El universitario y discípulo del perredista asesinado fue el primero que llegó a la escena del crimen la mañana del 20 de agosto de 2009 y pudo observar las omisiones, la negligencia y las acciones que se hicieron a propósito, por parte de las autoridades, para que se alterara el lugar del hecho
Zacarías CervantesChilpancingo
Agosto 12, 2017
Casi ocho años después del asesinato del presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Armando Chavarría Barrera; el universitario Arturo Miranda Ramírez, quien fuera discípulo del perredista victimado, denunció que desde los primeros minutos del crimen hubo acciones deliberadas con la intención, no solamente de dejar impune el caso, sino para que nunca se sepa la verdad.
Miranda Ramírez, quien era vecino de Chavarría Barrera, fue el primero que llegó a la escena del crimen la mañana del 20 de agosto de 2009 y pudo observar las omisiones, la negligencia y las acciones que se hicieron a propósito, por parte de las autoridades, para que se alterara la escena del crimen.
En entrevista posterior a la conferencia de prensa en la que participó junto con la viuda de Chavarría, Marta Obeso, el 8 de agosto pasado, el universitario contó que vecinos suyos le revelaron que el día del crimen, en la casa del entonces director de la Policía Ministerial, Erit Montúfar Mendoza, también vecino del inmolado perredista, fueron acuartelados decenas de policías de esa corporación desde la noche del 19 de agosto, y que caminando pudieron haber llegado a la casa de Chavarría en 5 o 10 minutos, pero que inexplicablemente no acudieron y que los primeros policías de otras corporaciones comenzaron a llegar casi media hora después.
Recordó que ese día, aproximadamente a las 7:30 de la mañana, caminaba cerca de la casa de Chavarría Barrera, ubicada en la calle principal del fraccionamiento Lomas Diamante, al sur de la capital.
El universitario dijo que a esa hora se dirigía a su trabajo, cuando un conocido suyo lo alcanzó y le preguntó: “Oiga, ¿usted era amigo de Chavarría?”, y extrañado le espetó: “Es mi amigo, ¿por qué?”.
El hombre que lo había abordado le dio la noticia de sopetón: “Creo que lo mataron, acabo de pasar por su casa. Se escucharon muchos balazos”.
Mirada Ramírez recordó que no terminó de escuchar la explicación y partió presuroso a la casa de Chavarría Barrera, “cuando llegué todavía no había nadie, vi el carro (Volkswagen, color gris, placas HED7271) con el cadáver, expuesto totalmente a que se borraran las evidencias”.
Recordó que después de él, quien llegó fue el director de Radio UAG, Víctor Wences, “él comenzó a hacer lo suyo, a transmitir para la radio, y yo me dediqué a hacer una observación del ambiente”.
Admitió que la escena le causó mucho dolor, porque aunque no es ni ha sido del PRD (Chavarría era dirigente de la corriente Polo Guerrerense de Izquierda de ese partido), fue su alumno en la Universidad “y de manera personal yo lo estimada”. Además recordó que políticamente el victimado también fue miembro de su organización, la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, y que “hay muchos motivos para que independientemente de que no estábamos en el mismo proyecto político, yo estuviera indignado y dolido por el escandaloso crimen”.
Miranda explicó que lo que pudo concluir de sus observaciones fue que quienes mataron al diputado perredista “no fueron aprendices de pistoleros, sino profesionales”. Dijo que comprobó que los impactos fueron de sur a norte, de frente y en dirección al vehículo de Chavarría, que estaba estacionado afuera de su casa, agregó que el carro también tenía impactos por ambos lados, “y recargado en el asiento del copiloto estaba Chavarría, con el tiro de gracia en la frente”.
Añadió que media hora después de que llegó él, vio que comenzaron a concentrarse políticos de todos los partidos, principalmente del PRI, “yo no sé si para estar seguros que su amigo (de los priistas) Manuel Añorve (entonces aspirante a la gubernatura) ya no tendría competidor de peso”.
Dijo que entonces él prefirió “dar un paseo” alrededor de la casa de Chavarría Barrera y que encontró en la parte alta, al oriente de la construcción, un lugar en donde los homicidas habían estado posiblemente agazapados, bajo un matorral esperando a su presa. Aseguró que vio huellas de pisadas, mismas que mostró a policías federales que para entonces ya habían llegado al lugar, “pero ni me pelaron”.
Siguió: “Lo que yo observé fue una serie de situaciones, la primera es que muchos curiosos, por razones de morbo, llegaban y se amontonaban alrededor del coche de Chavarría. Incluso una aletita del carro la tiraron, porque tenía un rozón de bala y con el aglomeramiento por allá fue a dar”.
Dijo que también vio que después de que llegó la policía movieron el carro a empujones del lugar donde estaba, “que porque según allá iban a hacer el peritaje, cuando se supone que debieron hacerse hecho en el lugar donde fueron los hechos”.
Destacó que antes, cerca de las 12 del día, cuando llegaron los hijos de la víctima, decidieron sacar el cadáver del carro y meterlo a su casa, porque la portezuela del vehículo había quedado exactamente en la dirección de la puerta. Recordó que para eso le pidieron a José Higuera Fuentes, amigo de la familia, que les ayudara.
“Fue por eso que después el gobernador Zeferino agarró la estúpida hipótesis de que Higuera había sido uno de los responsables de ese crimen, cuando él sólo ayudó a los hijos de Chavarría, porque se lo pidieron, debido a la confianza que le tenían”.
Sin embargo, insistió que todo eso fue permitido adrede, porque la autoridad no llegó a tiempo para hacer el levantamiento cadavérico y los hijos por su dolor decidieron mover el cuerpo, “no porque quisieran borrar evidencias, pero se supone que la autoridad debió haber estado allí hasta agotar la investigación y después permitir los movimientos”.
El universitario añadió que también era vecino de Chavarría el entonces director de la Policía Ministerial, Montúfar Mendoza, quien vivía en la colonia 20 de Noviembre, “queda casi enfrente de la casa de Chavarría y no es posible que no se hayan escuchado los disparos, en línea recta no rebasan los 500 metros”.
Mencionó que, asimismo, vecinos del jefe policiaco le contaron que ese día “se llevaron el susto de su vida”, porque al despertar algunos de ellos, se encontraron con una gran cantidad de policías de la PIM afuera de la casa del director de la corporación y pensaron que algo le había pasado.
Pero explicó que aproximadamente media hora después del crimen del diputado, los agentes se comenzaron a retirar y que dejaron despejada el área donde se encontraban aglomerados.
Destacó que le llamó la atención que los agentes no acudieran al lugar del asesinato, al que pudieron haber llegado en 5 o máximo en 10 minutos caminando, pero que los primeros policías que comenzaron a llegar media hora después, afuera de la casa del perredista asesinado, fueron de otras corporaciones, “por ese detalle no se descarta que hayan tenido que ver (los ministeriales) en la ejecución material”.
Miranda Ramírez dijo que para esclarecer el crimen habría que ver quiénes estaban interesados en quitar de en medio a Chavarría, “pues nadie duda que había logrado un amplio consenso entre otros partidos”, porque, incluso, estaba en pláticas con la dirigencia del Verde Ecologista y con el Partido Nueva Alianza (Panal), en la perspectiva de que hubiera un candidato de unidad y un frente amplio.
“Por eso, yo sostengo que se trata de un crimen político, porque se le trató de quitar de en medio, para que no fuera competitivo frente a dos aspirantes, el de Zeferino Torreblanca, Armando Ríos Piter, y el aspirante Manuel Añorve, por parte del PRI”.
La deducción de Miranda Ramírez es que si Añorve apoyó a Zeferino Torreblanca en su campaña, no estaba lejos que Zeferino también se inclinara por Añorve y no por Ríos Piter, pero menos por Chavarría, “con quien tenían diferencias importantes desde que estuvo como secretario de Gobierno y después como diputado”.
Contó que estas diferencias se las reveló el mismo Chavarría días antes de su asesinato, en una reunión de líderes de la UAG que tuvieron en el Parador del Marques, para ponerse de acuerdo con respecto a quien apoyarían como candidato a la Rectoría.
“Chavarría asistió a esa reunión como representante de una de las fuerzas, además encabezaba la iniciativa de que se promoviera a Rogelio Ortega como candidato”, explicó.
Recordó que al terminar la reunión, cuando todo mundo se empezó a retirar, ambos se quedaron al último, “lo vi muy pensativo, como ido en su pensamiento, entonces me comentó que estaba muy preocupado porque ‘el pinche de Zeferino (dijo que le comentó textual) me quitó mi guardia de seguridad’”.
Miranda contó que el entonces diputado local perredista le informó que tenía tres guardias y que el entonces gobernador le dijo que si quería personal de seguridad que la pagara de su bolsa.
Dijo que Chavarría estaba molesto porque le contó que cuando todavía era secretario de Gobierno, habían acordado con el gobernador Zeferino que los funcionarios de primer nivel deberían tener protección mínimo tres años después de haber dejado el cargo, y que él apenas tenía el año de haber dejado el suyo cuando ya le había quitado el personal de seguridad, pero que, además, era el presidente del Congreso local.
Explicó que ese día le confió que su preocupación no era por él, “a mí me pueden matar cualquier día, además no tengo enemigos, pero el que me preocupa es mi hijo Owaldo, quien apenas empieza a crecer políticamente y me dolería que atentaran en su contra”, recordó que le dijo.
Para Miranda Ramírez hay elementos para pensar que Zeferino a toda costa no quería que fuera candidato Chavarría, porque había riesgo que ganara.
El universitario añadió que entonces Zeferino prefería que ganara un priista que un perredista y que Chavarría se estaba adelantando a Ríos Piter, que era la propuesta como aspirante del PRD de Torreblanca.
Eso sumado a que dijo que le contó Chavarría que también Zeferino estaba molesto con él, porque el Congreso no le aprobó un presupuesto de 400 millones de pesos “para algo que no me contó Armando”, dijo.
En este contexto, el universitario subrayó que ocho años después “las maniobras que se están haciendo para enturbiar el esclarecimiento de los hechos, no solamente van orientadas a dejar impune este caso, sino además, a lograr que nunca se sepa la verdad”.