me preguntan si hablé con mi familia y me avisan que un huracán está por entrar. En ese momento intenté hablar con mi madre, con quién suelo hablar por WhatsApp. Intenté, intenté y nada. Solo rogué que estuvieran bien y pensé que sería como en otras ocasiones en nuestro pueblo, que en cuanto empieza a llover se va la señal o se va la luz”.
Al día siguiente, las noticias que se difundían poco a poco acerca de los efectos del huracán categoría 5 conmocionaron a Cande. Al principio se pensaba que los daños se limitaban al puerto, sin embargo, conforme avanzaba el tiempo se iba teniendo mejor idea de la dimensión del desastre, en particular en las comunidades rurales de los municipios de Acapulco y Coyuca de Benítez.
“Me costó reconocer
una plaza comercial”
El jueves 26, “al despertar, lo primero que veo en un grupo de Whatsapp que tenemos entre amigos fue una foto de una plaza comercial, la cual me costaba reconocer porque no la ubicaba, después me di cuenta de qué tienda era y quedé impactada. Volví a intentar hablar con mi madre y ella nunca contestó, después intenté hablar con mis hermanos y tampoco”.
Preocupada, Cande no tuvo más opción que seguir en sus actividades académicas y tratar de buscar información sobre su familia a través de la reducida conectividad. “Seguí mi vida normal pero mi cabeza estaba en el ‘cómo está mi familia’”.
La estudiante de cine intentó comunicarse con sus hermanos que no viven en Guerrero, pero tampoco obtuvo respuesta. A casi 24 horas de haberse enterado de esta tragedia, ella seguía en la incertidumbre.
Recordó huracanes pasados que habían azotado la región, particularmente en 2013 Ingrid y Manuel, cuando “se llevaron varias comunidades que se encuentran al lado del río Papagayo y me asustaba que volviera a pasar. Empecé a buscar mayor información de esos lugares y nada. Hasta que encontré un grupo de WhatsApp de familiares de la zona de Cacahuatepec, lugar al que pertenece mi comunidad. Y hasta ahora lo que se dice es que el río no se salió pero que el aire se llevó muchos techos y cosechas”.
Eso también le pasó a sus familiares.
Unos se quedaron sin
techo, otros sin casa
Fue hasta la noche del jueves 26 que la documentalista logró tener noticias de su familia mediante una de sus cuñadas: se enteró que el huracán se había llevado la casa de su hermano mayor y el techo de la casa de su mamá y papá.
Lo que ha sido más desesperante y que hasta ahora se ha resuelto a través de la solidaridad de algunos amigos de Cande es que “falta agua y comida”.
El viernes 27, “veo que Hugo, un amigo, publica que va a ir a Guerrero a ver cómo está su familia. Yo le pregunto si puede llevarle algunos víveres a mi familia, especialmente a mis padres, que sufren de presión arterial (alta) y diabetes. Y que lleve leche y comidas para los bebés. Me dijo que él iría hasta el domingo (29 de octubre). Es así que logré que mi familia tenga un poco de comida”.
A la fecha, Cande todavía no había logrado comunicarse con su familia nuclear de manera directa. Por algunas amistades de su pueblo que de pronto “agarran señal”, se ha enterado de que las personas se van a la carretera a pedir agua y alimentos y que esto ha ayudado, pero todavía están en una situación muy difícil. Además, le han mandado algunas fotos de los destrozos.
Cande se enteró de que el 1 de noviembre posiblemente llegaría “una caravana civil con comida y médicos para atender esta zona, porque hacen falta, se vienen muchas enfermedades como el dengue, y también hace falta un censo de los daños. Parece ser que en las comunidades al norte del río Papagayo no se puede acceder todavía y esto es muy preocupante”, escribió desde Cuba la documentalista.
“No puedo estar tranquila sabiendo que mi familia no tiene ni un techo dónde dormir, aunque al menos hoy tienen comida y agua por unos días en lo que llega la ayuda. Al ver las primeras fotos de Acapulco no reconocía a mi puerto bello”.


