Sí. Parece que aquel de camisa naranja es Luis Walton. El adormilado pasajero de El Jefe de Jefes trata de confirmarlo. Se talla los ojos con las manos, un poco llenas del óxido del tubo del asiento del camión urbano. Asoma su cabeza por la ventana, en lo que el semáforo de la gasolinera del … Continúa leyendo Una crónica desde la cancha del Malecón
Ricardo Cartillo Díaz
Mayo 17, 2006
Sí. Parece que aquel de camisa naranja es Luis Walton. El adormilado pasajero de El Jefe de Jefes trata de confirmarlo. Se talla los ojos con las manos, un poco llenas del óxido del tubo del asiento del camión urbano.
Asoma su cabeza por la ventana, en lo que el semáforo de la gasolinera del Malecón pasa del rojo al verde. “No seas güey, sí es Walton”, le dice uno que parece ser su acompañante, otro pasajero que se asoma por la ventanilla de atrás.
El candidato a senador de la coalición Por el Bien de Todos habla ante unos 100 simpatizantes que logra jalar a la cancha de la CROM. “Cuando menos Luis Walton no los ha engañado”, observa el mismo Luis Walton.
El camión ya se aleja y con él, un potente sonido. Punchis punchis, bum, bum, punchis punchis, bum, bum. Lleva atrás la propaganda de Guido Rentería, el candidato a diputado federal en el distrito 04 por el PAN.
En la banca de cemento destinada para los equipos que vienen aquí a jugar basquetbol, siete amiguitos discuten temas importantes. Un pequeño como de siete años les cuenta a los demás que ayer lo castigó su mamá. “A mí ya no me regañan porque yo ya estoy grande”, le presume una niña de ligas en los dientes.
Balón en mano, esperan que el presidente estatal de Convergencia les devuelva su cancha, donde ahorita encabeza un acto considerado como su arranque de campaña.
Los chavitos pertenecen a la escuelita de básquet de Cecilia Peña, una mujer que gratuitamente los prepara para este deporte. Sólo admite a niños de los barrios de La Playa, La Guinea y La Candelaria. De puro barrio cercano, dice la entrenadora, “a nadie más”.
A la vuelta de los aplausos, Walton reparte besos entre sus seguidoras. Y el “aquí seguimos, echándole ganas”, se interpreta como un aliento, una justificación. No haber ganado la alcaldía no quita las esperanzas.
Al fondo cuelga una amplísima manta con las fotos, separadas, de Walton y del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Quién iba a pensarlo. Hace apenas unos meses, aquí en esta misma cancha, Walton hacía pedazos en sus discursos al PRD, del que ahora Convergencia es aliado.
El traslado al siguiente mitin en la cancha de la calle Durango, en la colonia Progreso, tarda más que el tiempo que el que se lleva el presidente estatal de Convergencia en los dos actos relámpago.
Hacia allá va acelerando un Jetta plateado la ex agente del Ministerio Público, Josefina Verduzco, una nueva fan de López Obrador, a quien siguió en su reciente gira por toda la Costa Chica.
Por su cuenta, se traslada el ex operador de Manuel Añorve, Armando de Anda, que ahora busca colarse como operador del líder de Convergencia, que con su sexto lugar en la lista de candidatos pluris en la alianza con el PRD y el PT lleva asegurado su escaño en el Senado.
Y en el discurso, un hombre irreconocible que dirige sus baterías hacia la mala gestión del presidente Vicente Fox. Que aprieta los dientes, que se muerde la lengua. Por hoy, ni de chiste. Nada de aventarse contra el PRD.
Sí. Parece que el de camisa naranja es Luis Walton. El adormilado pasajero de El Jefe de Jefes tenía razón.