Dice que lo hace como ministro de culto para evitar crímenes o secuestros contra sacerdotes, religiosas, seminaristas y catequistas
Daniel Velázquez
Noviembre 17, 2017
El obispo Salvador Rangel Mendoza respondió que no tiene nada de malo hablar con los grupos de la delincuencia porque lo hace para proteger a los sacerdotes, religiosas, seminaristas y catequistas y que su función no es estar al servicio del estado sino de la iglesia y del pueblo. “Si quieren bien y si en algo los ofendí que me disculpen”.
En el reporte entregado al Congreso local este martes, como parte de la glosa del Segundo Informe de Gobierno de Héctor Astudillo Flores, el secretario general de Gobierno Florencio Salazar Adame informó que notificó a la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación la “intromisión” del obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa para promover acuerdos con grupos de la delincuencia para terminar con la violencia.
El obispo Salvador Rangel destacó en el panorama estatal cuando se ofreció como intermediario entre el gobierno y los grupos de la delincuencia para resolver el problema de la violencia en la entidad y ha insistido en las relaciones que hay entre grupos criminales y las autoridades.
En declaraciones por teléfono, Rangel Mendoza ratificó “ciertamente he platicado con esas personas tratando de buscar la paz, la concordia de que no aumenten los asesinatos, yo operando, ayudando a Guerrero. Yo como obispo, como pastor, creo que tengo toda la libertad de hablar con las personas que sean dentro de mi línea como ministro de culto, como sacerdote”.
Añadió que estas conversaciones son parte de sus libertades y no representa un ataque a las autoridades, “simplemente estoy tratando de ver a estas personas, como lo he dicho otras veces, ellos también tienen sus razones y son personas”.
Rangel Mendoza sostuvo que estas conversaciones son para evitar crímenes como secuestros, asesinatos.
Retó al secretario general de gobierno a que diga cuál es la gravedad de hablar con los delincuentes, “¿dónde está el error de que yo hable con ellos para que no asesinen?”, y pidió a Salazar Adame que le pregunte a las personas si está haciendo bien o mal.
Abundó que la criminalidad está al alza todos los días en la entidad y “hablo con estas personas (los delincuentes) cuando es necesario y principalmente para que no se metan con los sacerdotes, las religiosas, los seminaristas, los catequistas. Trato de defender la gente y en general que, pues que procuren no asesinar, no secuestrar. Esa es mi tarea”.
Insistió en que “algunos políticos tienen relación con el crimen organizado pero nunca he señalado personas, esto es bien sabido por la gente de Guerrero”.
Luego cuestionó si con sus declaraciones “¿estoy haciendo bien o estoy haciendo mal? ¿A quién estoy perjudicando?”
Indicó que no ha recibido ninguna comunicación de la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación o de parte de los jerarcas de la iglesia católica: “yo creo que es justo lo que he declarado, y como dicen por ahí, a quien venga el saco que se lo ponga y punto”.
Al preguntarle si podría la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación hacerle algún llamado para que limite sus declaraciones, dijo que no lo sabe.
Reprochó que Salazar Adame haya retirado del cargo a Jorge Alberto González Rivero de subsecretario de Gobierno para Asuntos Religiosos.
Por último dijo que no continuaría en una polémica estéril: “estoy para sumar, para cooperar, para ayudar, si quieren bien y si en algo los ofendí que me disculpen y punto”.