
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
Margarita de Orellana edita con ímpetu aventurero. Cada que prepara una publicación de Artes de México, la galardonada con el Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial 2023 –que recibirá en próximos días– emprende una expedición que involucra todos los sentidos.
“Me ha hecho estar atenta y disfrutar todo lo que vamos descubriendo. Lo que me mantiene viva es la constante curiosidad por saber cosas que antes no sabía y por descubrir quiénes somos y de dónde venimos. Y no sé hacia dónde vamos, pero por lo menos eso me ha dado una perspectiva de la vida muy rica y muy alegre”, relata en entrevista la también historiadora, quien dirige Artes de México junto con el escritor Alberto Ruy Sánchez.
Interesada lo mismo en amuletos, cerámica, cestería, circo y lucha libre, que en rótulos, exvotos, hojalata, postales, chocolate y tequila, entre muchos otros temas, Artes de México ha conducido desde hace 35 años a De Orellana, Ruy Sánchez y, en su momento, a los hijos de ambos, por geografías recónditas –y no tanto– y por personajes enigmáticos.
La revista, cuenta De Orellana, creció junto con sus hijos, en los años 80, y los entonces niños visitaban, con sus padres, los pueblos o localidades cuyas expresiones culturales abordaban. A veces, el menor vendía la publicación en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.
“Los sacábamos un poco de lo que ellos querían hacer. Decían: ‘estamos hartos de Artes’”.
Los hijos crecieron y aún colaboran en el proyecto editorial, mientras los padres y el equipo prosiguen su ejercicio de asombros al conocer cabalmente, por ejemplo, una ciudad involucrada en un tema. Como parte de ese acercamiento conversan con los habitantes, escuchan sus relatos, sus vivencias y sus herencias.
“Sin esa experiencia de aventura editorial, las revistas estarían un poco sin alma, porque interviene muchísima gente, no nada más los autores, sino muchos testigos que cuando llegamos a los lugares cuentan cosas que no te imaginabas y que los autores reafirman con sus textos”, pondera la autora de Filming Pancho Villa y Villa y Zapata en la Revolución Mexicana.
De Orellana refiere como ejemplo los números referidos al maíz y la raigambre que reflejan.
“Se esperaba que habláramos de la planta. Nunca hablamos de ella; son dos números dedicados a todos los rituales del maíz que pudimos encontrar en ese momento y que te hablan de la importancia espiritual para muchas comunidades”.
No hablaron de la planta, pero sí de rituales como el que conocieron por intermediación de un policía, originario de la Huasteca, que al escucharlos hablar de la región les comentó que su papá era chamán.
El equipo de Artes de México visitó al personaje durante los rituales previos y posteriores a la cosecha, que implican vestir y ataviar a las mazorcas e instalarles altares, como las que se colocan para los muertos, relata De Orellana.
“Los antropólogos te dicen maravillas, pero si vas, el impacto es tan fuerte, tan visceral, que tiene que pasar algo en las páginas, tienes que ir más allá de lo que nos están contando”, apunta.
Abrir brecha
Recuerda cuando, hace más de 30 años, el equipo de Artes de México acudió a Metepec para entrevistar a los artesanos del barro. Era una época, dice, en la que no se divulgaba arte popular con la calidad visual que ha sido el distintivo de la publicación.
“Nos recibían molestos porque estaban trabajando y los bombardeábamos de preguntas. Pero cuando les mostrábamos el número estaban encantados porque nunca habían visto sus piezas en grande, bien iluminadas, bien trabajadas, acorde con la importancia que tenían y además iban a llegar a todo el país. Hemos hecho ya tres ediciones de Metepec”.
Artes de México ha impulsado temas que antes no tenían la suficiente divulgación, como el mezcal o el tequila y se ha constituido en promotora de tendencias.
“Sabemos que después de hacer un número habrá muchas publicaciones o mucho interés en continuar y hacer investigaciones más profundas. Veo doctorados, maestrías o libros de gente que está interesada en el tema y eso nos da mucho gusto”.
La primera vez ocurrió con el cinefotógrafo Gabriel Figueroa, de quien prácticamente no había materiales que profundizarán en su obra. Una vez publicado el número dedicado a sus aportes, tuvo tal demanda que lo reimprimieron.
“Y luego, en muy pocos años, salieron por lo menos diez libros sobre él de diferentes autores. Eso da mucha satisfacción, porque la idea es que los temas mexicanos se continúen, pero se continúen con rigor, que la gente de veras sienta que son suyos y entienda a fondo de qué va esta cultura tan grande”.
Margarita de Orellana recibirá el Premio Nacional Juan Pablos el 16 de noviembre, a las 18:00 horas, en el Museo Nacional de Antropología.
Junto con Alberto Ruy Sánchez, será reconocida con el homenaje al Mérito Editorial en la FIL de Guadalajara el 27 de noviembre a las 20:00 horas en el Auditorio Juan Rulfo.


