Beatriz Canabal Cristiani, de la UAM-Xochimilco, propuso la reorganización de las actividades agrícolas y pecuarias
Karla Galarce Sosa
Junio 18, 2016
La investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) campus Xochimilco, Beatriz Canabal Cristiani, consideró que la siembra legal de amapola no es alternativa para combatir las condiciones de pobreza en regiones de la entidad como la Sierra.
Canabal Cristiani dictó la conferencia “Los actores sociales y la nueva ruralidad, ¿qué noción de desarrollo?”, a invitación de investigadores de la maestría en Gestión para el Desarrollo Sustentable de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) ayer en la mañana en el salón Espejos del hotel Emporio.
La investigadora declaró a reporteros al final de su exposición que la siembra de amapola es una alternativa para los campesinos que “no tienen otra cosa que hacer”.
Sin embargo apeló a la reorganización de movimientos sociales para replantear la organización de actividades agrícolas y pecuarias, pues señaló que las políticas gubernamentales históricamente han mostrado su incapacidad para resolver la problemática de las zonas rurales y el campo.
“Si pensamos en el desarrollo rural, en el desarrollo de las capacidades, no sólo en lo económico, sino de las capacidades, que la gente está educada, se capacite, en que las mujeres vivan en iguales condiciones, en que los jóvenes tengan empleo, en que los niños no trabajen a cambio de un salario, si hay una armonía con la naturaleza; pero una siembra (como la amapola) de este tipo, que la hace la gente porque no hay otro tipo de actividades a las que pueda dedicarse, proporcionará una fortaleza económica al individuo y a su familia y es todo, y lo presionarán y estará con un tipo de relaciones más difíciles”, destacó.
Afirmó que no hay autosuficiencia en la agricultura y la enfocada al aspecto comercial está en desuso, lo que provoca que los jóvenes tengan pocas oportunidades de ocuparse en el campo.
“Salen a trabajar a otros lados, vuelven a ver a su familia y ahora el problema es que quizá las nuevas generaciones, los que ya nacieron en la ciudad, en Estados Unidos, se van despegando más de esos lugares antiguos, de los lugares originarios. Se va a perder el arraigo a la tierra. (Pero) si hubiera propuestas y alternativas económicas, los jóvenes pueden regresar, pero si no existen, se van a ir y se van a quedar en las ciudades. La política no está teniendo las mejores acciones para que el campo se desarrolle”, expresó.
Mencionó que en Guerrero han existido muchas organizaciones que tendrán que emerger con nuevas propuestas para que haya políticas importantes en beneficio al campo y a sus familias.
En su exposición ante unas 30 personas, dijo que las condiciones en las que se desarrollan las actividades agrícolas han generado una crisis en la seguridad alimentaria, de ingresos y de bienestar social.
“En el campo mexicano se percibe un proceso de reterritorialización a partir del cual grandes sectores de la población se mueven hacia otros destinos, llegan a ocupar nuevos espacios, fundando nuevos asentamientos, lo que ha implicado cambios demográficos importantes. Situación que ha propiciado una especie de vaciamiento de los espacios rurales con crecimiento negativo en algunos municipios, donde la población se desplaza hacia ciudades de la misma región, no fuera de ellos”, explicó.
Un destino importante de migración, destacó, son las zonas turísticas, entre las que mencionó Acapulco y Cancún.
Mencionó también que en su investigación encontró un creciente envejecimiento de la población rural e hizo referencia a que en 2004 seis de cada diez ejidatarios mexicanos tenían más de 50 años, y más de la cuarta parte de la población rural, durante ese mismo año, estaba en una situación de pobreza extrema y más de la mitad en pobreza moderada.
La polarización y la baja rentabilidad en la agricultura campesina, continuó, han promovido la pulverización del campesinado y una gran variedad de actores sociales que han tenido que vincularse en distintas actividades.
Hizo referencia a los cambios de uso de suelo que no benefician a la producción de alimentos, sino que propician el desarrollo de otras actividades y una nueva valoración del espacio rural por el ecologismo, la recreación o el turismo rural.
“La producción campesina ha perdido la capacidad de asegurar el abasto de alimentos para el mercado interno nacional, incluso para satisfacer las necesidades de autoconsumo de la mayor parte de las familias campesinas. Los sistemas agrarios tradicionales se han destruido y la familia ya no puede acceder a una ocupación en la unidad productiva familiar, porque ha aumentado el número de sus integrantes, que tienen que buscar empleo fuera de la parcela agrícola”, dijo Beatriz Canabal.
Señaló además que la baja rentabilidad de la producción agropecuaria y la escasez de empleos locales imponen la movilidad de jóvenes hacia otras ciudades, otras regiones agrícolas, Estados Unidos, y surge la necesidad de que los niños trabajen en apoyo a la economía familiar, situación que impide romper el círculo de la pobreza.
Destacó que los actores sociales en el medio rural de ahora, integran sus demandas a partir de la defensa de la tierra y el territorio, la producción, el medio ambiente o por sus derechos culturales.
La incorporación femenina, indicó, ha dado otro rostro a las realidades rurales, sin embargo, añadió que todavía no hay un reconocimiento al esfuerzo de las mujeres, no obstante que han actuado para ser reconocidas por la familia, la comunidad y las representaciones campesinas indígenas.
Otros factores sociales novedosos, continuó, son los jóvenes, pero “si los jóvenes no asumen el trabajo los conocimientos que tienen sus padres, el medio agrícola no tendrá futuro”, advirtió, y añadió que existen dificultades por retener a la población rural.
Señaló que el “jornalerismo” se convierte para grandes sectores campesinos de autosubsistencia, en una forma de vida o la única posibilidad de tener un ingreso, volver a sus comunidades para participar en sus cargos o volver a sembrar.
Pero advirtió que tal modo de subsistencia se convierte en una forma de vida que exige estancias cada vez más prolongadas fuera de su comunidad, y en sitios cada vez más alejados, lo que produce fuertes impactos en la integración de la familia y la comunidad.
“Muchos jornaleros agrícolas han establecido colonias conformando nuevos espacios sociales y en Sinaloa esto es muy claro, incluso hay un sindicato de jornaleros indígenas, curiosamente. Han impulsado nuevas formas de vida donde los migrantes se asientan entre los centros de trabajo y las ciudades. Este es un tema relevante que hemos visto en Acapulco por cómo vienen los migrantes indígenas y se asientan en colonias y en espacios que quizás nunca son los más adecuados, pero que integran la diversidad de estas metrópolis, la diversidad cultural y que lleguen en malas condiciones y discriminación cultural, principalmente; pero que ahora son residentes y crean sus espacios de vida, sus propias organizaciones, sus fiestas, sus redes sociales, pero que siempre van a ser indígenas, aunque estén en la ciudad y como tales se están organizando y defendiendo”, destacó.