20 enero,2026 8:34 am

Greenpeace celebra con arte la entrada en vigor del Tratado Global de los Océanos, ratificado en 2025

Es un llamado urgente a cuidar nuestros mares y “sólo nos quedan cuatro años para lograrlo”, advierte la organización ambientalista, promotora del mural comunitario Revolución azul en el Huerto Roma Verde de la Ciudad de México. El éxito de este acuerdo internacional “depende de que los gobiernos del mundo actúen con rapidez. Cada mes de retraso supone más daños a los frágiles ecosistemas de los que todos dependemos”, enfatiza. Que se protejan los océanos en alta mar “significa un beneficio para todas las personas que vivimos cerca de ellos”

El Sur / Ciudad de México, 20 de enero de 2026. La organización Greenpeace celebró un hecho que ha calificado como histórico: la entrada en vigor del Tratado Global de los Océanos, un acuerdo internacional que busca proteger el 30 por ciento de los mares del planeta para el año 2030.

Para conmemorar este logro, la organización ambientalista develó, en el Huerto Roma Verde, el mural itinerante Revolución azul por el Tratado Global de los Océanos, una obra colectiva que combina arte y activismo, y que pretende convertirse en un símbolo de la lucha por la defensa del medio ambiente.

“Es un evento, es una celebración por el Tratado –ratificado por México en septiembre de 2025–. Es una gran victoria para los océanos y también para las personas que dependen de él”, informó en entrevista con El Sur Viridiana Lázaro, campañista de Océanos Sin Plásticos de Greenpeace México.

De acuerdo con la activista, el tratado internacional tiene como objetivo central crear santuarios marinos en aguas internacionales, es decir, zonas de alta mar que actualmente carecen de protección legal efectiva. Se busca, dijo, “proteger el 30 por ciento de los océanos para 2030 y se quiere hacer mediante santuarios marinos en aguas internacionales principalmente”.

Lázaro subrayó que se trata de un acuerdo de enorme relevancia global, comparable incluso con el Acuerdo de París en materia de cambio climático: “Decimos que es una victoria única en una generación porque este tratado incluso llega a ser de la envergadura del Acuerdo de París. Es tal su importancia, que por eso estamos haciendo esta celebración”, comentó.

El mural, presentado el sábado pasado, fue elaborado de manera comunitaria y coordinado por la artista mexicana Claret Anaya, quien trabaja desde hace años proyectos de arte participativo bajo la iniciativa Arrecife Escolar.

“Es un mural comunitario que se creó con el apoyo de personas de la sociedad civil, personas de a pie. Representa este gran logro del multilateralismo, la protección de los océanos y también la necesidad de poner un alto a las amenazas como la sobrepesca, los plásticos de un solo uso y los tóxicos”, añadió la representante de Greenpeace.

La obra fue concebida como un proyecto colectivo; el concepto y el boceto surgieron de talleres abiertos realizados desde el 7 de diciembre pasado, en los que participaron personas interesadas en temas ecológicos.

Veinte años de lucha para un acuerdo histórico

Detrás de la entrada en vigor del Tratado Global de los Océanos existe una larga historia de negociaciones, presión ciudadana y trabajo diplomático que se extendió durante dos décadas.

Viridiana Lázaro recordó que organizaciones ambientalistas como Greenpeace acompañaron el proceso prácticamente desde sus inicios: “Para que este tratado se lograra fueron 20 años de negociaciones y de personas activistas que nos enganchamos con el tema y no lo soltamos. Greenpeace fue una de las organizaciones que estuvo siguiendo este proceso desde el principio”, explicó.

El acuerdo internacional pudo entrar en vigor gracias a que se alcanzó el número mínimo de ratificaciones requeridas por la Organización de las Naciones Unidas: “Se necesitaban 60 ratificaciones para que pudiera entrar en vigor. México ratificó el tratado en septiembre de 2025 y justamente en ese mismo mes se juntaron esas 60 ratificaciones. A partir de ahí tuvieron que pasar 120 días para que se volviera jurídicamente vinculante”, detalló Lázaro.

Esto significa que los países que ya lo ratificaron están obligados legalmente a cumplirlo y a adecuar sus legislaciones nacionales para hacerlo efectivo.

“Desde este 17 de enero los países que han ratificado tienen la obligación de respetarlo y de homologar sus leyes para que pueda aplicarse de manera adecuada”, precisó.

Hasta el momento, 145 naciones han firmado el tratado, pero solo 81 lo han ratificado formalmente. “Esos 81 países ya están obligados jurídicamente. Los que sólo han firmado deben respetar el tratado, pero todavía tienen pendiente el proceso interno para que sea vinculante para ellos”.

El papel de México, continuó la activista, ha sido relevante tanto por la ratificación del acuerdo como por sumarse a la moratoria contra la minería submarina, una de las principales amenazas emergentes para los ecosistemas marinos.

Para Greenpeace, la develación del mural es apenas el inicio de una campaña más amplia de sensibilización: “Este es un mural itinerante, o sea que vamos a poder moverlo a diferentes lugares. La idea es presentarlo en distintos espacios para difundir el mensaje y recordar que solamente tenemos cuatro años para lograr la meta 30 por 30”, dijo Lázaro.

En la obra destacan unas manos unidas que simbolizan el multilateralismo; especies marinas mexicanas como la vaquita marina y las ballenas, así como imágenes que representan los peligros que enfrentan los océanos: “El mural muestra tanto la esperanza como las amenazas: la sobrepesca, los plásticos y la minería submarina. Es un recordatorio visual de lo que está en juego”.

Un océano amenazado y la urgencia de protegerlo

Más allá de la celebración por la entrada en vigor del Tratado Global de los Océanos, Greenpeace advierte que la situación actual de los mares del planeta es crítica y que el tiempo para actuar es limitado.

“Actualmente está protegido menos del 1 por ciento de los océanos y justo con este tratado se busca avanzar a pasos agigantados para que podamos alcanzar el 30 por ciento de protección para el 2030”, advirtió Viridiana Lázaro.

Reconoció que se trata de un reto enorme, pues nada más quedan cuatro años para cumplir esa meta, por lo que los gobiernos deberán empezar de inmediato a proponer nuevas áreas marinas protegidas.

“Lo que se busca es que los países propongan santuarios marinos. Cada país puede convertirse en un champion, es decir, presentar propuestas concretas de zonas que necesiten protección”, agregó.

Algunos de esos espacios ya han comenzado a discutirse a nivel internacional, como el Mar de los Sargazos en el Atlántico o una zona del Mar de Tasmania en el hemisferio sur.

El proceso, detalla, implica estudios científicos, revisiones técnicas y la aprobación de las Naciones Unidas para que esas áreas puedan declararse oficialmente como santuarios.

Ese, dijo la activista, “es el corazón del tratado, porque hasta ahora las aguas internacionales eran prácticamente tierra de nadie, océanos de nadie, sin reglas claras. Con este acuerdo se ponen por fin las reglas del juego”.

En el evento del sábado, Lázaro mencionó que la creación de estas zonas protegidas es fundamental para mitigar la crisis climática, detener el colapso de la biodiversidad y garantizar la seguridad alimentaria de miles de millones de personas. Actividades como la pesca industrial, la contaminación por plásticos y la creciente amenaza de la minería submarina han devastado grandes extensiones de océano y ponen en riesgo ecosistemas completos.

Los santuarios marinos, mencionó, “surgen como una herramienta de justicia ambiental para proteger un océano devastado por la pesca industrial, la contaminación por plásticos y la creciente amenaza de la minería submarina”.

Beneficios para el Pacífico, incluidas las costas de Guerrero

Durante la entrevista, la representante de Greenpeace habló de cómo este tratado puede impactar de manera concreta al Pacífico mexicano y, en particular, a la costa de Guerrero, empezando por Acapulco.

Aunque el acuerdo se enfoca principalmente en aguas internacionales, Lázaro explica que la protección de la alta mar tiene efectos directos en los mares nacionales.

“Hablar de océanos implica que no hay fronteras. Todo está comunicado. Que se protejan los océanos en alta mar también significa un beneficio para México y para todas las personas que vivimos cerca de ellos”, afirmó.

Los mares, expresó, cumplen funciones esenciales para la vida en el planeta: absorben 90 por ciento del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero y capturan alrededor de 25 por ciento de las emisiones contaminantes. Sin embargo, esta sobrecarga ha provocado graves consecuencias.

“Los océanos se están acidificando, hay blanqueamiento de corales, cambios en las rutas migratorias de especies, afectaciones en la cadena alimentaria y un calentamiento cada vez mayor de las aguas”, expuso.

A ello se suman otras amenazas, como el ruido de los grandes buques, la pesca de arrastre que destruye el fondo marino y la contaminación plástica, problemas que afectan tanto al Atlántico como al Pacífico mexicano.

Para Greenpeace, proteger grandes extensiones de océano puede ayudar a reducir fenómenos extremos que golpean con fuerza a la región sur del país.

“Si tenemos un océano más caliente, los huracanes se forman más rápido y con mayor intensidad. Regular los impactos en el océano también es una forma de regular el clima y eso es una ganancia para Acapulco y para todo México”, remarcó.

En ese sentido, la activista destacó que el papel del gobierno mexicano será fundamental en los próximos años.

“Ahora que el tratado entra en vigor, nuestro gobierno tiene que enviar un punto focal ante Naciones Unidas y comenzar a trabajar en propuestas de santuarios marinos. Ahí entra también nuestra labor como sociedad civil para vigilar que realmente se implemente”, enfatizó.

En el evento, los activistas de Greenpeace hicieron llamado directo a las autoridades para que actúen con rapidez y mantengan la moratoria contra la minería submarina, así como para que impulsen la creación de la primera oleada de áreas protegidas.

“El éxito del Tratado depende de que los gobiernos del mundo actúen con rapidez. Cada mes de retraso supone más daños a los frágiles ecosistemas de los que todos dependemos”, resaltó Lukas Meus, responsable de la campaña oceánica de Greenpeace Internacional.

Con el mural Revolución azul, la organización busca que este mensaje llegue más allá de los círculos ambientales y se convierta en un recordatorio visible de la responsabilidad colectiva.

Guillermo Rivera