25 febrero,2019 5:32 am

Huyen desplazados guerrerenses de Los Ardillos y de trabajo forzado

Los Ardillos se hacen pasar por comunitarios para portar armas largas e imponer su ley, cuenta uno de los desplazados que acampan en el Zócalo de la Cdmx.
Ciudad de México, 25 de febrero de 2019. La noche del 4 de noviembre, cuando los sicarios dormían, decenas de indígenas guerrerenses huyeron con sus familias por el cerro, sin llevarse nada, y caminaron sin descanso un día entero.
Los nahuas de Tlaltempanapa, en el municipio guerrerense de Zitlala, escaparon así del grupo criminal Los Ardillos, que disputa el control de la comercialización de la goma de opio en la zona e impuso en la comunidad un régimen de trabajos forzados.
“Nos hacían trabajar a fuerza y si no vas a trabajar pues te encierran, en la tarde te van a traer de tu casa, te encierran en la comisaría, te bañan a las horas de la noche con harto hielo y después te quitan tu ropa y te dan tus tabladas o van derecho a tu casa, te sacan y te dan cuello”, cuenta Juan, uno de los 300 desplazados de Guerrero que desde hace una semana instalaron un campamento frente a Palacio Nacional.
Antes de arribar a la Ciudad de México, el pasado 17 de febrero, las 18 familias desplazadas de Tlaltempanapa vivieron tres meses en un albergue improvisado en el municipio de Copalillo.
Frente a Palacio Nacional, comparten el suelo y el pan con un grupo mayoritario de desplazados del municipio de Leonardo Bravo.
Juan explica que desde 2014 Los Ardillos llegaron a Tlaltempanapa y obligaron a los pobladores a trabajar para ellos como “halcones” y a entregarles sus cosechas.
“Querían que nosotros cuidáramos en la carretera para ellos, resguardando, para que no les pasara nada; si tú no ibas, te ponían una multa de 2 mil 500 pesos, y pues, uno de pobre, ¿de dónde va a sacar tanto dinero?”, narra Juan.
Parado entre casas de campaña y colchonetas en el suelo, a pleno sol, cuenta que Los Ardillos se hacen pasar por comunitarios para portar armas largas e imponer su ley.
Horas antes de la huida, el padre, los hermanos y primos del señor Memo fueron capturados por los sicarios y desaparecidos. Sentada junto a él, otra mujer relata en náhuatl la desaparición de su hijo y su esposo.
Los desplazados de Tlaltempanapa, que conforman un grupo de 72 personas, demandan ser reubicados en Copalillo con vivienda digna.
Mientras, los desplazados de Zitlala piden ser reubicados, los provenientes del municipio serrano de Leonardo Bravo exigen al gobierno federal intervenir para expulsar al grupo armado que también los obligó a escapar.
La señora María relata que el 11 de noviembre los supuestos comunitarios, provenientes de Heliodoro Castillo, irrumpieron en su municipio, balearon las casas y las saquearon. Al día siguiente, los pobladores decidieron abandonar el lugar.
María se queja de que los militares desplegados en la zona no quisieron auxiliarlos.
“Nosotros nos salimos por mis hijos, por mis nietos, tengo una niña especial, tiene hipotiroidismo congénito, ¿cómo cree que íbamos nosotros a soportar esa balacera? Los niños gritaban, uno lloraba porque los militares ahí estaban y no nos hacían caso”, acusa.
En el perímetro del campamento, los desplazados colocaron una pancarta en contra de la Guardia Nacional.
“¿Para qué quiere López Obrador al Ejército si no protege a su pueblo? Votamos por ti y seguimos desamparados y en manos del crimen”, reclaman.
Algunos desplazados afirman que ya hubo un acercamiento del subsecretario Alejandro Encinas; otros dicen que Alfonso Durazo, secretario de Seguridad, les prometió recibirlos en Palacio, pero nunca volvió a aparecerse por ahí.
Pero, ante todo, urgen tener una audiencia con el presidente Andrés Manuel López Obrador.
“Queremos hacerle la petición al Presidente de que nos escuche, que nos reciba, no le cuesta nada, porque dijo que era una persona del pueblo y para el pueblo y que él iba a desaparecer el crimen organizado, que venía con todo, que le tuviéramos confianza; ahora yo le hago la pregunta: ¿por qué no nos recibe?”, cuestiona la señora María.
Texto: Zedryk Raziel / Agencia Reforma
Foto: Agencia Reforma